Por qué Argentina prefiere dejar pasar el tren al futuro

SER EMPRESARIO EN NUEVA ZELANDA O EN SOMALIA


La palabra “empresarialidad” sugiere un concepto abstracto e intangible. Cuando en cambio pensamos en “empresario” podemos imaginar un ser humano concreto, una persona de carne y hueso que ha tenido una idea de negocio y emprende el camino para hacerla realidad.

Y ese camino puede ser más o menos llano o más o menos tortuoso, según el país en que el afortunado -o desafortunado- emprendedor se encuentre.

Algunos informes internacionales, tales como el Índice de Libertad Económica de Heritage o el informe llamado “Doing Business” (“Haciendo negocios”) del Banco Mundial, brindan rico material para un análisis y reflexión al respecto.

Heritage, por ejemplo, contempla, entre otros factores relevantes para cualquier emprendimiento, el sistema legal de los derechos de propiedad, la facilidad de acceso al crédito, la libertad para comerciar dentro y fuera de las fronteras, la regulación del mercado laboral, etc.

Doing Business, por su parte, cubre doce áreas específicas de regulaciones gubernamentales, entre ellas, la facilidad para registrar legalmente una actividad, cómo conseguir permisos de construcción o acceder a electricidad, el grado de presión tributaria, y la seguridad jurídica.

A la luz de los datos de estos informes podemos ser relativamente optimistas sobre la dirección que en términos generales sigue el mundo. En el último año, 115 economías han hecho más fácil la vida para los empresarios, con mejoras sustanciales en Arabia Saudita, Jordania, Togo, Bahrain, Tajikistan, Pakistan,
Kuwait, China, India, y Nigeria.

Esto es llamativo porque no se trata de países que figuren habitualmente en un “top ten” del ranking de libertades, pero al menos parecen estar dándose cuenta de que el camino “va por ahí”.

Sin embargo, Latinoamérica en su conjunto aun no logra subirse a ese tren. Ni un solo país latinoamericano rankea siquiera en el “top 50” de la lista a punto tal que el intervencionismo parece formar parte del ADN de estas tierras, dominadas por criterios regulatorios y restrictivos.

Tomemos el ejemplo de Perú, número 76 de la lista, y de lo “mejorcito de
Latinoamérica”.

Mientras realizaba una investigación para su libro El misterio del capital, el economista peruano Hernando de Soto, presidente del instituto Libertad y Democracia, decidió probar “en el terreno” cómo sería iniciar una pequeña empresa textil en su país.

Contrató un abogado y comisionó a estudiantes para iniciar el proceso. No sólo tenían que conseguir once permisos de siete ministerios, sino que además se les requirieron sobornos en diez oportunidades. El total de tiempo requerido para poder efectivamente iniciar la actividad fue de 278 días.

Tremendo contraste con Hong Kong, donde John Stossel reprodujo el experimento de Hernando de Soto. Sólo tuvo que completar un formulario de una página y abrió el negocio al día siguiente en entera legalidad.
No es casual que el ingreso per capita sea escandalosamente mayor en las economías más libres del mundo, comparadas con las más reprimidas.

Nueva Zelanda tiene aproximadamente 41.000 dólares anuales de ingreso per capita… y Somalia 314…

En Argentina andamos por los 11.000 y bajando vertiginosamente.
La gran pregunta es cuál va a ser nuestro modelo: si lo van a ser países como Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca o Corea del Sur, o si preferimos imitar a Somalia, Eritrea, Venezuela, Yemen o Libia. No queda más que preguntamos cómo es posible que todavía haya “amantes del Estado” clamando por regulaciones a cada paso.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta