#Mequedoencasa o #Nomequedonada, esa es la cuestión

Estamos inmersos en un complicado dilema utilitarista. Las medidas restrictivas son muy perjudiciales para la economía de la gente y el no adoptar medidas restrictivas parece también muy arriesgado frente a un virus cuya tasa de mortalidad aún es incierta. Sabemos que el virus va a seguir luego de las medidas restrictivas y aún descubriendo vacuna se tardará más de un año en estar lista para distribución masiva. O sea, asumamos que infectados y muertes seguirá habiendo. La pregunta entonces es ¿el evitar cuántas muertes potenciales justifican qué magnitud y duración de medidas? O al revés ¿qué nivel de crisis, desempleo y pobreza estamos dispuestos a generar para salvar cuántas vidas?

¿Serán suficientes o insuficientes las medidas restrictivas? ¿Positivas o negativas en el largo plazo?

La respuesta es difícil y subjetiva, claro. No luciría muy razonable pretender parar un país 15 días para salvar sólo 10 vidas, como tampoco pretender impedir que se pare un país 15 días pudiendo así salvar 10 millones de personas. En el medio hay todo tipo de opiniones. Es razonable el tipo que dice “paren todo” porque teme por su abuela, como es razonable el tipo que le contesta “poné en cuarentena vos a tu abuela, que el paren todo a mí me deja sin trabajo”. Es razonable el tipo que dice #Yomequedoencasa porque trabaja en una empresa que le paga igual, como el que dice #Yonomequedoencasa porque si no sale a vender no come.
En este berenjenal, la gente está muy asustada y presa de un sesgo de disponibilidad, por lo que empuja a gobernantes a su vez sesgados por sesgo de acción.
¿Serán suficientes o insuficientes las medidas restrictivas? ¿Positivas o negativas en el largo plazo? ¿Solucionarán, ralentizarán o profundizarán la catástrofe?
Parece que aún nadie puede decirlo con razonable certeza.

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