El altruismo en tiempos de virus (cuando el medio es el fin)

Cristianismo, kantianismo y kirchnerismo en tiempos de cuarentena



En su curso de Historia de la Filosofía, quien para mí es el más grandioso filósofo vivo en la actualidad (ya en edad avanzada), Dr. Leonard Peikoff, expone las similitudes generales entre la ética cristiana y la ética kantiana:
 La ética es cuestión de cumplir con el deber
 Es cuestión de mandamientos
 Es cuestión de lucha permanente contra los deseos personales
 Lo moralmente adecuado es la renuncia a los deseos personales

Peikoff

De hecho, “[Immanuel] Kant es el principal transmisor de la doctrina cristiana del auto- sacrificio en el mundo moderno, pero en una forma mucho más extrema”, ya que por lo menos “algunos cristianos pensaban que uno podía sentir amor por otros y regocijarse y obtener placer en el proceso de ayudarlos”, mientras que para Kant solo quedaba “el cumplimiento del deber por ser un deber” y la “completa auto-abnegación*.
En efecto, ambas corrientes, cristianismo y kantianismo, son defensoras del altruismo: el sacrificio personal, la renuncia al interés propio, el rechazo al egoísmo. Difieren en el modo de encararlo.

Para el grupo de cristianos señalado por el Dr. Peikoff, la resignación de las
aspiraciones personales en beneficio del resto está movilizada y moralmente aprobada por amor a Dios y al prójimo obteniendo una posterior recompensa que es la bienaventuranza en el mundo de los cielos. Para Kant, en cambio, el hombre moral es aquel que cumple con el deber por el deber mismo, sin buscar satisfacer deseos, sentimientos o inclinaciones; la acción moral se ejecuta de acuerdo al deber y con motivo del deber, no para conseguir una consecuencia personal satisfactoria.

El cristiano obtiene su guía moral en la palabra revelada por Dios que consta en la biblia. El kantiano encuentra la fuente de su regla moral en la estructura de la mente humana, que indica a priori las máximas que deben seguirse para la actuación moral.


Ahora contemplemos la actual situación de cuarentena impuesta por el kirchnerismo en relación a la pandemia por Covid-19. ¿Pueden adaptarse y relacionarse estos razonamientos? ¿Hay algo de ellos en las consideraciones efectuadas y acciones emprendidas por el gobierno nacional?
Si estudiamos las medidas de Alberto Fernández como situadas a lo largo de una línea temporal, veremos que, al menos a nivel explícito –más allá de eventuales intenciones ocultas o planes secretos- hay solución de continuidad en las políticas de cuarentena.

El decretado aislamiento social, preventivo y obligatorio mandó a (casi) todos a quedarse en la casa y realizar las salidas mínimas para abastecerse y atender lo necesario, urgente e impostergable. Las extensiones siguieron la misma tónica, paulatinamente flexibilizándose para determinados sectores laborales y rubros comerciales, pero manteniendo la premisa cuarentenal.

Hoy ya se percibe mucho mayor movimiento en las calles, si bien los locales
funcionan bajo protocolos sanitarios y en zonas como la Provincia de Buenos Aires no hay un funcionamiento normalizado. Pero el gobierno mantiene la situación de cuarentena, donde ejerce potestades extraordinarias, los poderes legislativo y ejecutivo funcionan a media máquina y no cumplen un rol de contrapeso al ejecutivo, y la implementación de los derechos individuales depende de los dictados del poder.

Donde puede verse un salto filosófico (no sería apropiado hablar de quiebre ya que hay suficientes similitudes para entender la continuidad jurídica) es en la visión gubernamental trasladada a su retórica en los comunicados oficiales y las posibilidades legales que se siguen barajando extendiendo la cuarentena, retornando a la más dura fase 1, y demás.

Para el gobierno kirchnerista la cuarentena dejó de ser un medio sanitario para convertirse en un fin político. El enfoque de situación excepcional de emergencia prácticamente ha dado paso a un enfoque de normalización de la cuarentena y excepcionalidad de las garantías y derechos constitucionales.


Como medio sanitario, la moralidad gubernamental resultaba compatible con la moral cristiana: debía cumplirse con el deber (respetar la cuarentena aislándose en la casa), el mandato venía de la autoridad competente (poder ejecutivo), su cumplimiento implicaba una lucha interna (contra el deseo de salir), lo moralmente adecuado era renunciar al deseo personal (cumplir las órdenes contra el deseo de llevar una vida normal), podía considerarse la actitud como altruista (sacrificio propio para cuidar al resto, a los más vulnerables, a los grupos de riesgo), y la fuente de la orden se encontraba en un texto fundamental (la
Constitución en el caso jurídico).

Pero los discursos y comportamientos del gobierno, más lo que se generó entre acólitos y simpatizantes del endurecimiento de las medidas denostado a los rebeldes “anticuarentena”, abrieron la fase del fin político, donde resulta de mayor compatibilidad la moral kantiana: cumplimiento del deber por el deber mismo (el encierro y las restricciones en casos donde no hay justificativo legal alguno ni fundamento práctico, como suspender el desarrollo de toda una ciudad de cientos de miles de personas por dos casos de contagio, o inhabilitar el ejercicio de industrias lícitas pudiendo trabajar en modo seguro), mandato de autoridad
(gobierno de poderes concentrados sin contralor), cumplimiento en situación de lucha interna (asfixiar las inclinaciones a recuperar la libertad con la imposición del deber de encierro), aprobación moral en la renuncia al anhelo propio en cumplimiento del deber (supresión de inclinaciones contrarias a la cuarentena), imposición del altruismo (sacrificio del interés propio, rechazo al impulso egoísta, independientemente de las consecuencias) y fuente de la orden en el deber mismo señalado por la mente (no un texto fundamental religioso como la biblia o jurídico como la constitución, sino la derivación del imperativo categórico en la estructura mental).
El gobierno ya no puede invocar de modo creíble la protección de la gente para la adopción de medidas extraordinarias que poco tienen que ver con lo sanitario y mucho con su agenda política partidaria (como la expropiación de Vicentín). No puede valerse con credibilidad de las advertencias sobre las consecuencias peligrosas de no respetar la cuarentena (crecimiento en la tasa de contagios, colapso del sistema de salud) luego de mentir con diapositivas, robar con sobreprecios y demostrar incompetencia en el trazado de un plan de
acción coherente.

Tiene que apelar al deber por el deber mismo: ciudadanos, cumplan la
cuarentena porque es una obligación. Es lo que debe hacerse, y punto. Amenazas,
sanciones, escraches, delaciones, todo ello acompaña el intento por anestesiar a quienes desean la recuperación de la libertad como derecho y la normalidad como estilo de vida.
La cuarentena es un deber a cumplirse por ser un deber, independientemente de las consecuencias que produce: empobrecimiento de personas, cierre de locales comerciales, empresas fundidas, desatención a pacientes de otras enfermedades. La cuarentena es un fin político, un mandamiento del poder, que ya no puede ser invocada legítimamente como medio sanitario de cuidado de la ciudadanía. Es un instrumento de dominación que no sigue a otra cosa que al poder que impone deberes y obediencia.
Ni una ni otra moral del sacrificio y del deber rescatará al país del encierro autoritario, las muestras decadentes de pisoteada institucionalidad, y el espíritu de sumisión a la obediencia en que no pocos han caído, en parte legítimamente preocupados por el coronavirus, en parte arrastrados por el pánico artificialmente difundido por el gobierno con la complicidad de los medios masivos de comunicación.

La reivindicación de la moralidad del egoísmo racional, del interés propio, que es baluarte en la defensa de los propios derechos, es la mejor oportunidad para contrarrestar el aluvión autoritario.

  • * Peikoff, Leonard; History of Philosophy, Lesson 46, Immanuel Kant and the Ethics of Duty, ARI Campus. https://courses.aynrand.org/campus-courses/history-of-philosophy/immanuel-kant-and-the-ethics-of-duty/

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