Los trucos para evadir impuestos de los feroces colmillos fiscales

Desde que el mundo es mundo, los colmillos fiscales estuvieron siempre listos para morder el cuello del contribuyente. Hoy, la tecnología permite tips más sofisticados de evasión pero en la antiguedad también había formas de zafar del fisco y evadir el apretón de los impuestos. Uno de los primeros cánones registrados fue en la época romana, cuando Vespasiano, emperador desde el año 69 al 79 d.C. creó un impuesto sobre la orina. Esta se usaba para tratar telas, blanquearlas y curtirlas. Pero también como dentífrico y enjuague bucal. Quien la compraba pagaba una tasa por ello.

Como publicó Visión Liberal recientemente, ni los tres pelos de más de una barba zafaron: en la Rusia de Pedro I, el que portaba barbas debía pagar un canon y el gobierno le entregaba una oblea (una pre VTV facial) que le permitía circular acorde a la ley.

Para evadir ese impuesto, lo “único” que había que hacer era afeitarse. Mas difícil fue para los británicos en 1780, quienes debieron soportar la prohibición de usar sombreros. Los fabricantes encontraron la fórmula para evadir ese impuesto cambiando el “rubro”: sus creaciones fueron llamadas “tocados”. Pero el impuesto para las cabezas que portaban el sombrero era más difícil de evadir. El pago se acreditaba con un timbre fiscal que iba pegado en el forro del atuendo y si se “detectaba” la infracción: multa.

Impuestos a troche y moche

Mientras más desesperados estuviera un gobierno por recaudar, más se las ingeniaba el ciudadano para evadir. Una regla de oro que se mantiene inalterable por los siglos de los siglos. Uno de los hacedores de impuestos más importantes fue el primer ministro británico Willliam Pitt, El Joven, quien buscó afanosamente recaudar para financiar la guerra contra Francia. Y apeló al remanido argumento de inventar impuestos: al jabón, a los perros, a los relojes de pared, a la seda y a las empleadas domésticas, por ejemplo.

Los ricos tienen casas más grandes y, por lo tanto, más ventanas. Esa era la teoría detrás del impuesto a las ventanas de 1696 en Inglaterra. Así, el recaudador de impuestos no tenía más que contar la ventanas para llevar a cabo su trabajo.

Pero no siempre les era tan fácil ya que quienes se negaban a pagar tal impuesto empezaron a tapiar sus ventanas. Todavía hoy quedan algunas cerradas con ladrillos.

Los ricos ingleses tapiaban ventanas para pagar menos renta.

Desesperado por reunir dinero para financiar la guerra contra Francia, el primer ministro británico William Pitt, el Joven (10 de mayo de 1804-23 de enero de 1806) implemetó nuevos impuestos, incluidos el aplicado al jabón, a los perros, a las velas, a los relojes de pared, a la seda y a las empleadas domésticas. El primer impuesto especial de guerra fue aplicado al licor, y la ley específicamente indicaba que el impuesto debía ser abolido cuando terminara la guerra. Pero la guerra siguió y siguió, y conforme se expandía el impuesto se expandía también. Pronto abarcó todas las necesidades de la vida — ropa, pan, carne, y otros alimentos. Hubo motines y fueron quemadas las casas de impuestos especiales en Londres. El Parlamento respondió con cierta desgravación y una súplica al pueblo inglés de aceptar el impuesto especial por la duración de la guerra.

En Francia los tejados inclinados de la mansarda—estilo buhardilla— fueron diseñados para proteger a sus ocupantes de los elementos pero también de los impuestos. Y es que el impuesto que debían pagar los propietarios era proporcional al número de pisos que había por debajo de la línea del tejado. Así que el último piso, el que quedaba cubierto por el tejado de la mansarda, era libre de impuestos.

Un impuesto incendiario

Basado en la premisa de que en una casa es más fácil contar el número de chimeneas que el número de personas que la habitan, en 1662 se aplicó en Inglaterra y Galés un impuesto a las chimeneas. El dinero recaudado iba directo al bolsillo del recién restaurado rey Carlos II, lo que causó no poco malestar.

El impopular impuesto pasó por un momento difícil cuando la recién establecidaOficina de Chimeneas se quemó durante el Gran Incendio de Londres. El impuesto fue abolido al cabo de 27 años.

Y más…

En el siglo XVII, el rey Jacobo I de Inglaterra decidió imponer un impuesto al juego de cartas, el cual era considerado como un factor que impulsaba comportamientos indeseados al alentar la afición por los juegos de azar.

Un sello oficial impreso en el as de picas se convirtió entonces en la prueba de que el impuesto había sido pagado. Ante esto, el fabricante de naipes John Blacklin tuvo la ocurrencia de omitir el as de picas del paquete de barajas para evitar pagar el impuesto y vender esa carta aparte.

Impuesto al juego. La evasión le costó la muerte a un “lavador”.

Lamentablemente para él, su estratagema no fue bien apreciada por el jurado que se encargó de juzgarle por su ocurrencia y en 1805 fue condenado a muerte.

Los británicos tienen reputación de ser unos entusiastas bebedores de té. Por ello, en 1689 los políticos decidieron recaudar dinero de esta afición y aplicaron uncostoso impuesto sobre las hojas de té. En su momento más alto, este impuesto a la importación representó 119% del valor del té.

La medida trajo como consecuencia un auge en el contrabando de té, realizado por delincuentes con fama de despiadados. También aumentó la venta de té falso, hecho con estiércol de oveja al que incluso le agregaban el venenoso carbonato de cobre para simular el color adecuado.

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