¿Qué tienen en común la serie Dark, las ovejas muertas y la cuarentena?

Dark y la filosofía I. Las ovejas.

Dark, la popular serie alemana que cautiva al público de Netflix con sus asombrosos viajes en el tiempo, increíbles nexos familiares e intrigantes acontecimientos en distintas épocas, también deja mucha tela para cortar en materia de filosofía. Interrogantes metafísicos, éticos, políticos y científicos se despiertan y arremolinan a partir de una trama magistralmente desarrollada con personajes que no solo luchan por conocerse a sí mismos en su propio presente, sino por conocer a las versiones de su “yo” en distintas líneas temporales.  

Alegoría de las ovejas

En la temporada 1 capítulo 3, encontramos un diálogo referido a animales que nos sirve como alegoría para retratar situaciones humanas. El inspector jefe de la policía de Winden, Egon Tiedemann, le pregunta al encargado científico si 33 ovejas halladas muertas han sido envenenadas. Mientras efectúa la necroscopia, el examinador responde que difícilmente haya sido así, y apunta a un repentino ataque cardíaco de las 33. Frente a la sorpresa de Tiedemann, el científico explica: “Es común en las ovejas. Son criaturas muy sensitivas. Si unas pocas entran en pánico, toda la manada se asusta. Es un círculo vicioso. Simplemente caen muertas”. Tiedemann pregunta qué puede causar semejante pánico, y la respuesta es “cualquier cosa”.

Este efecto contagio del miedo podemos verlo en algunos grupos humanos. Cuando algunos se asustan, ponen nerviosos a otros, que estando cerca asumen los comportamientos y modos de ver de los asustados y se incrementa el estado general de pánico.

Estrategia que le sirve a la política para dominar mediante el miedo: el mantener a los ciudadanos asustados, y que entre ellos se pasen el miedo, va inmovilizando, paralizando a la población. Y a veces el esparcimiento del miedo de ciudadano a ciudadano le ahorra trabajo al político: no es él quien tiene que asumir reiteradamente el costo de ser el rostro visible de las malas noticias y lanzar los anuncios atemorizantes: son los propios súbditos que repitiendo consignas, incluso intentando de buena fe generar consciencia sobre recaudos a tomar, mastican solos el mensaje y se encargan de auto-amaestrarse.

El miedo no solamente sirve a quienes están en el gobierno. El terrorismo como forma de violencia que puede llevarse a cabo por grupos opositores, revolucionarios, independentistas, consiste en atacar población civil para lograr objetivos políticos, y lleva en su propia denominación la intencionalidad de sembrar terror en las víctimas para que en su mente no se sientan seguras ni en su país tengan garantías de paz.

Miedo oficialista, miedo opositor, el miedo le sirve a la política.

Miedo durante la pandemia y la cuarentena

Luego de la declaración de pandemia por Covid-19 que efectuó la Organización Mundial de la Salud, muchos estados alrededor del mundo comenzaron a sancionar cuarentenas. Más allá de eventuales intenciones de protección sanitaria, la política ha aprovechado para avanzar indebidamente en otros campos.

En Argentina la cuarentena ya no es un medio sanitario sino un fin político. El gobierno realiza ensayos de control poblacional, mide la reacción de la gente, y va recopilando información de hasta dónde puede avanzar sin encontrar férrea oposición ciudadana (ni que hablar política).

Con las prolongaciones de la cuarentena mediante decretos arbitrarios, el constante tono patotero para anunciar endurecimiento de medidas y sanciones para los transgresores, las flexibilizaciones presentadas como si se tratara de un padre que le da permiso a un hijo para desempeñar una actividad sujeto en cualquier momento a revocación por autoridad, el gobierno ha sembrado miedo en la población.

Si a esto le sumamos el permanente bombardeo de malas noticias sobre el coronavirus y la manipulación informativa de datos científicos que 24 horas al día realizan medios de comunicación masiva, el panorama se oscurece para mentalidades no preparadas para filtrar datos.

Gente acrítica está presa del miedo, repite las consignas del gobierno para “cuidarnos”, está dispuesta a “buchonear” a quien no da más y necesita quebrantar alguna norma autoritaria para poder seguir viviendo, y no interpreta ni ofrece resistencia a lo que epidemiólogos y periodistas pagados por el gobierno le cuentan para jugar con su inestabilidad y hacerle sentir el pánico inmovilizador que la lleve a obedecer los dictados del poder.

Conclusión

Si el estado quiere dominar mediante el miedo, miedo tiene que sentir la política de atreverse a hacerlo. Si el terrorismo quiere la inestabilidad y el desamparo, terror tiene que sentir por la respuesta de los decididos a no claudicar. Lo mismo en un contexto de pandemia: el miedo no puede ser brújula incuestionable ni aceptación ciega.

Más allá de las precauciones que cada persona quiera racionalmente adoptar a efectos de evitar contagiarse de un virus, para que un gobierno ya transformado en tiranía no termine de convertirse en dictadura debe hallar resistencia a sus medidas arbitrarias de cuarentena, aislamiento, distanciamiento, encierro. El paso fundamental de cara a ello es no caer en el miedo, no paralizarse. Hay que asumir el contexto difícil, entender que este no significa la renuncia ni obliteración de los derechos y la libertad, y oponerse a que la excusa del cuidado paternal sirva para concentrar el poder estatal. Transmitir responsabilidad, no pánico; civilidad, no dejadez. Tenemos que seguir siendo ciudadanos dignos y titulares de derechos inalienables. No hay que ser ovejas.       

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