14/06/24

El «David» de Miguel Ángel y el poder de la mente cuando no se conforma

Imagina a la piedra siendo una escultura

Miguel Ángel Buonarroti nace en una ciudad situada en la provincia de Arezzo, en Toscana, conocida como Caprese, en el año 1475. Existen muchas fechas e historias que podría compartir sobre su vida, pero siendo selectiva prefiero siempre a una de sus más maravillosas y admirables obras de arte: EL DAVID.

En el taller de Ghirlandaio, Miguel Ángel aprendió la exigente técnica de la pintura al fresco, cuyo dominio habría de demostrar en varias ocasiones a lo largo de su vida, y sobre todo al enfrentarse casi dos décadas después, con el encargo de los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina.

La manera de modelar las formas mediante el color, la paleta brillante, de amarillos azafranados, carmines, verdes y azul ultramar, y algún otro rasgo estilístico constituyeron otros tantos vínculos que nos permiten relacionar con Ghirlandaio la obra que Miguel Ángel habría de llevar a cabo durante los últimos años del siglo XV y primeros del XVI, y sobre su pasión hacia la escultura, existe un mito que cuenta que Miguel Ángel fue criado a base de “leche y mármol”, ya que su nodriza era la esposa de un albañil y en la casa en donde pasaba tiempo criado siempre estaba rodeado de polvo de mármol.

Cada año miles de turistas forman largas filas para conocer a esta increíble escultura renacentista, pero ¿sabemos qué y a quién representa? o ¿qué te ha llevado a tener tanta curiosidad sobre esta obra? Es necesario que antes de conocerla puedas identificar al David que habita en tu interior.

Una de sus famosas frases rezaba: Tu vedi un blocco, pensa all’immagine: l’immagine è dentro, basta soltanto spogliarla”, es decir que si ves un bloque de piedra debes imaginarlo como deseas verlo, porque esa visualización es el primer paso y solo bastará desnudarla o sacarla al exterior.

Básicamente todo comienza en la mente, y es aplicable no solo a la escultura, sino también a cualquier disciplina como la arquitectura, la pintura, la música, la filosofía y por qué no a la política y a la economía moderna

Esta frase expresa de forma exacta a aquella fuerza interior que cada uno de nosotros llevamos, y que solo basta con descubrirla y sacarla a flote, porque cualquier objetivo que nos propongamos en la vida está encaminado a su logro de acuerdo a la fuerza de voluntad que emana desde nuestro interior. El trabajo es individual al igual que la proporción de la fuerza de voluntad.

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Miguel Ángel había encontrado un bloque de mármol frente a él y lo primero que dijo fue que todo lo que tenía que hacer era simplemente quitar aquello que cubría la figura que tenía en mente y que ya estaba dentro del bloque en ese momento. En el año 1501 comienza a trabajar en un enorme bloque de mármol blanco y fue construyendo con mucha paciencia y perfeccionismo a la escultura que toda Florencia llamaba “El Gigante”.

El 25 de enero de 1504 la estatua se encuentra casi terminada y se decidió colocarla en uno de los lugares de mayor valor simbólico de la ciudad de Florencia, como lo fue “La Piazza della Signoria”. Luego en el año 1872, atendiendo a las precarias condiciones de conservación, se decidió trasladarla a la Galería de la Academia de Florencia.

La representación del David de Miguel Ángel, aparte de demostrar ante nuestros ojos que somos imagen y semejanza de la perfección, representa a la vez a todo lo abstracto que muchos jóvenes en las actuales circunstancias a veces no son capaces de ver, incluso en la lucha por la batalla cultural. Miguel Ángel retrata a un David que está representando al momento de la concentración plena antes de la batalla. Los músculos de su cuerpo son poderosos, fuertes, pero aun en reposo, capaz de transmitir la sensación del extraordinario poder físico. La expresión de su mirada penetrante revela una fuerte concentración mental, manifestando así la fuerza intelectual que se suma a esa fuerza física.

En el año 1494, Florencia se había levantado en contra de los Medici, cuyo máximo representante, Pedro II de Medici, heredero de Lorenzo el Magnífico, había capitulado frente al ejército francés de Carlos VIII.  Acto seguido, expulsaron a los Medici y crearon la Segunda República de Florencia.

En dicho contexto histórico, la República de Florencia era consciente de las amenazas que la rodeaban. Por lo tanto, vieron al David de Miguel Ángel como un símbolo perfecto ya que transmitía aquel valor inquebrantable y necesario, la fuerza inesperada y la perseverancia política que caracterizaba a la cuna del Renacimiento.

La representación del David de Miguel Ángel, aparte de demostrar ante nuestros ojos que somos imagen y semejanza de la perfección, representa a la vez a todo lo abstracto que muchos jóvenes en las actuales circunstancias a veces no son capaces de ver, incluso en la lucha por la batalla cultural

Para evitar poner el peso de la estatua en el lado izquierdo del bloque más débil, Miguel Ángel colocó todo su peso en la pierna derecha, la cual se encuentra fortalecida por un pequeño maletero. Lo que aquí el artista representa es un cuerpo atlético en pleno apogeo físico, es decir, en la cima de la fuerza juvenil, y es en esa cima en donde se eleva nuestro futuro como sociedad, un futuro que actualmente se encuentra infestado de imposiciones que siguen intentando suprimir no solo a nuestra libertad de pensamiento sino también a nuestra libertad de vida.

El héroe bíblico estaba listo para enfrentarse al gigante Goliat, quien jamás lo podría tomar desprevenido, y es por esta razón que vemos a David sosteniendo una honda de fuste en su mano derecha, con la que derrotará al enemigo. La piedra que forma parte de ella, la que representa al intelecto, y al crecimiento y desarrollo personal que son necesarios para poder dar batalla a nuestros enemigos de gran porte, similares a Goliat, tal como un gobierno enorme y deficiente, con el cual nos encontramos en una batalla constante por la violación de nuestras libertades que se encuentran avasalladas por el poder ejercido de parte de tiranos disfrazados de demócratas.

Los detalles de la escultura de mármol son dignos de admirarlos con detenimiento: la torsión del cuello atravesado por una vena, la estructura de los tendones, las venas de las manos y pies, la tensión muscular en las piernas y la perfecta musculatura del torso. ¿Podríamos reflejar tanto perfeccionismo en nuestras ideas y acciones actuales? O para no ir tan lejos, ¿la podemos reflejar en nuestro nivel de responsabilidad y en la defensa de nuestra libertad? Para responder a estas preguntas que se han hecho muy dubitativas en nuestros días, necesitamos erigir en nuestro interior a David, y luego hacerlo parte de la custodia de nuestras libertades, por más pequeño que parezca ante un gigante avasallador, tiene la fuerza individual necesaria para corresponder incluso a la fuerza colectiva que se encuentra en constante lucha contra cualquier tipo de opresión y tiranía moderna. El David simboliza al triunfo de la maña sobre la fuerza, la valentía y la perseverancia.

Miguel Ángel dijo:

“Il più grande pericolo per molti di noi non sta nel fatto che i nostri obiettivi siano troppo elevati e quindi non riusciamo a raggiungerli, ma nel fatto che siano troppo bassi che li si raggiunga”

«El peligro más grande que corremos muchos de nosotros no se encuentra en trazarnos objetivos muy elevados que no vamos a poder alcanzar, sino que el peligro real radica en trazarnos objetivos muy básicos y cómodos que son fácilmente alcanzables«.

Es por esto que Miguel Ángel Buonarroti simboliza el despliegue de una personalidad digna de admirar al igual que sus obras. Un ser conformista jamás podría llegar tan alto en su legado a la humanidad.

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