Los nuevos bárbaros (salvajes o letrados) que destruyen la república de Alberdi

Socialismo y barbarie, la antítesis al modelo de Alberdi

En esta Carta de lectores publicada en La Derecha Diario, el autor defiende la definición de Alberdi sobre la barbarie, y la compara con la realidad actual de América Latina.

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Juan Bautista Alberdi señalaba una serie de obstáculos a erradicar para que la naciente República Argentina alcance una organización política económica que le permitiese salir de su situación de desierto, atraso material y violencia política.

En primer lugar, era consciente de que los modos y prácticas autoritarias no se erradicaban por el simple hecho de poseer una constitución de libertad. En Sistema Rentístico de la Confederación Argentina, advertía:

“No se aniquila un régimen por un decreto, aunque sea constitucional, sino por la acción lenta de otro nuevo, cuya creación cuesta el tiempo mismo que costó la formación del malo, y muchas veces más, porque el destruir y olvidar es otro trabajo anterior. El moderno régimen está en nuestros corazones, pero el colonial en nuestros hábitos.”

Ahora, ¿cómo describía Alberdi al sistema político de por aquel entonces? Podríamos señalar que el ambiente político de esos tiempos marcaba que la relación entre personas de pensamiento diferente era violenta, ya que identificaban a su circunstancial opositor como a alguien al que hay que negarle todo trato; a menos que piense como el partido gobernante, será visto como a un enemigo permanente.

Por su parte, Alberdi advertía sobre la barbarie en la política y en cómo se manifestaba en el gobierno, señalando que esta puede ser barbarie letrada o barbarie salvaje. Al respecto, epxresaba:

“Destrozar el derecho es su propósito común. El camino de ese fin para la una es la violencia brutal, para la otra es la mentira del respeto al derecho. Los gobiernos que cometen acciones violentas son bárbaros “salvajes”, y los que incurren en robos y calumnias son bárbaros “letrados”. Uno y otro arquetipo pueden, desde luego, coexistir en un mismo gobernante.”

A su vez, remarcaba el alto cinismo por parte de la barbarie para generar confusión, ya que disfrazan su discurso con palabras de adhesión a la república, bajo un falso manto de “ropaje de cultural”, es decir que oponen total resistencia a la civilización, al mismo tiempo que la invocan. Un doble discurso el cual Alberdi condena por inmoral.

Las resistencias son servidas por la pluma más atrozmente que por las lanzas de los caudillos, y las capitales de nuestros desiertos contienen caudillejos de tinta y papel, mazorqueros literarios. Esos enemigos perfumados de toda cultura piden la libertad de la prensa, y asesinan al que la ejercita contra ellos. Gritan contra la barbarie, y su arma favorita de discusión es el fango. Claman por garantías, y aplauden frenéticos la degollación violenta de sus adversarios políticos. Reclaman el orden, y su evangelio es la rebelión.

Esta cita de Alberdi es muy aplicable al discurso de los gobiernos promotores del socialismo del siglo XXI. En los últimos tiempos, en América Latina se han desarrollado formas de autoritarismo; las mismas se legitiman a través de un proceso electoral limpio que respeta reglas preestablecidas en una Constitución, y luego busca incrementar su poder a través de la deformación y perversión de las instituciones republicanas, el manejo sin control de los recursos fiscales y las trampas que todo ello permite introducir en procesos electorales.

Se produce una invocación de la “democracia” como voz desnuda, desvinculada de los principios republicanos que efectivamente garantizan las libertades individuales. El lenguaje es ambiguo: invocan la república, pero su accionar es violento.

Pensemos en la Argentina y en los países adherentes al socialismo actual, donde claramente al adversario político desde su óptica también se lo identifica como a una persona a la que hay que negarle todo trato.

La desnaturalización del otro es moneda corriente: se llama “gorila” al individuo o a la prensa que piensan política y económicamente diferente e indaga sobre situaciones poco claras o condenables desde su óptica; se les llamó “caranchos” a los jubilados que reclamaban por sus juicios cajoneados por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; “buitres” al reclamo de deudas ya sean acreedores externos o internos; “gusanos” han sido los exiliados que no comulgan con su ideología.

La reducción a la escala zoológica en las apreciaciones no es inocente. Una vez hecho esto, se sentirán habilitados a tratar a los seres humanos como se les plazca.

Ahora, en relación con lo mencionado, si tomamos las declaraciones como las del piquetero Luis D’Elia y el ex-titular de la UOCRA, Juan Pablo “Pata” Medina, quienes convocaron abiertamente a fusilar o a colgar de la Plaza de Mayo al ex-presidente de la Nación, Mauricio Macri, o la intención de confiscar al mejor estilo chavista a la empresa Vicentin, el auspicio intelectual del kirchnerismo al ataque a los productores y a los silo bolsa, el apoyo del oficialismo a los gobernadores feudales del Norte Argentino, la liberación brutal de presos de alta peligrosidad, o las amenazas a los periodistas en todo el país, hechos que no se agotan en los descriptos, uno se siente tentado a preguntarse si no estamos frente a la barbarie y los comportamientos totalitarios señalados por Alberdi.

No hay ningún ejemplo, ninguno, en toda la historia de la humanidad, donde la población haya progresado mediante la violencia, el desprecio a la vida, a las libertades individuales y el nulo respeto por la propiedad privada.

Los seres humanos que viven en sociedades más o menos exitosas se manejan a través de contratos, no a través de la agresión. Aquellos que creemos en la libertad y las ideas de la Constitución Nacional debemos estar alerta ante estas intromisiones en las libertades individuales, ya que como sostenía Tocqueville, estas en un primer momento parecen minúsculas, pero son las que preparan el terreno para el zarpazo final. Y cuando esto ocurre suele ser tarde para reaccionar.

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