El vicerrector de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA) y economista Sergio Daga dialogó con Visión Liberal en el marco de la cumbre “Vientos de Cambio”, organizada por Libertad y Progreso, Reason Foundation y Archbridge Institute en Buenos Aires. En la conversación repasó el balance de los primeros meses de la nueva administración boliviana, los avances concretos en materia económica y las reformas que, en su opinión, no pueden esperar.

El Hotel Sheraton de Retiro fue, durante los días 1 y 2 de septiembre, el epicentro de una de las cumbres más relevantes del pensamiento liberal en la región. “Vientos de Cambio: Avanza la Libertad en Argentina y las Américas” reunió a funcionarios del gobierno nacional, economistas, empresarios y referentes políticos de todo el continente. En ese marco, Sergio Daga, vicerrector de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA) y doctor en Economía, ofreció un diagnóstico preciso y sin concesiones sobre el proceso de transformación que atraviesa Bolivia.
Bolivia cerró casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS) en octubre de 2025, cuando Rodrigo Paz se impuso en el balotaje con el 54,53% de los votos. La herencia recibida era pesada: reservas en mínimos históricos, déficit fiscal estructural, subsidios insostenibles y un tipo de cambio múltiple al borde del colapso. Ante ese escenario, Daga reconoce avances iniciales, pero no oculta su impaciencia.
“Los primeros dos meses fueron de medidas muy interesantes. Pero el país necesita mucha más aceleración.”
La tecnología suele destruir empleos concretos, pero eleva la productividad y crea oportunidades. El verdadero riesgo puede estar en el tiempo que necesita la IA para desplegar sus beneficios y en políticas monetarias y fiscales que frenen la inversión.https://t.co/jIm9gsXWSh pic.twitter.com/qWPB0tQsI4
— Visión Liberal (@vision_liberal) September 2, 2026
La entrevista, realizada al margen de los paneles del evento, fue directa al punto. “La calificaría como una situación de incertidumbre”, abrió Daga cuando se le preguntó por el estado actual del país. “Luego de veinte nefastos años del socialismo del siglo XXI liderado por Evo Morales, en diciembre de 2025 tuvimos un nuevo presidente con expectativas muy grandes.”
En los primeros meses, el gobierno de Paz tomó medidas que Daga valora positivamente. La liberalización del tipo de cambio fue la más significativa: “Ayudó muchísimo a que las expectativas cambiarias disminuyan”, señaló. A eso se sumó la eliminación del subsidio a los combustibles, una decisión que, en su lectura, contribuyó a frenar el drenaje de divisas que venía desangrando el presupuesto público.
Sin embargo, para Daga el ritmo no alcanza. “Creo que lo que le falta al país es acelerar las políticas y las reformas fundamentales”, afirmó. El economista señala que el gobierno ha perdido una alianza importante en el Congreso, lo que ha generado dificultades concretas para avanzar en la agenda de cambios. A eso se suma, según su diagnóstico, un problema en la conducción económica: “La dirigencia desde el ADN económico del país ha cambiado recientemente”, advirtió, en referencia a modificaciones recientes en el equipo económico.

Consultado sobre qué medidas considera prioritarias, Daga fue concreto. En primer lugar, el cierre de las empresas públicas ineficientes: “Cuanto antes y de la manera más rápida posible”, planteó, sin eufemismos. En segundo lugar, la descentralización del poder fiscal hacia las regiones y departamentos: “Que dentro de la subsidiariedad del Estado los departamentos y los municipios puedan tomar decisiones fundamentales”, explicó.
El tercer eje es la reducción del gasto público. “El gasto fiscal es extremadamente grande, oneroso, y eso está generando los grandes problemas de desequilibrio que estamos viviendo en Bolivia hoy”, sintetizó. Su lectura coincide con los datos disponibles: pese a las mejoras iniciales, el país todavía enfrenta desafíos fiscales estructurales que no se resuelven con medidas graduales.
La conversación con Daga reflejó el tono general de la cumbre: reconocimiento de que algo está cambiando en la región, pero también conciencia de que los cambios reales requieren más velocidad y convicción política de la que suele estar disponible. Bolivia, en su diagnóstico, tiene la oportunidad. Lo que resta es no desperdiciarla.



