“¿Economista? Yo pensé que dijiste comunista”

Fidel Castro, en una reunión con las cabezas de la revolución cubana, buscaba entre los presentes a un economista para posicionarlo como presidente del Banco Nacional de Cuba. Entonces, Ernesto Guevara -que se encontraba medio dormido- grito: «Yo». Luego el mismo Castro contaría la, quizás exagerada, confesión del Che: «Creí que habías dicho comunista, no economista».

Independiente de la veracidad de la anécdota, lo cierto es que la gestión de Ernesto Guevara en el Banco Nacional fue más que desastrosa (expropiaciones, escasez e inflación incluidas). En el fondo, Guevara nunca dejó de ser un fusilador -quizás por eso siempre llegaba a las oficinas vestido de guerrillero- y ocupar un cargo de oficinista le resultaba tormentoso.

Paradójicamente, Guevara -que carecía de los más mínimos conocimientos de asuntos financieros- es idolatrado en las facultades de economía alrededor de Latinoamérica. De hecho, el actual presidente boliviano Luis Alberto Arce Catacora se declara admirador del Che y la revolución cubana.

Pero un presidente admirador del Che no es el único problema en Bolivia, sino toda la estructura de burócratas que les encanta mandar y mentir desde su nube de poder. Verbigracia, Marcelo Montenegro (ministro de economía), en una entrevista con el periodista Tuffi Are, manifestó lo siguiente: «Las perspectivas de crecimiento son muy buenas, varios organismos lo están también de esa manera “acicalando”.»

Aunque pueda resultar cómico que el ministro de economía cometa un error con la lengua. Lo cierto es que debería preocuparnos su obsesión por reimpulsar su agotado modelo y continuar mintiendo sobre el «milagro» económico boliviano -que es una de las entelequias que la oposición no pudo, o no quiso, desmentir-

Primero, eso del milagro no es nada más que la suma de tres macroburbujas. Fenómeno que magistralmente describe el economista Mauricio Ríos García:

La burbuja estatal, alimentada fundamentalmente por la cotización extraordinaria de commodities y la carrera del gasto público, que a su vez han permitido incrementar el número de atribuciones y competencias del Estado sobre la economía, en todos sus niveles administrativos; la burbuja financiera, alimentada primero por el gasto público a través del sistema bancario y financiero, y luego por la nacionalización monetaria y el crédito artificialmente barato; y la burbuja productiva, caracterizada por un público inducido a sobre-endeudarse para acometer errores generalizados de inversión que jamás hubieran sido posibles en condiciones de libre competencia.

Por otro lado, indicadores elaborados por diferentes instituciones internacionales independientes desmontan por completo el relato oficial respecto a la economía boliviana. Por ejemplo, el Índice de libertad humana, elaborado anualmente por el economista Ian Vásquez del instituto CATO, muestra que desde el año 2018 Bolivia ocupa el puesto 92 entre 162 países analizados. Posición que para el 2020 nos colocaba entre los peores países del continente, sólo por encima de Haití, Nicaragua y Venezuela.

Luego, y tomando los datos que presentó el mismo Montenegro, vemos que instituciones como el FMI, la CEPAL y Banco Mundial proyectan que Bolivia será la decima economía de la región (después de años de haber presumido de ocupar los primeros puestos).

En cuanto al escabroso tema de la pandemia, las noticias tampoco son alentadoras. Puesto que las segundas dosis de la vacuna Sputnik-V no están garantizadas. Incluso el ministerio de salud mencionó la posibilidad de ampliar de 90 a 180 días el margen de espera para todas aquellas personas que ya recibieron la primera dosis.

Respecto al retraso, Luis Larrea, presidente del Colegio Médico de Bolivia, manifestó lo siguiente: «Es una chacota por parte del Ministerio de Salud, el país no puede ser conejillo de indias».

Lo cierto es que ni Luis Arce Catacora ni Marcelo Montenegro les interesa la economía, menos la salud, su única misión es obedecer a Evo Morales (que se encuentra en una agresiva campaña para retornar al poder). Y al parecer pronto nos contara uno de sus malos chistes, algo tipo: ¿Economista? Yo pensé que dijiste comunista.

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