La epidemia que contagia más que el coronavirus: el pánico financiero

Desde la crisis financiera de 2008 el mundo ha cambiado mucho. Los mercados y las economías emergentes han experimentado un gran crecimiento, como resultado de amplias reducciones de los tipos de interés que incentivaron un enorme flujo de crédito que sirvieron como motor para asegurar un reajuste tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. El sector de la tecnología crece a pasos agigantados, permitiendo la masificación de sus productos, aumentando la competitividad, al igual que las ganancias, la inversión, y, por lo tanto, la creación de nuevos puestos de trabajo. Todo el mundo quiere invertir en fondos cotizados atraídos por las ganancias y la aparente estabilidad del mercado. La confianza que existe hoy en día, mas específicamente en los Estados Unidos de América, se puede ver reflejada en el espejo de su liderazgo político, más específicamente, en el presidente Donald Trump, quien desde su cuenta en twitter suele afirmar cotidianamente que la economía de EEUU está más fuerte que nunca, pero, ¿es así realmente?

La deuda pública y privada en la economía mundial ha crecido como la espuma desde la crisis de 2008, el crédito ha inundado la economía y ha permitido enormes avances en la productividad e innovación en bienes y servicios, pero con un peso de la deuda tan grande sobre los hombros de las principales economías del mundo, solo bastaría una cadena de eventos desafortunados para generar algo mas peligroso y virulento que un virus que se transmite por el aire: el pánico financiero.

Y es que parece que uno de los detonantes de lo que podría ser la recesión global más importante desde 2008 será el coronavirus, o, mejor dicho, el efecto que está teniendo su rápida propagación en la bolsa y en los números de la industria china. Se ha comprobado que el coronavirus en sí mismo (hasta ahora) no es un virus con la letalidad similar a otros patógenos como la gripe española o el ébola, sin embargo, su propagación es tan rápida que ningún Estado, ni siquiera un estado totalitario como es la República Popular China, ha logrado detener su avance. Esta incapacidad para controlar los brotes es lo que ha llevado a china a tomar medidas de cuarentena que terminan yendo en contra de su capacidad industrial, y eso alarma a los inversionistas.

En Europa el impacto del coronavirus es aún mayor en las economías más frágiles cuyos ingresos tienen importante apoyo sobre el sector turismo. En Italia y España se han pospuesto o cancelado eventos deportivos y culturales, ciudades como Venecia o Santa Cruz de Tenerife quedan a la expectativa de como los brotes de coronavirus en ambas pueda afectar su mayor fuente de ingresos, y faltando apenas más de un mes para los asuetos de la Semana Santa, la preocupación es aún mayor.

Del otro lado del mundo, en Japón, la situación es mucho más preocupante. El país del sol naciente se enfrenta desde hace años a una desaceleración económica.

Con las olimpiadas Tokio 2020 en la puerta, se pensaba recuperar la millonaria inversión aproximadamente 28.000 millones de dólares con la llegada de cientos de miles de turistas que irían a ver los juegos este año.

Ahora, con los brotes de coronavirus en Japón y en toda Asia, los organizadores del comité olímpico internacional han hablado incluso de postergar los juegos hasta finales de año, con todo lo anterior dicho, no es necesario agregar que la hipotética cancelación de las olimpiadas sería una catástrofe económica para Japón.

En América Latina, las economías que son especialmente dependientes de la exportación de materia prima se verán afectadas por la hipotética reducción del consumo de los mercados de Europa y China, esto sin mencionar, como en el caso de Europa, los problemas internos preexistentes, y sin hablar tampoco de la precariedad de los sistemas sanitarios de la región y lo poco preparados que se encuentran para enfrentar una pandemia de este tipo.

Este ambiente de pánico financiero, con el fantasma de la recesión en el aire, es el clima propicio para el ascenso de liderazgos populistas, quienes se retroalimentan del caos, tanto en América Latina, como en Europa, que además del brote del COVID-19, lidia con tensiones con Turquía, y una nueva oleada migratoria de más de 2 millones de personas que marchan sobre Grecia en estos momentos.

Occidente deberá generar líderes fuertes que permitan atravesar el difícil periodo que se avecina y salir ilesos de él.

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