Para pensar: mas robot tienen los países, menos desempleo sufren

LA MENTIRA DEL “ROBOCALIPSIS”


Si hoy es posible encargar por Internet tazas, remeras o zapatillas personalizadas lo es gracias a los robots.
Si hoy muchos trabajos riesgosos ya no forman parte del repertorio de actividades humanas, y muchas vidas se han salvado con ello, lo es gracias a los robots.
Si hoy podemos producir en masa a velocidades impensables, lo debemos, también, a los robots.
Según datos de la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés) existen hoy 2.7 millones de robots operando en el mundo. El 34% de ellos trabajan en el sector automotriz, un 25% en áreas de electrónica y electricidad, y un 10% en la industria metalúrgica.

Ahora, ¿dónde están esos robots?

El 73% de ellos se encuentra en sólo cinco países: China, Japón, Estados Unidos, Corea del Sur y Alemania.
Si computamos la “densidad” poblacional de robots, Singapur lidera el podio con 918 robots por cada 10.000 trabajadores industriales, seguido por Corea del Sur con 855, Japón con 364, Alemania con 346 y Suecia con 277.

¿Y HAN GENERADO DESEMPLEO?


Según la tesis de los luditas, todos esos países deberían estar también en el “top ten” de desempleo. (Recordemos que los luditas eran una organización radicalizada de trabajadores textiles ingleses que vandalizaban la incipiente maquinaria industrial del siglo XIX en la creencia de que la tecnología los llevaría al desempleo)
Sin embargo, la tasa de desempleo en los países más “robotizados” es, en términos promedio (datos pre-COVID), inferior al 5%, tasa que se considera consistente con el desempleo “friccional”.

Singapur o Corea del Sur, dos de los países con más “robots per capita”, tienen, respectivamente apenas un 2.3% y un 3.2% de desocupación. Prácticamente pleno empleo. España en cambio, tiene un 14.5%. Parece que la cosa no viene por el lado de los robots. Lo mismo cabe decir, en Europa, de Alemania (el país con más robots per capita) vs Grecia, (el país con menos robots per capita) donde las tasas de desempleo ascienden, respectivamente, a 3.5% vs 16.5%. (de nuevo, conforme datos pre-COVID)


¿POR QUÉ SUCEDE ESTO?

Pues simplemente porque sostener que las maquinarias generan desempleo es una de las falacias más baratas que cabe concebir. Milton Friedman recordaba al respecto un viaje a un país asiático en el que lo llevaron a visitar el sitio de construcción de un canal. Por supuesto, esperaba encontrar un paisaje de modernas retroexcavadoras. En vez de eso, el lugar estaba lleno de operarios con palas, agotados y mugrientos. Cuando el economista preguntó los motivos de tan arcaico proceder, el burócrata gubernamental le respondió: “Es que usted no entiende (sic). Esto es un programa de generación de empleo.” A lo cual Friedman replicó: ¡Ah, ok, pensé que lo que querían era construir un canal! Si lo que quieren es crear empleo, ¡sáquenles las palas y denles cucharitas!
Es prácticamente un lugar común señalar que si tuviéramos que elegir entre arar un campo sudando la gota gorda detrás de una carreta de bueyes o tener que aprender a conducir para hacerlo a bordo de un moderno tractor con aire acondicionado, definitivamente optaríamos por lo segundo.
Por cierto, la adaptación requiere adquirir nuevas destrezas. Pero si a algo debemos apuntar es a eso, y no a arrojar por la borda aquello destinado a simplificarnos o hacernos más segura y agradable la vida.
Es absolutamente obvio que un incremento en la productividad no puede generar desocupación, simplemente porque los recursos son escasos y las necesidades humanas, ilimitadas. Si hoy podemos hacer algo en la mitad de tiempo que antes, podemos destinar esas horas “liberadas” a cubrir una nueva necesidad o simplemente a disfrutar de un ocio que de otro modo no tendríamos. Y no sé ustedes, pero yo prefiero ir al supermercado a buscar mi comida en vez de tener que salir de caza y pesca o a recolectar frutos del bosque. Y ni loco renunciaría a desplazarme en automóvil, o dar de baja mi computadora y mi teléfono celular.

UNA LOCA IDEA TRIBUTARIA

La tesis de los luditas puede considerarse ampliamente superada. Ahora, si ya no cabe un burdo llamamiento a la destrucción de maquinarias, lo que asoma en el panorama es una estrategia más sutil pero no por ello menos insidiosa: pongámosles impuestos.
Un desatino total. Si los robots han probado su valía y además generan impacto positivo en el empleo, lo que tenemos que hacer es incentivar su difusión, y no atacarla.
En efecto, tal como reza el informe del IFR ya citado, no hay fundamento legítimo para gravar una inversión de capital que incrementa la productividad y la competitividad, crea más trabajos de los que sustituye y conduce a los trabajadores a “subir la escalera” de sus destrezas e ingresos.

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