Pese a la volatilidad reciente, el Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía argentina crecerá un 3,5% en 2026 y un 4% en 2027, liderando entre las grandes economías del continente. Tres años consecutivos de expansión, riesgo país en mínimos de ocho años y superávit fiscal consolidado, bajo el programa de Javier Milei.

Pese a la marcada volatilidad de la actividad económica en Argentina, todo hace indicar que las cifras de cierre de año, lo que queda al final (que es lo que de verdad importa) de un ejercicio marcado por subidas y bajadas parece que será positivo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha confirmado en sus nuevas previsiones que la economía de Argentina va a liderar el crecimiento entre las grandes economías de América. Si se tienen en cuenta todas las economías, grandes, pequeñas y medianas, solo Guyana, Paraguay y quizá Panamá presentarán una expansión mayor este año.
Ya había previsiones que reflejaban este mayor dinamismo de la economía de Argentina. Desde el Banco Iberoamericano de Desarrollo, pasando por JP Morgan y terminando en el Banco Mundial habían lanzado previsiones que mostraban la fortaleza relativa del crecimiento del PIB en Argentina respecto al resto de grandes economías del continente. El último en hacerlo y confirmarlo ha sido el Fondo Monetario Internacional, que prevé que el país presidido por Javier Milei crezca un 3,5% este 2026 y un 4% en 2027. Estos datos casi duplican el crecimiento previsto para Brasil o EEUU (que será del 2%), mientras que triplica la previsión de otras naciones importantes del continente como Canadá o México, cuyas economías apenas crecerán un 1% en el horizonte de proyección del fondo.
El ministro de Economía, Caputo, afirmó que el objetivo de que Argentina recupere la calificación 'investment grade' hacia 2031 es “cumplible”, aunque no depende solo del Gobierno.
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La economía de Argentina va a sumar, si se cumplen las previsiones, tres años consecutivos de crecimiento económico, algo que no se veía en décadas en el país. Este 2026 se espera que el sector exterior, gracias a las fuertes exportaciones de petróleo, gas, minería y agro, tire de la economía. Los datos mensuales ya recogen un crecimiento anual positivo que se espera que acelere en lo que queda de año. Fuentes del Gobierno como el ministro Luis Caputo aseguran que vienen los mejores 18 meses en mucho tiempo para la economía argentina, pero también es cierto que al ser una parte interesada esta previsión podría ser exagerada.
Por ahora, el riesgo país sigue inmerso en una suerte de caída libre que está acercando al país a los mercados. El diferencial entre el bono argentino a 10 años y el estadounidense (el riesgo país) ha caído este miércoles a 405 puntos básicos, el nivel más bajo en los últimos ocho años. Cabe destacar que hace no más de dos años y medio, este indicador se encontraba en los 2.500 puntos básicos, señalando claramente un riesgo de default (impago de la deuda inminente).
Al mismo tiempo que se ha reducido el riesgo país, la inflación parece haber entrado (más bien retomado tras unos meses de descanso) la dirección de la moderación. En el mes de mayo, los precios crecieron un 2,1% mensual, una tasa todavía muy elevada, muy lejos del 25% que subieron en diciembre de 2023, justo con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada.

El Fondo ha atribuido parte de estos logros al programa reformador y liberalizador de Javier Milei, que ha recortado el gasto público hasta alcanzar un superávit primario que parece inamovible (el ancla fiscal), poniendo fin a la monetización de la deuda por parte del banco central (ya no se imprimen pesos para costear el déficit público). Al mismo tiempo, el programa de incentivos está atrayendo grandes inversiones de empresas extranjeras que están ayudando a desarrollar el enorme yacimiento de petróleo y gas de Vaca Muerta. Este yacimiento se ha convertido en uno de los motores de la economía del país por dos vías. Una es la fuerte inversión que ayuda a impulsar la demanda interna. La otra son las exportaciones, que también entran sumando en la ecuación del PIB. Argentina ha logrado en cinco meses de este año igualar todo el superávit comercial conseguido en 2025. Todo ello en un entorno global incierto, como recuerda el FMI en su publicación de este miércoles.
En cuanto a la economía global, el FMI cree que se mantendrá un crecimiento moderado en los próximos dos años, aunque advierte de que estará condicionada por dos fuerzas contrapuestas, que son el impacto de la guerra en Oriente Próximo y el impulso derivado del desarrollo de la inteligencia artificial. El organismo estima que el PIB global crecerá un 3% en 2026 y un 3,4% en 2027, por debajo del promedio del 3,5% registrado entre 2024 y 2025. Según el FMI, “la modesta desaceleración refleja que los efectos de la guerra en Oriente Próximo están siendo compensados parcialmente por un impulso acelerado del ciclo tecnológico mundial gracias a los avances de la inteligencia artificial y su adopción”. El informe subraya que los efectos serán muy desiguales entre países, favoreciendo a los exportadores de energía alejados del conflicto y a las economías integradas en la cadena de valor tecnológica.
El organismo también alerta de que el proceso de desinflación se ha frenado. La inflación mundial pasará del 4,1% en 2025 al 4,7% en 2026 antes de moderarse hasta el 3,9% en 2027. El FMI señala que estas previsiones, revisadas ligeramente al alza respecto a abril, muestran que “la tendencia desinflacionista vigente desde comienzos de 2024 se ha estancado”. Además, advierte de que los países importadores de energía con escasa participación en la revolución tecnológica, entre ellos muchas economías de renta baja, serán los más perjudicados por el actual contexto internacional.
Crece el descontento entre los liberales clásicos y el rechazo supera hasta el 60% la gestión Milei
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En cuanto a los riesgos, el FMI considera que, aunque el equilibrio es mayor que hace unos meses, “siguen inclinados a la baja”. Entre las principales amenazas destaca una posible reactivación del conflicto en Oriente Próximo, que podría prolongar la volatilidad de las materias primas, agravar las interrupciones en las cadenas de suministro, elevar la inflación y endurecer las condiciones financieras. Asimismo, alerta de que una mayor fragmentación del comercio internacional podría reducir el crecimiento y aumentar los precios, mientras que una eventual corrección de las elevadas expectativas en torno a la inteligencia artificial también representa un riesgo para la economía mundial.
Pese a ello, el Fondo identifica varios factores que podrían mejorar el escenario. Entre ellos cita una normalización más rápida de los mercados energéticos, una inversión tecnológica superior a la prevista y una mayor cooperación internacional que reduzca las barreras comerciales. En este contexto, recomienda que las autoridades mantengan como prioridad “restablecer la estabilidad de precios”, preservando la independencia de los bancos centrales y reforzando la supervisión financiera. Al mismo tiempo, insta a reconstruir los márgenes fiscales y a acelerar reformas estructurales destinadas a mejorar la seguridad energética, la preparación para la inteligencia artificial y la cooperación internacional frente a las crecientes tensiones geopolíticas.



