La fábula del puma y la serpiente que envenena la libertad

El gallo anunciaba el inicio del día, la liebre -por ser la más veloz- repartía las noticias. La agilidad del mono le permitía juntar frutos para vender a los animales que no los alcanzaban. ¡Qué animales! sin conflictos, cada cual atendía su juego mientras los gobernaba el “Triunvirato” formado por el puma, el zorro y el caballo. Así funcionaba la democracia y la convivencia.

Hasta que llegó la hora de volver a votar. Entonces los reptiles pensaron un plan para llegar al gobierno. Ah, la astuta serpiente!. Enrolló la cola a los supuestos desfavorecidos de la jungla y empezó a seducirlos con argumentos que parecían cantos de sirenas. Pero eran de serpientes. “¿Por qué la comadreja no puede comerciar los frutos altos como el mono? ¿Por qué tiene el monopolio? Y los jaguares tenían demasiada carne: ¡había que repartirlas!

La serpiente fue votada entre gritos de júbilo. La selva nunca volvió a ser la misma. Aplicaron impuestos que antes no existían, el jaguar tuvo hambre y a los ratones la comida les sobraba. La víbora presidente retenía el impuesto que se le aplicó a la liebre para que la tortuga también pudiera repartir las noticias y … ¿saben lo que pasó?

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El reinado de la serpiente comenzó a tambalear cuando los animales se dieron cuenta que ya no eran libres. Que las reglas de juego habían cambiado por perseguir una supuesta igualdad que no era tal. Los animales lo entendieron: que la comadreja no supiera hacer lo mismo que el mono no la hacía inferior: la hacía distinta.

¿Cómo termina la fábula? Miralo acá, en este didáctico y claro mensaje que Fundación Libertad y Progreso desarrolló para potenciar las ideas de la libertad.

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