14/06/24

No todo es color de rosas en el país donde el transporte público es gratuito

Luxemburgo es un pequeño pero peculiar país por muchas razones. Por su enorme riqueza, por su pasión por los concesionarios y porque puedes moverte en transporte público por su capital o cualquier otra ciudad o pueblo de su reducida geografía sin pagar ni un solo euro.

La medida fue tomada para proteger la sustentabilidad del Gran Ducado, el segundo país más pequeño de la Unión Europea con 600 mil habitantes y 2586 kilómetros cuadrados.

Con la medida las autoridades pretendían paliar los problemas de congestión del tráfico, reducir las emisiones contaminantes y equilibrar de paso las desigualdades sociales del país. «Se trata de una medida que beneficia a los ciudadanos y que mejora enormemente la imagen y el atractivo del país«, aseguró al respecto al anunciarlo el liberal primer ministro de ese país, Xavier Bettel.

Además, Luxemburgo es un país rico. Muy rico. Según el FMI su PIB Per cápita es de 146.260 dólares por persona, lo que lo sitúa a la cabeza del ranking, por delante de Singapur o Qatar. Pese a ese dato o de sus altos salarios, la nación ha tenido que lidiar con un aumento de las desigualdades económicas: en 2020, cuando aprobó la gratuidad del transporte público, el 13% de la población activa y el 10% de los jubilados estaban en riesgo de pobreza. Como telón de fondo están además los objetivos de neutralidad climática, que plantean reducir las emisiones contaminantes en un 55% ya para 2030.


Pero experimentar un gran crecimiento económico también genera problemas, como tener un mercado inmobiliario completamente saturado, situación que está llevando a muchos ciudadanos a buscar una vivienda asequible más allá de las fronteras del país, en los países vecinos. En 20 años la población luxemburguesa ha aumentado más de un tercio, siendo la mitad de los ciudadanos extranjeros.

Hace poco EuroNews tomó el pulso de la medida in situ para hacer balance de sus tres primeros años y constató varias ideas interesantes: la satisfacción de los residentes y una reducción de los atascos, al menos en hora punta y las calles del centro de la capital.

Hay indicadores que señalan sin embargo que el saldo general tiene muchos más matices.

Por ejemplo, ni siquiera la gratuidad de trenes, tranvías y buses ha servido para librar las carreteras de vehículos. Hace un año Bloomberg revelaba que, según el punto que se analizase, la congestión en las calles había sido en mayo equivalente o incluso mayor a la del mismo mes de 2019. El dato es interesante porque se midió tras dos años de gratuidad y con la pandemia remitiendo.

La popularidad de los coches a lo largo del país no solo se explica por su proliferación en los garajes del Gran Ducado. Si hay tantos es en parte por cómo funciona su economía.

Hace poco, en un artículo titulado ‘Transporte público gratuito en Luxemburgo, pero el coche sigue siendo el rey‘, el periódico The Straits Times aportaba una dato crucial: los trenes y buses que esos trabajadores toman en Francia, Bélgica o Alemania no son gratuitos hasta que cruzan a Luxemburgo, lo que ya ha llevado a políticos del Gran Ducado a plantear soluciones, como por ejemplo un parking en la frontera.

No es el único desafío que debe afrontar la medida si quiere triunfar. Bloomberg apunta otros factores que pueden llevar a los viajeros a mantenerse fieles al coche, a pesar incluso de que la alternativa del tranvía o tren sea gratuita: vagones y buses abarrotados, retrasos y cancelaciones o la comodidad. El propio Plan de Movilidad prevé que el número de vehículos de circulación en Luxemburgo aumente un 6% para 2035, porcentaje se explica en parte por el alza de la población.

Según Luxembourg Times, el plan de transporte público gratuito costará a los contribuyentes 800 millones de euros este año, una cifra que se explica al menos en parte por la inflación, el encarecimiento de la energía y una mayor demanda de viajeros con necesidades especiales.

«El incremento se debe en su mayor parte al de los costos, los precios de la energía y los tramos de índice resultantes», explica el ministro François Bausch. En 2020 se apuntaba a que el plan añadiría 41 millones a los costes anuales del transporte.

Por último, uno de los grandes problemas que se ha encontrado la política de gratuidad total en Luxemburgo es que coincidió con la pandemia, lo que complica valorar su alcance real, al menos durante sus inicios. RTL Today aporta sin embargo algunas pinceladas valiosas: el flujo de viajeros en los trenes experimentó un alza constante entre 2005 y 2019, cuando alcanzó un máximo de 25 millones de personas. En 2020, ya en plena crisis sanitaria, se experimentó un retroceso que lo hizo bajar a 14,5.

En 2021 el balance fue de alrededor de 16,6 millones de pasajeros y el año pasado de 22,1. 

En cuanto a los tranvías, la demanda ha experimentado también un aumento constante desde 2017, con el parón de la pandemia, si bien sus últimas cifras son llamativas: si en diciembre de 2018 registraba un promedio de 22.065 usuarios por semana, durante el mismo mes de 2022 se disparó hasta los 88.200.

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