Crisis es oportunidad: el embarazo no planeado de Madame Pommery

El embarazo no planeado de Madame Pommery

Hacia 1856, un matrimonio de apellido Pommery vivía en Reims, Francia, una vida apacible. Tenían un hijo de 17 años y Monsieur Pommery se había retirado de su actividad comercial en lanas. Cuando de pronto, “los cálculos fallan” y Madame Pommery queda embarazada nuevamente.

Para asegurar el futuro del bebé por venir -que será una niña- y considerando que el rubro vitivinícola experimentaba un momento de expansión, Monsieur Pommery resuelve invertir entonces en una “maison de champagne”.

Pero apenas dos años más tarde, Monsieur Pommery muere, con lo que su viuda, madre de una segunda hija que no ha cumplido siquiera un año, asume la conducción del negocio.

A lo largo de las siguientes tres décadas será ella quien hará crecer la modesta compañía inicial hasta convertirla en una de las más poderosas Casas de Champagne del mundo entero.

Madame Pommery toma ya desde el inicio varias decisiones de negocio cruciales que definirán el futuro de la firma. Discontinúa la línea de vinos tintos para producir exclusivamente blanco espumoso (champagne) y, habiendo advertido que el paladar inglés tenía una marcada preferencia por los sabores secos y bien definidos, resuelve producir un champagne de esas características.

Para sus colegas, una mezcla de locura y herejía.

Pero eso no la detiene. Y ya hacia 1870 la Maison Pommery iba pasando de los Dry (secos), a los Very dry (muy secos) y finalmente a los “Brut” que constituirán la clave de su éxito. Cuando el legendario Pommery 1874, con un dosaje de azúcar de apenas entre 6 y 9 gramos por litro, arrasó con los mercados de la Londres victoriana, los críticos hubieron de llamarse a silencio.

El champagne de Madame Pommery se transformó en un suceso descomunal y el “millésimé 1874”, llegó a ser objeto de una oda laudatoria publicada en la revista inglesa Vanity Fair en su edición del 27 de diciembre de 1894.

El éxito empresarial le permite además a Madame Pommery realizar impresionantes obras de ingeniería en las cavas subterráneas de la firma en Reims, que equipa con rieles de transporte de última generación, que brindan a su personal condiciones más livianas y seguras de labor. La preocupación de Madame Pommery por sus empleados incluye también, sin que ninguna legislación se lo imponga ni ninguna autoridad estatal lo reglamente, la creación de una “caisse de retraite” (caja de retiro o sistema de jubilación) o de  “écoles maternelles” (guarderías infantiles).

Su atención también se dirigirá al campo artístico, y sin que nadie la tormente por entonces con consignas de “responsabilidad social empresaria” será ella también quien compre en remate el célebre cuadro de Millet “Des Glaneuses” (Las Espigadoras), que luego donará y hoy se exhibe en el Musée d’Orsay.

No contó por cierto Madame Pommery, eso desde ya, con los 90 tipos de cálculos de la demanda que propone Kotler, no existían el grassroot marketing, el software de mapas, el sistema PRIZM de Nielsen Claritas, o el marco VALS de Strategic Business INsights.

Pero aun careciendo de todas estas herramientas ella supo sentar con su inteligencia, habilidad, talento y persistencia, las bases de un “brand equity” poderoso, basado en su motto “qualité d’ abord” (calidad antes que nada), y ello la coloca a nuestro juicio en la lista de los grandes empresarios de la historia. 

Todo ello, obra y virtud del lugar al que la vida la llevó … a causa de un embarazo no planeado.

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