A Lara no sólo la mató el COVID-19 sino todo un sistema que demostró su fracaso

¿POR QUÉ MURIÓ LARA?

Análisis sobre el fallo de las administraciones publicas

Tenía 22 años, esperó en una cama de terapia intensiva acostada en el piso de un hospital y murió por coronavirus: el dramático relato de sus padres

La historia de Lara conmueve al país, empezó a tener síntomas el jueves 13 de mayo y falleció el viernes 21 en el viejo Hospital Iturraspe. Estudiaba veterinaria y era paciente de riesgo. Este es el crudo reflejo del fracaso del sistema de salud.

Hace unos días vi esto y me quedé pensando: en Argentina, el ciudadano promedio siempre está acostumbrándose a los males que genera el Estado.

Considero que no debemos aceptar el dictamen del estado por el mero hecho de ser una orden de él y anhelo en cada momento las mayores cuotas de libertad posible. Por eso no quiero acostumbrarme a la inflación, a la corrupción de nuestros políticos, a la inseguridad, al miedo que te venden los medios, y como no me acostumbro a nada de eso, no pienso acostumbrarme a leer este tipo de noticias que son devastadoras para familias. Una madre o un padre jamás debería enterrar a un hijo.

El peor miedo no es a la muerte. Es a una jaula. Quedarse tras los barrotes hasta que por uso y edad los acepté, leí una vez y ni por uso ni por edad debemos acostumbrarnos a leer estas noticias.   

Me surgieron varias dudas. Una es sobre la concesión de servicios a través de sistemas públicos, debe hacerse sobre la base de argumentos técnicos, no ideológicos, porque nadie es un ángel y por eso quiero saber por qué fallan.         

La izquierda sostiene que la gente que tiene más dinero se enferma menos. Diez años de diferencia en la esperanza de vida entre ricos y pobres, se suele argumentar, y la gente pobre se enferma más. Por lo tanto, el estado debe jugar ahí un rol distributivo.

Un supuesto amante de la libertad sacaría su índice de sabiduría, racional y científica y diría: “Si miramos el total de recaudación tributaria, del 100%, el 70% o más, lo paga el 20% que más gana. Entonces, el financiamiento del sistema de salud, en buena medida se financia a través de una transferencia enorme al gasto público que lo pagan los más ricos. El punto es, ¿Cómo hacer que la administración sea racional y eficiente? Hay que tomar la plata recaudada y empezar a gastar bien el dinero”. Este argumento lo escucharán, con variaciones, en gente que se hace llamar liberal.

En el fondo el Estado está ahí, jugando “su rol” ¿Por qué es que provee tan mal servicio la administración pública? ¿Por qué Lara recibió un pésimo servicio del estado? En rigor las posturas ideológicas de “nosotros si podemos hacerlo mejor”, no sirven y encima ambas usan la misma herramienta para ofrecer el servicio.

La administración pública ¿a qué se dedica? ¿cuál es su función? Podemos encontrar definiciones diversas en los austriacos, todos abordaron este tema, a grandes rasgos es la gestión de aquellos ámbitos socializados de la vida social. La administración pública se apropia, o mejor dicho las personas que están organizadas y detentan el uso de la fuerza, decidieron que determinados ámbitos de la vida social sean gestionados por ellos. Hay ámbitos que se le ceden al mercado y otros ámbitos que deciden administrarlos directamente. Entonces aquellos ámbitos de la vida que total o parcialmente administra el estado es lo que llamamos administración pública.

Otra pregunta que tengo es ¿Cuál sería el problema que se deriva de esta gestión?

Primero, falta de costes y beneficios. Hay un ejemplo muy ilustrativo al respecto, cuando se juega al póker con dinero real o ficticio. Cuando se juega con dinero se asume los beneficios y las perdidas directamente, cuando juego con maníes no se asume ningún riesgo. He aquí la diferencia entre gestión pública y privada, la prudencia cambia. No hay forma humana de orientar la producción, lo que debe ser producido, cómo debe ser producido, no se sabe, al carecer de esa forma de juego, no tenemos ningún tipo de criterio racional, ni la información para saber, por ejemplo, dónde invertir o cómo.

No sabemos cuál es el sector que la sociedad realmente demanda y si los criterios de administración de esos bienes son puramente políticos o electorales. Y eso es lo principal, no sabemos, ni siquiera sabemos si una empresa pública da beneficios o da perdidas porque los cálculos de costes y beneficios de las empresas y organizaciones públicas son meramente contables, no son empresariales.

Cualquier empresa debidamente bien financiada puede dar superávit y a la inversa, si tiene poca inversión da déficit seguro, porque no se financia con aportaciones voluntarias sino con aportaciones que salen de impuestos, todo pasa por los presupuestos que se le asigne en cada momento, no hay ningún tipo de cálculo empresarial. Tampoco se sabe si el presupuesto que se le destina a una empresa del Estado es el correcto y ¡nunca lo vamos a saber!      

Segundo, inexistencia del cálculo económico. Mises y otros profundizaron mucho en el teorema de la imposibilidad del cálculo económico del socialismo, que consiste en que no hay precios. Huerta de Soto lo explica muy bien también, las críticas al socialismo siempre vienen de la falta de incentivos, si todo el mundo gana lo mismo para que vamos a trabajar, si total ganamos lo mismo, ese es el argumento clásico.

Hayek, en Camino de servidumbre, dice que el estado socialista tiene que ser necesariamente tiránico, ya que si el estado controla todos los medios de producción y un particular quiere poner su negocio, ¿Dónde lo hace?  Si quieren educar a sus hijos en otros valores ¿Dónde los educan? En la medida en que el estado monopoliza algún tipo de área social, simplemente restringe las libertades en ese ámbito social, aunque deje libre el resto de los ámbitos, si controla el uso del dinero, elimina la libertad en el uso del dinero, incluso cuando se quiere establecer distintos tipos de interés es imposible, porque ahora todo lo fija el banco central y en este aspecto ya vemos una disfunción de la administración que elimina libertades, por dos vías, una porque nos obliga a financiarlo y es financiándolo a su vez se restringe nuestra libertad, porque quitarle recursos a las personas es quitarles libertad, y en parte estamos no solo trabajando para el estado, sino también pagando todas sus locuras “sociales”. Por un lado, lo hace vía tributos y por otro vía monopolio de la prestación de servicios.

Tercero, Weber tiene un librito llamado, “Economía y Sociedad” en donde ya apunta el problema del cálculo. Pero sobre todo Mises, en un artículo que se llama el Socialismo, nos plantea el problema de la imposibilidad económica del socialismo.

 Rothbard, su discípulo, lleva el argumento un poco más allá, considerándolo desde la perspectiva de la empresa pequeña y grande, dice que la gran empresa no crece más allá de un punto, ya que no puede calcular tampoco, por eso en el capitalismo las empresas pequeñas se comen a las grandes. La empresa pequeña planifica mejor, calcula mejor frente a la grande, es un proceso de creación dinámica. Incluso esto del cálculo se puede extender aún más, a los imperios o a las políticas públicas.

Las administraciones públicas son socialismos parciales. Son ámbitos de la economía socializados, que no tienen una propiedad privada y por lo tanto están sujetas a todas las restricciones que tienen las teorías del cálculo económico en el socialismo. Tienen problemas que el mercado los resuelve fácilmente, el estado no es capaz, porque asigna una cantidad, una calidad y un servicio con muy poca información, pero veámoslo así, ¿Quién determina la cantidad de dinero que tiene que haber en la economía o quién determina el precio que tiene que tener dicho dinero o quién determina la calidad de dicho dinero? Muchos están pensando en las personas, pero y si les dijera que es el propio estado ¿Podemos pagar con oro y plata o con corona sueca? Acá pagamos todo en pesos ¿y por qué es eso? Porque es de curso forzoso.

Al final el problema detrás de todo esto es lo que no se ve. La gente que necesita salud no la recibe, pero el Estado sí que puede decidir quién es esencial o estratégico. La única muestra de sensibilidad que tuvimos hasta ahora fue el fiasco de ministro de salud que tuvo que renunciar, ni siquiera fue echado a patadas en el culo.

Ojalá que la memoria de Lara no se extinga, que no quede en las lágrimas de una madre y una puteada de media hora.

En general, el fracaso que tiene el estado en materia de provisión de servicios públicos no es por un tema de dinero, sino por un tema de calcular la gestión de recursos.

El Estado de Alberto Fernández, la comunidad humana que integra esa estructura hipotética, esa clase política que vive a nuestra costa, decidieron, guiados por criterios cuantitativos, matar a una chica de 22 años. Solo resta dar el pésame a la familia y no olvidar…  

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