22/04/24

El presidente Milei y las 96 horas en la ruleta rusa

Como un adicto a las emociones violentas (y muchas veces inconvenientes), el Presidente Javier Milei vivió 96 horas subido a un rush de adrenalina de poder. Como un prestidigitador, hizo equilibrio para sobrevivir a la guerra a cielo abierto entre la administración Biden y su enemigo designado, Donald Trump.

Horas antes no tuvo más remedio que mirar a la cara a una de sus «victimas» de plagio para su libro «Pandenomics», nada más ni nada menos que Gita Gopinath, la número 2 del Fondo Monetario Internacional, tan poderosa que tiene en sus manos la palanca que acciona el respirador artificial que mantiene con vida a la Argentina.

Y como si esas turbulencias emocionales fueran apenas fuegos artificiales, el Presidente dedicó buena parte de la madrugada del domingo desde Washington a «prender fuego a lo bonzo» (literal) su relación con los seis gobernadores de las provincias patagónicas que lo desafiaron a que les devuelva dinero (incautado) de la coparticipación, o le cortarán el suministro de gas y petróleo.

Desde varias semanas antes que se confirmara su presencia en Washington para la cumbre ultraderechista de Trump, el Presidente recibió una catarata de advertencias para que rechazara el convite, todas llevaron la firma de un único emisor: la administración Biden.

Desde el mismísimo jefe de la Embajada, Marc Stanley hasta Gerardo Werthein (el nexo desde hace 30 años con el poderoso en influyente matrimonio Clinton), todos los emisarios tocaron la misma canción: no photo con Trump. Y para evitar esa foto «comprometedora» el único remedio expeditivo era no viajar a Washington a la cumbre global de la ultraderecha, conocida por el sello CPAC.

Cuando el Presidente Milei confirmó que no quería quedar afuera de ese club liderado por Trump, porque para su estrategia de política internacional era tan vital estar en el CPAC como lo habían sido Davos, Jerusalén o El Vaticano, la Casa Blanca activó su protocolo de emergencia y el viernes pasado llegó a la Argentina el secretario de Estado Antony Blinken.

Vino con una misión: evitar que Trump sumará a Milei a su álbum de fans al estilo Bukele. Y para eso era crucial gambetear «la foto» más opportunity del mercado de la política presente. En un sutil – y audaz- gesto que pareció premonitorio, Milei recompensó a Blinken con una foto provocadora: la de un secretario de Estado norteamericano saludando (eso sí, a una plaza vacía) desde el balcón que inmortalizó Juan Domingo Perón. Esa imagen tiene un solo antecedente: el del halcón Alexander Haig que buscaba detener a Galtieri de su cruzada de las Islas Malvinas en el turbulento abril de 1982.
¿Sabía Milei que su «promesa» de no fotografiarse con Trump sería rota al día siguiente, y por eso premió a Blinken con el retrato del balcón de la Rosada?

Aventurarse en una respuesta inflexible entra en el territorio de fantástico. Lo único cierto es que Donald Trump atrasó una hora el inicio de su exposición (algo absolutamente inusual en él) y después extendió su presentación una hora y media. Ese delay trumpista sirvió para que Trump y Milei se cruzaran en el pasillo – como dos amantes furtivos- y dieran rienda suelta a sus instintos políticos.

El anfitrión tendiendo su habitual abrazo del oso. Y Milei apelando a su habitual histrionismo y vociferando «Présidenttttt» en modo cholulismo extremo. Todo bajo el sugerente YMCA de los Village People.

Minutos antes, desde su púlpito de predicador, Trump había elogiado con desmesura a Milei: «usted es MAGA (acronimo de Make Agentina Great Again). Gracias Milei por tenerte aquí. Lo estás haciendo muy bien». El Convención Center estalló en aplausos dejó abonado el terreno para las ovaciones que despertó el presidente argentino un rato más tarde cuando le tocó el turno de demostrar sus dotes de rock start libertario en el edén del trumpismo.

Semejante muestra de feeling de parte del anfitrión fue correspondida con casi un gesto de amor desbordante de parte de Milei: «Espero verlo otra vez, la próxima como Presidente». ¿Se dejó llevar por la excitacion de conocer en persona a uno de íconos? Como quiera que sea, esa frase le puede costar caro si la TV norteamericana (en especial las cadenas trumpistas como Fox News o NewsMax) lo propalaron en las oficinas clave de Washington DC donde los partidarios de Joe Biden miden cada gesto por mínimo que sea.

Lanzado a apostar su vida política en la ruleta rusa de la política internacional, a Milei le debe haber costado tanto volver a la normalidad que sin sueño en la madrugada del domingo, acometió otro mano a mano con la sobrevida o la «muerte» política: y con pasión desenfrenada usó la red X para, Hernan Cortes, quemar las naves y acicatear a los gobernadores patagónicos que reversionando a Charly García se le pararon de manos y le dijeron «somos los que cerramos (los grifos) y apagamos la luz».

Y para que no quedan dudas de su vocación rupturista, se apuró a sumar al bando enemigo al gobernador cordobés Llaryora, al siempre monje negro Mauricio Macri, y al niño mimado del kirchnerismo, Axel Kicillof.
El Presidente en un arranque suicida o genial – todo dependerá de cómo evolucione el conflicto-, decidió a las 04.00 AM del domingo pasado desde la capital imperial que no habrá término medio. «Serán ellos o yo». Y aunque no lo escribió en X, su «jefe espiritual (la todopoderosa Karina) sabe que el Presidente no exagera cuando confiesa que si «la casta» no lo deja gobernar bajo sus reglas, -dijo- «renuncio».


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