Una Semana Santa donde la esperanza es una cruz

La espera como destino

Desperté recordando el Desierto de los Tártaros, la famosa novela de Dino Buzzati sobre aquel joven teniente que ofrece los mejores años de su vida –junto a los de sus compañeros de armas- en un norte metafísico esperando ofrecer resistencia a un enemigo que jamás aparecerá. La película de Zurlini (un tocho de más de dos horas) no le merece, pero ayudó a darle más popularidad a esta novela extraordinaria que prologó en su momento un elogioso Borges, y que influenció, hasta las orillas del plagio, al nobel Coetzee. Mis propios sueños lúgubres, discurriendo sobre escenarios desangelados, me reenviaron a los que tiene Giovanni Dogo, voluptuosos y compensatorios, en medio de una desesperante espera, quizá inútil. 

Los sueños –propios y ajenos- se han llenado de realismo mágico, colores y argumentos vivaces en estos tiempos de desamor durante el coronavirus.

Causa una extrañeza insondable despertarse de tan viscosos contenidos oníricos para, acto seguido, contemplar por la ventana, con una taza de café insípido en la mano, esta ciudad fría, vacía… igual a la de ayer, a la de antes de ayer… como si lo de “allí afuera” fuera un cuadro de De Chirico o de Magritte.  Aunque no se advierta movimiento ni sonido alguno, persiste la convicción de que agazapado acecha aun el enemigo coronado, ese que no se ve, pero del que nos llegan sus terribles embates a través de un parte de guerra diario (junto al detalle meteorológico, tan inútil como bucólico).

En Argentina, al igual que en tantos otros lugares del nuevo mundo, el pertrechamiento se hace puntual y necesario. ¿Se agita el miedo… o se activa la inteligencia colectiva? Mientras que aquí -en Madrid, en Roma, en Londres…- las cifras de los caídos durante esta pesadilla siguen presumiendo tres dígitos, en Buenos Aires o en Montevideo se espera lo peor que nunca llega. 

La espera –nos dice Buzzati- es el aliado de la conciencia del tiempo y el imperio del sufrimiento

¿La espera como destino?

Borges parece rubricar, en aquel prólogo minimalista, que lo desconocido deberá llegar como la respuesta a la expectativa de nuestras más íntimas contradicciones.

Esperamos lo mejor mientras otros esperan lo peor… en esta Semana Santa donde la esperanza es una cruz. 

BBB, Madrid 8/04/2020

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