El mito de la industria peronista que, efectivamente, combatió al capital

Cada 17 de octubre se reanima el debate sobre Perón y su legado. Los que perpetúan su voz y su gesta lo veneran y aclaman con la adoración típica que reciben los íconos populistas. Los que leen la realidad en función de los resultados y no de los eslógan que se repiten, intentan desenmascarar el mito.

Como en la Argentina el relato sigue matando al dato, hay que insistir con los datos para matar el relato”. El galimatías es de Emilio Ocampo, autor del libro “El mito de la industrialización peronista” donde desmenuza con rigurosidad estadística el falso discurso de que Perón “creó” la industria argentina.

Lo hizo en debate con Alejandro Gómez y Bernabé García Hamilton, en el programa que conduce Roberto Cachanosky por radio Cultura. En víspera del 17 de octubre, los especialistas dejaron sus opiniones sobre el proceso económico y cultural que comenzó con la llegada de Perón al poder y continúa hoy, con variantes de formas pero jamás de fondo.

Los tres coincidieron en el contexto en el que el líder de los “descamisados” llegó al poder: un contexto internacional “inmejorable” tras los impactos que la Segunda Guerra Mundial había dejado en Europa y el apogeo de la Argentina, país que aún brillaba con las luces que encendió la Generación del ’80.

“No es que con Peron no creció la industria, sino que la precedió. Los datos estadísticos del censo del 54, que hace el mismo gobierno peronista, dice que las 2/3 parte de los trabajadores industriales (el 70 por ciento) estaban empleados por empresas creadas antes de 1946”, explica Ocampo.

Continúa: “en plena fiesta peronista, el 83% de la produccion industrial fue creados antes del 41. Estadisticas elaboradas por el propio régimen”, aclara.

Pero a medida que Perón sumó poder, armó el discurso. Que permitió que construyera una realidad paralela donde la Argentina naufraga -con ligeras interrupciones- hace años. “Al año de haber sido derrocado, Perón escribió el libro “La fuerza es el derecho de las bestias” donde dice que cuando llegó al poder no se fabricaban en el país ni los alfileres que usaban las monjitas y lo dejó fabricando locomotoras y camiones, autos, motonetas, construyendo vapores, bicicletas, etc.”

Perón crea el mito de Perón.

Corrobora el historiador Alejandro Gómez y reafirma que “Perón se roba el relato. Se apropia de cosas que no hizo o se roba a él mismo. Práctica que continúa Alberto cuando inaugura obras que hizo Macri o Cristina cuando inaugura cuatro o cinco veces la misma obra”.

Los relatos se tejen sobre el tapiz de la ignorancia. Se arman frases que se repiten como marcas o singles publicitarios y que tornan indeleble en el inconciente colectivo. Se repiten aunque la realidad choque con esos argumentos vacíos: “Hoy no tenemos industria y estamos perdiendo las pocas inversiones que quedaban“, agrega Bernabé García Hamilton que sentenció: “Perón nos puso en vías férreas de donde no pudimos más salir”.

Contó García Hamilton que “en 1945, le preguntaron (al economista multipremiado) Paul Samuelson qué país se desarrollaría más rápido en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra. “Hubiera respondido Argentina, sin dudar”.

Claro, podría haber sido así. Pero no fue así: estaba Perón en el poder-

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