Un poco de Ayn Rand para disfrutar: ¿cuánto tiempo dura una vida?

Disfrutar ¿Es importante? ¿Es liberal?

Un hombre que estaba con muchos problemas en su familia, negocios y entorno personal, por lo que decidió pasar unos días solo, en las sierras de Córdoba, descansando y tratando de encontrar algo de paz.

Comenzó visitando lugares que nunca había visto y llegó a un pueblito, enclavado en la ladera de una montaña, muy chico y pintoresco.

Se alojó en un hotel pequeño pero muy bien acomodado que era atendido por sus dueños, una pareja de alemanes muy amables y de pocas palabras. Consultó sobre las posibilidades para visitar y le dieron un pequeño plano con las indicaciones.

Tomo un café y salió a caminar con el plano en la mano; había muy poca gente ya que no era momento de turismo,  visitó un iglesia muy antigua y leyó su historia, caminó por el borde del río de aguas cristalinas que cruzaba el pueblo, siguió hasta una cascada, subió a un pequeño cerro que oficiaba de mirador.

Admiró un rato el paisaje y comenzó a bajar por otro camino.   La vegetación del lugar era magnífica y las plantas aromáticas se hacían sentir. En la mitad del trayecto encontró un letrero con una cruz y una flecha que indicaba un portón antiguo que estaba abierto.

Entró y se dio cuenta que era el cementerio; un parque muy cuidado y arbolado, con muchas flores y arbustos lo que generaba una atmósfera de paz y recogimiento.

Las lápidas tenían, todas, la misma forma y con letras muy visibles, con cambios de color de acuerdo al tiempo que llevaban allí. Paseando tranquilamente comenzó a leer algunas: “Aquí descansa “…….”, vivió 7 años, 6 meses y 2 días. “Qué pena! pensó, un niño está enterrado aquí. En la siguiente decía: Aquí descansa “…….”, vivió 4 años, 5 meses y 4 días. ¡Otro niño!

Siguió leyendo y viendo que eran todos niños, ya que el mayor había vivido solo 11 años y días, el asombro se transformó en un poco de miedo imaginando que ocurriría en un pueblito así perdido en la montaña. ¿Había una maldición?… ¿alguna otra cosa oscura?.. ¡No lo podía entender!

Se encaminó hacia su hotel pensando que tal vez había sido un error parar en este pueblito.

En la recepción se encontraba el dueño y le dijo con cierto tono de reproche: “disculpe, ¿por qué mueren tantos niños en este pueblo?… El alemán lo miró sorprendido y dijo, “¡hace muchísimos años que no muere un niño aquí!”   – “Entonces algo está mal,  porque el cementerio está lleno de ellos, ya que el más grande tenía 11 años y pocos días, según la lápida..   ¡y las mire a todas! 

No hay ninguna persona mayor enterrada en ese cementerio” dijo el visitante, con cierta vehemencia.

El dueño entonces le explicó: -“entiendo su confusión y le cuento , es costumbre de nuestra comunidad que cuando cumplimos 15 años, que consideramos edad en la cual podemos discernir muy bien entre lo bueno y lo malo, nuestros padres nos regalan, en lugar del último celular como es costumbre hoy,  una pequeña libreta como esta, (dijo mostrando la suya). Cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado y a la derecha, cuánto tiempo duró.

Cuando alguien fallece, se suma el tiempo anotado y además de su nombre y fecha de fallecimiento, se escribe en su última morada, — Vivió ……lo que disfrutó   ya que la verdadera vida son los momentos que uno disfruta”…

Y con ese concepto aprendido en un perdido pueblito de montaña, esta persona llegó al Objetivismo, una filosofía para vivir en la tierra.

¿Querés conocer más sobre el Objetivismo?

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«Mi filosofía es, en esencia, el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y con la razón como su único absoluto.»

Ayn Rand

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