Las abejas trabajadoras y las moscas sindicales

En la colmena siete había armonía. Reina, zánganos, obreras tenían una relación armoniosa y cada uno cumplía su rol con eficiencia. Hasta que llegaron los sindicatos y las cámaras reguladoras. Hasta que se metió una mosca golosa y embustera quien articulando un plan secreto, empezó a zumbar la cabeza de las obreras.

La mosca se “hizo la amiga” e instaló la discordia con frases como “la producción debería ser para las obreras” “trabajas mas horas de las que corresponde” y otros slóganes populistas. Las obreras contrataron a la mosca para defenderlas de la impiadosa reina. ¿Conclusión?

Bastó que llegara la mosca y su prédica para que cambiara el clima de trabajo. Comenzaron las protestas y los paros reclamando “derechos”.

La mosca se refregó las patas y comenzó a cobrar una cuota de miel a las incautas abejas solo por representarlas. Otras abejas -las que querían trabajar- se fueron a otras colmenas y finalmente la reina se fue a panales menos conflictivos y menos reguladas. Una fábula para no tan niños que ilustra en menos de cuatro minutos cómo la presencia de extraños con intereses espurios arruinan hasta el mejor (y más dulce) emprendimiento

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