Las ideas liberales le disputan el monopolio de la calle a los peronistas

El fascismo perdió el monopolio de la calle

Si hay algo por lo que se caracterizaba el fascismo argentino en su faceta más acabada, el peronismo, era por el control de lo que en nuestro país llamamos la calle. Desde 1946 y, salvo contadas excepciones, siempre el peronismo, tanto de izquierda como de derecha, había dominado las marchas masivas y las manifestaciones populares en los principales centros del país.

De hecho, indistintamente de si el lugar de concentración fuera en una ciudad con tendencias más peronistas o antiperonistas, no quedaba ninguna duda de que el aparato de propaganda copiado de aquel modelo alemán (sic), lograba que amplios sectores de la población se concentraran en los principales nodos urbanos por órdenes de una estructura partidaria, por las consignas dictadas por la jerarquía y por la idolatría a determinado líder (Perón, los sindicalistas, Menem, Néstor, Cristina, etc.). De este modo y, si bien es cierto que en la mayoría de los casos, gran parte de estas personas son traídas en micros y mediante intercambios por comida u otras cosas, lo cierto es que el peronismo concentraba grandes masas de la población para cometer sus fines. Eso se acabó.

Indistintamente de si las marchas del “Sí se puede” que nada podrían hacer para evitar la caída del gobierno de Macri eran marchas en contra del fascismo (porque eran partidarias), nadie puede negar que las marchas en contra de este gobierno y, en especial la contundencia de la marcha de este 17 de agosto, demuestran que la autoconvocatoria de ciudadanos empoderados en contra del avance fascista estatal le disputa el monopolio de “la calle” al peronismo.

Contundencia absoluta y cientos de miles en 150 ciudades de Argentina que, en contra del avance sobre los demás poderes, las expropiaciones, la reforma judicial, la cuarentena más larga y estricta del mundo, la peor crisis económica de la historia y demás consignas, le demuestran tanto al gobierno de Alberto Fernández como al fascismo en general, que “la calle” ya no es más de ellos.

Uno podría argumentar que no todos se sienten liberales en esas marchas y es cierto, pero mucho más verídico es que la consigna de libertad y república, no al socialismo y sí a la independencia de poderes y a la propiedad privada, son las consignas convocantes.

La única conclusión que uno puede sacar de esto es la siguiente: el liberalismo todo y otros sectores que comparten reclamos similares, están mostrando su lado más popular y efectivo de manifestarse. El liberalismo de zapatillas o el liberalismo popular le demuestra en cada fecha patria argentina que no somos solo un puñado de personas que nos manifestamos en redes, sino que le propiciamos marchas mucho más masivas que las que ellos nos vendieron durante décadas y que no nos vamos a quedar callados ante tales atropellos a los derechos naturales.

La legitimidad, concepto weberiano tan usado en Ciencia Política, manifiesta un desgaste pocas veces visto en un gobierno recién asumido, especialmente, un gobierno peronista. Quizá no sea una premisa aceptable con una conclusión válida, pero no quedan dudas de que, en términos cartesianos, si dudo pienso y si pienso existo. Justamente lo que dudo, es de la legitimidad de este gobierno.

Vida, libertad y propiedad privada se unen en manifestaciones donde el fascismo está cada vez más golpeado y en donde cada vez más abrazan las ideas liberales

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