Peligro: recrudece la tentación universal por recortar las libertades

Ningún recorte a las libertades

Silvina Giudici, para Clarín. Los efectos de la pandemia de COVID-19 generan cambios que advertimos inmediatamente. El uso de barbijos, y la necesidad de mantener distancia entre las personas quedarán incorporados como conductas habituales.

Otros cambios están en proceso, tardarán más, pero ya están sucediendo, como la incorporación masiva del teletrabajo en el ámbito empresarial y la centralidad que las nuevas tecnologías de información y comunicación adquirieron en los ámbitos culturales, científicos y sociales.

Una transformación de mayor peso y mucho más compleja, es el cambio geopolítico y el nuevo ordenamiento de vínculos y relaciones en el ámbito internacional.

Mientras Donald Trump pone en marcha la “Operación Velocidad Endiablada”, para crear una vacuna contra el virus que, de encontrarse, tendría prioridad para ser usada en Estados Unidos, Xi Jinping anuncia ante una Asamblea de la ONU, que cuando China obtenga las vacunas “estarán disponibles como bien público global con el fin de que sean accesibles y asequibles para todos los países en desarrollo”.

Sin duda, las grandes potencias mundiales, luego de subestimar la profundidad de viralización de la pandemia, están advirtiendo la crisis económica descomunal en la que se sumergirá el mundo en los próximos meses y sus consecuencias devastadoras sobre las economías locales, principalmente para los países en desarrollo.

Juegan su juego de supremacía y compiten para un futuro que hoy, con gran parte de la población bajo cuarentena, aparece muy lejano. Sin duda estamos frente a un cambio de Era que podrá reformular la ecuación entre Oriente y Occidente y la relación entre bloques de países o continentes con los países empobrecidos y más castigados.

Esa disputa no es lejana, ni debería pasarnos inadvertida. Argentina debate su integración bajo el nuevo paradigma internacional. Por eso debemos hacer un gran esfuerzo en los consensos internos que deben alcanzarse para lograrlo.

Lo que está en juego más allá de la economía y las medidas sanitarias, en una falsa dicotomía que quiere instalarse, es la democracia.

China, Corea y otros países asiáticos aplicaron medidas extremas de confinamiento y monitoreo exhaustivo de la población. Apps de trackeos compulsivos, entre otras medidas de control social duro y extremo. Nueva Zelanda, Suecia, Alemania, impusieron restricciones moderadas con medidas de aislamiento pero apelando a la responsabilidad cívica en la lucha contra la enfermedad.

No es correcto realizar ninguna comparación ya que las estrategias sanitarias de cada país son inéditas y difícilmente puedan encontrarse datos científicos homogéneos para ser comparados.

Lo que está claro es que ninguna simplificación es buena. No se trata de elegir entre economía o muertes o entre libertad y contagios.

Vencer esta pandemia depende en gran medida del esfuerzo colectivo, también de mucha solidaridad y conciencia individuales. Por eso ningún intento por recortar libertades es admisible en la Argentina de la memoria. Tenemos muy fresco el dolor y la tragedia de las épocas donde la democracia fue derrotada.

Ni los intentos de silenciar redes sociales publicando “escraches” en señales de noticias a twitteros que expresan divergencias con el partido gobernante, ni la propuesta de un funcionario menor para regular “fakes news” y portales de noticias digitales, ni los monitoreos sobre los datos personales de los ciudadanos sin garantías de preservación de su intimidad deben prosperar en una sociedad que se compromete, acompaña y obedece las indicaciones sanitarias con la esperanza de que su esfuerzo económico, y también emocional sirva para salir adelante, nunca para volver al pasado.

Mientras el gobierno chino censuraba la red Weibo y perseguía a los “8 chismosos” -como llamó el régimen a los médicos que alertaban sobre los primeros brotes de la enfermedad-, Donald Trump calificaba a The New York Times como “Partido opositor de las Fake News”. Los populismos o los liderazgos autoritarios, no importa su sesgo ideológico, comparten la negación de la prensa y la censura como instrumento predilecto.

En el otro extremo, Angela Merkel acaba de señalar en el 75° Aniversario de la prensa libre en Alemania “La democracia necesita hechos e información, capaces de permitirnos discernir entre verdad y mentira y, a la vez, de proyectar distintas perspectivas de la realidad y diversidad de opiniones” además agregó “Las y los periodistas deben poder confrontar a un gobierno y a todos los actores políticos con una perspectiva crítica” Es bueno recordar estos conceptos en Argentina, donde la hegemonía de la palabra vuelve a seducir y exacerbar algunos ánimos. No debemos pensar todos igual, las diferencias enriquecen. Saldremos de ésta siendo mejores si aprendemos que el camino no es hacia atrás y que la represión de la divergencia nunca es el camino.

Silvana Giudici es ex titular del ENACOM

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