La libertad es un camino a la individualidad… y viceversa

Fueron hombres de otros tiempos los que hicieron de Argentina lo que ha sido. Y  hombres de otros tiempos serán necesarios para prevenir su decadencia.

Quiero proponer a los jóvenes de mi generación ver a la libertad como un camino a la individualidad según lo interpretó John Stuart Mill.

Ser parte de la batalla con una conexión mutua para así lograr encontrar una capacidad de poder distinguir lo mejor de lo peor / lo bueno de lo malo, incitando a los supuestos no videntes la importancia de preferir el primero y la de evitar lo último.

La ecuación perfecta  para abordar y ganar territorio con lo anteriormente escrito a mí juicio, es la mirada de Mill; lo que él entendía por LIBERTAD.

Para Mill la razón propia de la libertad humana comprende lo siguiente:

Como primer lugar: dominio interno de la conciencia. Esto es, exigir la libertad de conciencia en los más comprensivo de sus sentidos, la libertad de pensar y sentir, la más absoluta libertad de pensamiento y sentimiento sobre todas las materias, prácticas o especulativas, científicas, morales o teológicas.

La libertad de expresar y publicar las opiniones puede parecer que cae bajo un principio diferente por pertenecer a esa parte de la conducta de un individuo que se relaciona con los demás; pero teniendo casi tanta importancia como la misma libertad de pensamiento y descansando en gran parte sobre las mismas razones es prácticamente inseparable de ella.

En segundo lugar, la libertad humana exige libertad en nuestros gustos y en la determinación de nuestros propios fines. Libertad para trazar el plan  de nuestra vida según nuestro propio carácter para obrar como querramos, sujetos a las consecuencia de nuestros actos, sin que nos lo impidan nuestros semejantes en tanto no les perjudiquemos, aun cuando ellos puedan pensar que nuestra conducta es loca, perversa o equivocada.

En tercer lugar, de esta libertad cada individuo se desprende la libertad, dentro de los mismos límites, de asociación entre individuos: libertad de reunirse para todos los fines que no sean perjudicar a los demás, y en el supuesto de que las personas se asocian sean mayores de edad y no vayan forzadas ni engañadas.

No es libre ninguna sociedad, cualquiera que sea su forma de gobierno, en la cual estas libertades no estén respetadas en su totalidad, y ninguna es libre por  completo si no están en ella absoluta y plenamente garantizadas. La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por conseguirlo.

Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad gana más consintiendo a cada cual vivir a su manera que obligándole a vivir la manera de los demás.

Un Estado que empequeñece a sus hombres en sus manos, aun cuando sea para fines beneficiosos, hallara que con hombres pequeños ninguna cosas grande puede ser realizada; y que la perfección del mecanismo, a la cual todo lo ha sacrificado, terminará por no servirle para nada por falta del poder vital que, en aras de un más fácil funcionamiento de la maquina, ha preferido proscribir (Expulsar a alguien de su patria o su ambiente, especialmente por causas políticas).

En Venezuela, el hambre y la miseria de Maduro obligó a un éxodo que es, claramente, un avasallamiento a su libertad

Un pueblo, al parecer, puede ser progresivo durante un cierto tiempo, y después detenerse, ¿Cuándo se detiene? Cuando cesa de tener individualidad. Hemos sido testigos de evidenciar en carne propia este suceso los jóvenes argentinos.

Es momento de hacer ver  a aquellos que no quieren ver la libertad, ni se servirán de ella, que pueden ser recompensados de una manera apreciable, por dejar a los demás hacer uso de ella sin obstáculo, hasta me atrevo a sugerir que podrían aprender algo de ellas.

En una palabra, es deseable que en las cosas que no conciernen primariamente a los demás sea afirmada la individualidad.

Tales son las razones que hacen imperativo el que los seres humanos sean libres para formar sus opiniones  para expresarlas sin reserva; y tales las destructoras consecuencia que producen para la inteligencia, y por ellas para la naturaleza moral del hombre, si esta libertad no se concede, o al menos se mantiene a pesar de su prohibición.

Muchas veces caemos en el error de ver a la individualidad como la ecuación o fórmula que altera el producto, ya que el éxito saca a la luz defectos y debilidades que el fracaso nunca hubiera mostrado a la observación. Todo lo contrario deberíamos aprender de los éxitos de otras personas, percibirlo como un método de autosuperación con el único propósito de desarrollar cualidades y perfeccionar talentos.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta