Las máscaras de Sarmiento y el corso a contramano

Domingo Faustino, el “Emperador de las Máscaras”

Sarmiento fue político, escritor, docente, periodista, militar y estadista. Ejerció la gobernación de San Juan, la Presidencia de la Nación, una banca en el Senado Federal, el Ministerio del Interior, la representación argentina en Estados Unidos y su apreciada Dirección General de Escuelas, pero poco se sabe sobre su título como “Emperador de las Máscaras”.

Corría el año 1873, el sanjuanino se hallaba en su penúltimo año como presidente argentino y los integrantes de la Comparsa “Los habitantes de la Luna” lo honran con aquel carnavalesco título. Sarmiento acepta el reconocimiento y recibe además con agrado, una medalla con su perfil grabado, con corona de emperador. La medalla ha sido protegida hasta nuestros días, y demuestra el particular talante del educador argentino con respecto a las fiestas populares.

Cuatro años antes, en 1869, Sarmiento, al asumir la presidencia, restablecía  la celebración del carnaval en la Ciudad de Buenos Aires. Las comparsas y murgas fueron las primeras en concurrir a los corsos, trajeadas de lujo, al ritmo de tambores, juegos de agua y manifestaciones de alegría.

El término “corso”, usualmente utilizado en el Rio de la Plata, fue  tomado de las calles italianas, en las que las fiestas de Carnaval, se realizaban desde las postrimerías de la Edad Media.

Ya desde sus años de exilio en Santiago de Chile, Sarmiento añoraba los tres días “en que todo el mustio aparato de la terca etiqueta y gravedad española cedían a impulsos de torrentes de agua que en todas las direcciones se cruzaban. ¡Días de verdadera igualdad y fraternidad!”, según él mismo detallaba.

El 9 de febrero de 1869, Buenos Aires tuvo su primer corso. Las calles elegidas fueron las actuales Hipólito Yrigoyen entre Bernardo de Irigoyen y Luis Saénz Peña y sólo participaban las comparsas. Según las fuentes de la época, estaban formadas por blancos, que “cantaban y tocaban guitarra, bandurria y violines”. Se contaban entre las más famosas la “Sociedad de negros”, “Los negritos esclavos” y “Negros argentinos”, entre otras. Así se divertían los muchachos de antaño, porque estas comparsas estaban integradas por lo más rancio de la sociedad porteña, que de negro sólo tenían el “tizne de la cara”.

Los juegos de agua estaban a la orden del día y según relata el Ingeniero francés Alfredo Ebelot, el Primer magistrado “sentado en una carretela vieja, que la humedad no pudiese ofender, abrigado con un poncho de vicuña, cubierta la cabeza con un sombrero chambergo, distribuía y recibía chorritos de agua.”

Aquel Presidente, era Sarmiento, empapado por sus vecinos porteños y según dicen, “riéndose a mandíbula batiente”. Un grande de nuestra historia, dispuesto a compartir, como uno más, la alegría del carnaval.

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