Informar, formar y actuar: las tres acciones imprescindibles de la batalla cultural

LAS TRES CUESTIONES A RESOLVER SI QUEREMOS GANAR LA BATALLA

Los liberales, los conservadores, los nacionalistas, o como gusten llamarse aquellos que lleven la contraria ideológica en Argentina, están condenados a perder una batalla que no pueden, o no saben, como ganar.

Son tres hitos, tres momentos o tres desafíos que se deben superar si se espera dar una batalla cultural digna de ser vencedora, digna de ser influyente o digna si quiera de ser recordada.

Informarse, formarse y actuar. Son incontables los casos donde se informa sin estar formado, donde se forma sin estar informado y donde se actúa sin estar informado ni formado, ante esto, propongo hoy, romper con esta mala praxis y empezar a formarse para informar y posteriormente actuar.

Primera instancia, informarse, ¿Qué es la batalla cultural? ¿Qué es esto que todos dicen combatir y querer ganar?

La expresión ‘’Batalla Cultural’’ se compone de dos palabras que son, en cada una, explicativas, por un lado tenemos la batalla, que por definición de la R.A.E es una: ‘’Serie de combates de un ejército con otro’’, a la cual yo agregaría, otras características, como que es un choque o enfrentamiento entre dos o más partes que de manera intencionada, no accidental, se disputan la autoridad sobre algo en conflicto.

Un ejemplo sería decir que dos ejércitos se enfrentan por un territorio, dos políticos por un cargo, dos movimientos por una idea o simplemente dos personas por un objeto. Existen distintos tipos de batallas, pero la que particularmente nos interesa, es la cultural, eso nos lleva a lo siguiente.

¿Qué es la cultura? ¿Qué entendemos o se entiende por cultura?

Bueno, la palabra ‘’Cultura’’ es polisémica, es decir, goza de varias acepciones, podemos hablar de cultura en términos de conocimiento, como por ejemplo ‘’Que culto es ese hombre, conoce mucho de filosofía, política y economía en general’’ o podemos hablar de cultura en relación a la sociedad, como por ejemplo, ‘’En antaño la cultura maya sacrificaba personas’’ o ‘’La cultura japonesa ha sabido conservarse hasta el día de hoy’’.

Entre varias, la definición que nos concierne a día de hoy es la del politólogo cordobés, Agustín Laje, la cual dicta lo siguiente:

‘’La cultura es el campo de la subjetividad humana, en cuyo seno se conformarán tipos particulares de ideologías, signos, valores, creencias y normas que terminarán caracterizando la vida en sociedad‘’.

Tomando esto en consideración, podemos decir, entonces, que una batalla cultural es un enfrentamiento intencionado entre diferentes partes por la búsqueda de establecer los elementos (ideologías, signos, valores, etc) que determinarán a la cultura, en donde la cultura no es solo el fin sino también el medio.

¿Qué quiere decir esto? Pues que a diferencia de una batalla bélica donde se impone una parte sobre otra mediante formas armamentísticas o a punta de pistola, una batalla cultural es aquella que no se da mediante mecanismos violentos como la censura u opresión, sino mediante la captura o toma pacífica de los agentes que moldean la cultura, como pueden ser, escuelas, partidos políticos, universidades, producciones audio visuales como películas y canciones, y más a día de hoy producciones digitales como videojuegos o aplicaciones.

Por ejemplo, no es aceptable en la batalla cultural la quema o censura de libros, sino la creación o el apoderamiento de las editoriales que los publican.

Una vez que nos informamos sobre esto, que entendemos la batalla que pretendemos dar, debemos pasar al contenido, a aquello que queremos instalar en la cultura y cómo queremos hacerlo, teniendo en cuenta, que la mayoría de la gente no entiende, o no le interesa entender, las teorías económicas del monetarismo o de la escuela de Chicago o Austria.

Es aquí donde nos encontramos con el primer desafío, que es lograr la simplificación del mensaje o la sintetización de la teoría con la menor pérdida de contenido posible, un ejemplo sería lograr reducir esto:

‘’La teoría cuantitativa del dinero, parte de la ecuación de cambio, según la cual el valor de las transacciones que se realizan en una economía ha de ser igual a la cantidad de dinero existente en esa economía por el número de veces que el dinero cambia de manos: P⋅Q = M⋅V

Donde: P = Nivel de precios – Q = Nivel de producción – M = Cantidad de dinero – V = Velocidad de circulación del dinero, número de veces que el dinero cambia de manos.’’

A una simple expresión como: ‘’La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario’’.

Es difícil, y requiere de mucho tiempo dedicado a la formación. Esto lo logró después de muchos años Milton Friedman, por lo cual ha sido galardonado con el Premio Nobel en economía, pero no ha sido el único, muchos otros genios han podido llegar a la misma síntesis de sus ideas; lo logró Frederic Bastiat con su obra ‘’Petición a los fabricantes de velas’’, donde explica de manera breve lo absurdo que resulta el proteccionismo estatal a las empresas; lo logró Leonard Read con su obra ‘’Yo, el lápiz’’, donde en menos de 5 páginas logra explicar complejos sistemas teóricos como lo son la ‘’División del trabajo’’, la ‘’Mano Invisible’’ y el ‘’Orden espontáneo’’ en un lenguaje propio de niños de primaria, y por último, también lo logró Karl Hess con su obra ‘’Capitalismo para niños’’ donde el título es suficientemente descriptivo.

En conclusión, la formación no recae solo en lograr entender los complejos cálculos, esquemas y textos que las teorías aportan, sino también en conocerlos lo suficiente como para poder plasmarlos en un lenguaje entendible para la mayoría, la verdadera dificultad pasa entonces no por quien sabe más sino por quién puede transmitir mejor lo mucho o poco que sepa.

Por último, aquello que es más difícil, aquello en lo que más hemos flaqueado a mi criterio los liberales, el actuar o, la acción.

Si hay algo que caracteriza a la corriente liberal de hoy es su ímpetu de formación, eso no lo cuestiono, pero, ¿Por qué nos es tan difícil, a nosotros que nos creemos intelectuales, transmitir de manera simple nuestro mensaje y lograr una llegada masiva al público? Pues procedo a citar al economista Jesús Huerta de Soto, quien en análisis de un ensayo de Bertrand de Jouvenel decía lo siguiente sobre los intelectuales de izquierda, que creo aplica mucho a los pseudo intelectuales liberales también: ‘’Los intelectuales se dan muchísima importancia, se piensan que han estudiado mucho, pero la mayoría son unos completos ignorantes en lo que se refiere a la ciencia económica’’ el mensaje es claro, la ciencia económica trasciende a mucho más que un libro, dos, o tres, sino que simboliza años, carreras enteras de estudio, y es este el primer punto a tener en cuenta, la economía no es solo una lección, sino todo un camino de servidumbre a la misma.

El siguiente punto es la soberbia, esa fatal arrogancia que nos condena, dice Huerta de Soto: ‘’El intelectual piensa que sabe mucho más que el resto de sus co-ciudadanos, porque ha estudiado muchas carreras o es una persona muy refinada, se cree la persona más inteligente, y cae en la arrogancia con gran facilidad, hasta el punto que piensa que está más legitimado que nosotros mismos para decidir qué es lo que tenemos que hacer, se ríe de los ciudadanos de a pie, y se escandaliza por su falta de cultura, desde su pedestal se permite criticar lo que hacen, pues se cree más listo que todos’’.

Una vez más, el mensaje es claro, la fatal arrogancia que tanto creemos propia de la izquierda es pecado propio también, pues sin la necesidad de explicar, debatir o comentar, esperamos que sin más, por lógica divina, aquellos que desconocen nuestras ideas, se enfilen detrás nuestro por sentido común, pues, ¿Qué necesidad tiene comentar o explicar algo tan incuestionable e irrefutable como es esto que yo pienso no?

La ignorancia y la soberbia son solo dos de muchos puntos a resolver antes de si quiera presentarse a la batalla, pero no es mi intención defenestrar a mi mismo movimiento, sino más bien aportar desde la crítica y proponer desde mi humilde posición.

Entonces, en definitiva, ¿Qué implica actuar en pos de la batalla cultural?

Entre muchas otras cosas, implica en lo político dejar nuestro comodísimo lugar de críticos crónicos y empezar a encontrar afinidades o crearlas; implica en lo social salir de los debates de café y de los caros salones de reuniones, a frecuentar más las calles y barrios; implica en lo económico dejar de presumir nuestro ‘’Vasto Conocimiento’’ sobre índices, cálculos y teorías, y desde la humildad, entender y explicar simples cuestiones como la oferta y la demanda o la competencia, con lenguaje ameno y ejemplos simples; implica en lo cultural lo más difícil, es decir, salir de nuestra zona de confort que es la economía, los libros y bibliotecas, y dedicarle tiempo a lo que consideramos banal como la música, el teatro, el cine o los videojuegos, encontrando en ellos no aspectos que nos resulten ridículos sino aspectos que se relacionen con nuestras ideas para poder destacarlos.

Estos son para mi las tres cuestiones a resolver si queremos ganar la batalla, por lo que te pregunto, ¿Estás dispuesto a dar la Batalla Cultural?

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