Todo era risas hasta que los memes pasaron de la risa al engaño y la desinformación

La metamorfosis de los memes: de la risa al engaño

Hace algunos días, el actor de Hollywood Will Smith fue tendencia en todas las redes sociales y también en casi todas las conversaciones de oficina (menos mal que la pospandemia nos permite este tipo de fructíferos intercambios). Los memes parodiando la situación no tardaron en inundar las redes sociales. ¿Piezas de humor o riesgo de desinformación?

Un cachetazo con varios sentidos

El reconocido actor no fue noticia por alguna pieza retro de “El príncipe del rap” o alguna imagen que se ha reciclado hasta el hartazgo de su película Soy Leyenda -deben existir pocas películas de este siglo cuyo afiche haya sido tantas veces adulterado en forma de meme o imagen humorística digital-.

En esta ocasión, el actor norteamericano fue noticia por propinarle un cachetazo al humorista Chris Rock en la edición de los premios Oscar.

En la arena digital, el cachetazo tuvo un sinfín de interpretaciones: desde parodias sobre el inicio de la semana para cada uno que debe volver al trabajo con pocas ganas, hasta una analogía de la memorable pelea televisiva entre Mauro Viale y Alberto Samid. Fue tan heterogéneo y variado el espectro de la cantidad de humoradas que los propios portales hicieron -como ya suele ser costumbre- notas sobre los “memes” al respecto.

El origen del meme

En la actualidad parece realmente una utopía navegar por las aguas del internet sin recibir alguna referencia de un meme. No obstante, muy pocas personas saben que el término se acuñó allá por el año 1976 por parte de Richard Dawkins. La etimología de la palabra radica de un neologismo que surge de la adaptación entre gene (gen), mimesis (imitación) y memoria, aludiendo a un contenido mínimo con información cultural que se transmitía de generación en generación.

De aquel concepto ha quedado poco y nada por estos tiempos, absorbiendo un término mucho más asociado con el humor y transformándose en una de las herramientas más precisas de comunicación por su alto grado de penetración por su inmediatez y sencillez.

¿Reírse o confundir?

El caso de Will Smith se suma a la sonrisa de Yao Ming, la infinidad de memes del ex presidente Donald Trump y el “buen día, hermosa mañana verdad” de Guillermo Francella, que tiene tantas adaptaciones futboleras como clubes hay en nuestro país. La particularidad que reviste este tipo de comunicaciones es que muchas veces este tipo de acciones que generan algún impacto digital son consecuencia de acciones que no necesariamente han generado un efecto en el plano de la realidad.

La interpretación de algunos testimonios o acciones concretas tienen un correlato digital cuyo impacto es difícil de medir y monitorear. El meme se ha transformado en un símbolo de nuestra cultura que ya ha superado la barrera de lo puramente humorístico y se ha adentrado en otros terrenos, desde su uso para la venta de productos hasta su apropiación en el plano ideológico.

Piezas que desinforman

Detrás de toda esa fiebre que han despertado los memes se ha comenzado a percibir a esta manera de comunicar como un fuerte generador de desinformación por parte de usuarios que no saben interpretarlos con su espíritu de broma o que, en cambio, sólo acceden a la pieza generada para la parodia sin tener en cuenta el hecho real que le dio origen.

Esta peculiar situación se da, en gran medida, porque hay una gran porción de la población que es completamente analfabeta en materia digital. Y otra gran parte de la población también lo es, de una u otra manera, pero piensa que no porque está sumergida en el mundillo de las redes sociales.

De un tiempo a otro (muy acrecentado en los últimos dos años), hemos comenzado a utilizar las redes de manera casi esquizofrénica y no hemos recibido ningún tipo de capacitación sobre el uso de las mismas. Simplemente nos hemos volcado sin conocer verdaderamente cuáles son las reglas de juego y las fuimos adquiriendo y conociendo una vez que fuimos incursionado en ellas. Bajo este panorama, no resulta extraño que la desinformación circule con gran vehemencia y los memes no son la excepción.

Hacia una Alfabetización digital

No hay dudas que los memes se enmarcan dentro de la sátira o parodia, que la organización First Draft News tipificó hace algunos años ya como parte de las piezas de desinformación. o de contenido falso o engañoso que circula en Internet. De todos modos, son pocas las personas que conocen esta categorización que es imprescindible para hacer una radiografía precisa respecto del contenido que recibimos. Si conociéramos más al respecto no caeríamos con tanta facilidad en memes que han generado una gran desinformación porque sabríamos interpretarlos con su propio espíritu, aunque éste a veces pueda sernos ajeno.

La alfabetización digital es imprescindible para poder diseccionar contenidos según su veracidad o falsedad. Y no es algo únicamente que deben conocer los adultos mayores, como se dice habitualmente, sino también muchas personas que están alejadas de la manera de comunicar de los tiempos que vivimos. Por eso hay que promover más acciones en este camino, como las que impulsa Proyecto Desconfío de Argentina en alianza con docentes e instituciones educativas.

Los memes son poderosas herramientas de desinformación, en gran parte, porque el contexto de su creación suele estar completamente erradicado. También lo pueden ser por su errónea interpretación, como ocurrió durante aquellos meses de encierro por pandemia en la cual se divulgaron todo tipo de imágenes ancladas en el humor.

Muchas veces ese anclaje en el humor que está muy apegado a lo emocional, trae consigo cierto desapego de la verificación de la información, escenario propicio para que la desinformación se reproduzca con facilidad. Está en las capacidades que debemos desarrollar y entrenar la posibilidad de saber discernir el humor de la confusión para que los memes sigan circulando por la ruta de la risa y la ficción y que no se sumen a los anchos carriles de la autopista de la desinformación.

Articulo publicado en El Entre Ríos

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