Lo único que no entra en cuarentena es el pago de impuestos

uevo escenario, dominado por la pandemia, genera una transitoria baja de la actividad económica y pérdida de recursos fiscales

Parece que a los ocho millones de personas que sostienen a las más de 21 millones que viven del Estado una vez más tendrán que cargarse el país al hombro. Los “efectos colaterales” de la pandemia llevarán al borde de la extinción a Pymes, negocios familiares, emprendimientos y empresas que ya vienen boqueando por agobios fiscales y económicos hace décadas.

Hoy, la AFIP suspendió 16.000 turnos para trámites presenciales para evitar el apiñamiento de gente que es habitual en las dependencias. Pero no movió ni un día la agenda de vencimientos ni mucho menos consideró eximir o bajar impuestos a los contribuyentes, pese a que (los que aportan) están obligados a parar 15 días su producción.

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Como el virus, el castigo fiscal a los que producen llueve sobre el contribuyente e infecta su economía. El alivio es para los que cobran planes (tendrán un plus de $3000), los jubilados (idem), los diputados (recibirán un extra de 100 mil pesos cada uno para solidaridad (?)

La pandemia es un espejo que refleja los hábitos de la Argentina que no cambian más. Otra vez el sector productivo absorbe el golpe, amortigua la brutal caída de todos los sectores de la economía, formal e informal.

Y ni el Papa Francisco los salva. Al contrario, él también aboga por más impuestos como “solución” a la crisis sanitaria que vive el mundo. Dijo, en un reportaje que le hicieron en diario La República: “Si faltan camas y aparatos de respiración, también es culpa suya” (de los que se resisten a pagar impuestos). Otra vez, el blanco fácil.

El economista Roberto Cachanosky, en una columna que hoy firma en Infobae, reflexiona: “No luce lógico que mientras el sector privado agoniza económicamente, la burocracia estatal siga cobrando como si en el mundo no pasara nada. Justamente, en este momento de crisis, es fundamental que el gobierno decrete una amplia desregulación de la economía para que se tengan que hacer menos trámites que complican la operatoria del sector privado, al punto que en épocas normales tienden a paralizar las operaciones de las empresas. Eliminando regulaciones, habrá menos trámites que realizar, menos movimientos de personas y menos empleados públicos utilizando medios de transporte con el riesgo de esparcir el virus.

De eso, el gobierno no toma nota. Incluso no escuchó la recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) ni a la misma directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, quien llamó a aplicar reducciones y postergaciones de impuestos, flexibilización regulatoria y extensión de las licencias por enfermedad, además de mayor laxitud en las políticas monetarias.

Nada. No solo no se movió el cronograma de pagos sino que el presidente Alberto Fernández anticipó que usará nuevamente a la AFIP como sabueso para controlar que no aumenten los precios.

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