Las convertibilidades argentinas en la historia: ¿se puede repetir el milagro de la estabilidad?

Argentina es un eterno retorno y por eso hoy, agosto de 2022, nos encontramos frente a una agudización de la inflación, similar a la que se ha vivido en ocasiones anteriores. Ante la discusión que se está produciendo entre académicos sobre la conveniencia de repetir las experiencias de fijar el tipo de cambio a una moneda más estable, vale la pena revisar las experiencias del pasado.

En 1890 y 1989 las crisis con picos de inflación se replicaron de forma muy similar con casi 100 años de diferencia. Ambas crisis fueron económico-monetarias y simbióticamente en ellas se apeló a la convertibilidad de la moneda nacional para solucionar el caos imperante ¿Cómo estos modelos lograron estabilizar a la Argentina después de ambas crisis? ¿Realmente fue efectivo el proceso?

Un régimen de convertibilidad incurre que la totalidad de la base monetaria del país debe estar respaldada por reservas internacionales; durante el modelo de convertibilidad aplicado tras la crisis de 1890 la caja de conversión era la encargada de emitir moneda peso nacional contra reservas en oro a una paridad fija. Paralelamente, en 1991 se establecía al Banco Central como “caja de conversión” para convertir la moneda nacional a una paridad fija en dólares. Estos regímenes se basaron en una política monetaria endógena que le restringió el poder a las autoridades ejecutivas en la emisión monetaria. Ambivalentemente, los dos modelos acarrearon una serie de reformas primordialmente fiscales y estructurales que posibilitaron su ejecución. La diferencia sustancial entre ambos modelos se haya en su período de aplicación, la convertibilidad del año 1890 comienza realmente en 1899 y luego se suspende durante un período interino (1914-1927) para reinstaurarse por aproximadamente 2 años (1927-1929) mientras que la convertibilidad de 1991 se aplica ininterrumpidamente hasta comienzos del año 2002.

Estos dos planes surgen inmediatamente tras un momento de hecatombe económica nacional, por un lado en 1890: se anuncia la imposibilidad del pago de la deuda externa, hay una fuerte caída de las reservas de oro, sucede una corrida bancaria conjugada con una gran depreciación de la moneda (inconvertible). Posteriormente, en 1989 el país enfrentaba una hiperinflación junto a una estrepitosa caída de las reservas del Banco Central a la que se le suma una corrida cambiaria ¿Una combinación de factores algo similar a lo ocurrido 100 años atrás?

Ambos modelos probaron ser efectivos a la hora de combatir la inflación y restablecer la estabilidad: el régimen de 1890 logra, tras una serie de períodos de inconvertibilidad, reducir el nivel de inflación de un 48% anual (entre 1889 y 1891) a tan solo un 6% anual (1891-1899) con la simple creación de la caja de conversión.

Una vez instaurada realmente la convertibilidad según la ley 3871 en 1899, la inflación oscilará durante el período de total convertibilidad en el orden del 3% anual; con una convergencia a la tasa de inflación del Reino Unido (moviéndose sobre el 0%). Paralelamente, el plan de convertibilidad dirigido por Cavallo pudo reducir abismalmente la inflación y la mantuvo entre el 3-4 % anual. La reducción de la inflación se reflejó con un descenso de la variación porcentual anual de los precios, de 1567% en 1990 y 110,5% en 1991, a una variación de solo un 6% en el año siguiente a la aplicación de la convertibilida (claro signo de estabilidad).

El impacto exterior que tuvieron los regímenes de convertibilidad fue positivo y este se replicó en el índice del riesgo país. Luego de aplicar la convertibilidad en 1890 el riesgo país de la Argentina descendió del 12% al 5,5% en un período de 6 años y se estabilizó en el 5% durante el período de total convertibilidad. De manera similar, en 1991 se produjo un veloz descenso de aproximadamente 1000 puntos básicos en un año.

Domingo Cavallo, “el padre de la convertibilidad”

La inicial efectividad de los planes descansa en el hecho de que la Argentina obtendría un rumbo definido en el cual el poder ejecutivo tendría una influencia reducida en temas monetarios. La Argentina gozará durante este período (1991) de una mayor credibilidad por parte del sector financiero y logrará generar la suficiente confianza en el público para que se repatrien activos por 15.083MM de dólares entre 1991-1993 (Rodriguez, 1995); dicho aumento en los depósitos bancarios llevó a una expansión crediticia con una consecuente caída en la tasa de interés que le dio el incentivo a la sociedad para invertir y salir del estancamiento generado por la hiperinflación. El incremento en la inversión fue fenomenal, paso de ser un -7.6 % entre 1981y 1990 (tasa porcentual anual promedio) a un 14.6% (1991-1998). El crecimiento del país bajo ambos modelos fue notable, la convertibilidad de 1991 elevó el PBI per cápita de 7.205,1 (1991) a un máximo de 9.444,7(1998); mientras tanto, la convertibilidad de 1890 lo aumentó de 2151,98 (1890) a un máximo de 3903,62 en 1912 (US$ Geary Khamis de 1990 / hab)

Desde una perspectiva crítica, no todo fue espléndido, ambos planes presentaron falencias que en el caso del año 1991 conllevaron a su abandono. Mientras que la convertibilidad iniciada en 1899 se abandona acertadamente en 1929 como clara consecuencia de la gran depresión, siendo el mundo quien le pone el fin al sistema; la convertibilidad de 1991 se elimina después de una crisis nacional producto de una serie de falencias internas

Una falla similar de ambos regímenes se haya en el mecanismo secundario de creación de dinero mediante un sistema bancario de reservas fraccionarias (multiplicador bancario); se demostró cómo la convertibilidad interna puede vulnerar a la externa: “Bajo un tipo de cambio fijo, la caja de conversión asume solamente una responsabilidad macroeconómica(…)No tiene instrumentos para asumir la responsabilidad microeconómica de salvaguardar la estabilidad del sistema financiero” (Gerardo Della Paolera, 2003). La explicación termina de sustentarse en la predicción de Carlos Rodríguez “en caso de una corrida contra la totalidad de los pasivos del sistema financiero (…) la falta de dólares sería de 20000 millones” (Rodriguez, 1995);al momento de vulnerarse la confianza del público sobre los depósitos (1998 en adelante) la falta de divisas generó un colapso del sistema.

Domingo Cavallo fue el ministro de Economía de la presidencia de Carlos Saúl Menem

En el caso de 1991específicamente, la inconvertibilidad puede explicarse por las expectativas desfavorables con el peso nacional, sustentadas por las condiciones establecidas por el modelo. El modelo generaba que el futuro se planee en dólares, la firma de contratos a mediano y largo plazo en esta última moneda le restó credibilidad al peso. 

Cavallo también falla en cumplir su objetivo de “transformar una economía inflacionaria y dolarizada, en una economía estable y con una moneda nacional solida” (Cavallo, 2018), ya que jamás la Argentina logró desdolarizarse.

A modo de conclusión, la importancia que detenta un plan de convertibilidad para un país prestatario como la Argentina es que le permite una integración de la economía local con los mercados de capitales globales. Ambos modelos lograron cautivar el interés de las potencias extranjeras en nuestro país; en el último caso se concreta un acercamiento sin precedentes a Estados Unidos al igual que en 1890 con dos décadas de continuas inversiones de capital inglés. Estos regímenes fueron de máxima utilidad para estabilizar a la Argentina tras los desequilibrios macroeconómicos, pero no lograron perdurar en el tiempo y fracasaron, no pudiendo establecer al peso nacional como moneda fuerte y confiable.

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