29/05/24

“Si se achica el Estado, los primeros damnificados serán los ‘seductores’ con billetera ajena»

Para Alberto Medina Méndez, director del Club de la Libertad de Corrientes, el sistema político clientelista es quien más resiste a los cambios y ajustes que necesita una economía seria. De UPAU y Alsogaray al nuevo formato liberal. Muy crítico de los medios, pero cree que “informarse” por las redes es mucho peor. El ajuste peronista y el triunfo en la batalla cultural.

Visión Liberal Mirando por el espejo retrovisor, ¿qué sentís que pasó (además de 30 años, claro) entre aquel joven militante de UPAU, y éste director del Club de la Libertad en Corrientes?

Medina Méndez – Todo era absolutamente inimaginable visto desde hace 30 años. Inimaginable también como fueron evolucionando las mismas ideas, que ya no son las mismas que en los ’80. El liberalismo de esa época era más “liberal clásico” en términos históricos. Este de hoy tiene más variantes, mas vertientes, el otro era más compacto.

También es cierto que aquel era otro mundo, otra Argentina, con otro tipo de debates. Este liberalismo es más abierto en alternativas, inclusive en términos electorales tiene nuevas vertientes para ofrecer.

VL ¿Y cuál te gusta más? ¿Aquel más romántico e ideológico, y de alguna manera más intenso en la cuestión de las ideas o éste?

MM – Yo era distinto. A los veinte años se ven las cuestiones muy diferentes a como las percibís a los 50 años. Aquello era más bohemio, probablemente con más mística pero también y al mismo tiempo, menos racional, más emotivo, y éste es más analítico, con más elementos que hacen que uno piense las cosas de otra manera. En aquel tiempo estábamos entusiasmados con el regreso de la democracia, la posibilidad de expresarnos públicamente, de ir a una elección que era algo absolutamente novedosa. Había una participación democrática de esa generación muy entusiasta, cualquiera sea la idea que uno tuviera…

VL Los jóvenes liberales tenían a Alvaro Alsogaray como figura emblemática

MM – Si, es cierto, estaba Alsogaray, pero había un elemento que se perdió ahora. Alsogaray era un representante de las ideas de aquel tiempo, pero no era un líder carismático en el sentido tradicional de la palabra, y el peso político de las provincias era mayor por aquello del Colegio Electoral. Entonces, la famosa Alianza de Centro que en el ’89 sacó alrededor del seis o siete por ciento de los votos en la elección general donde Carlos Menem se consagró presidente, era una alianza de centro que tenía muchos partidos políticos, donde la UCeDe era una especie de eje.

Pero si lo vemos en términos numéricos, la UCeDe tenía un peso relativo en el contexto del resto de los partidos, porque en esa alianza estaban el Partido Demócrata, el Demócrata Progresista, los partidos provinciales como el Renovador de Salta, los “Gansos” en Mendoza, el Partido Conservador de Buenos Aires…

«Había una especie de alianza más genuina en una época donde los partidos políticos tenían una gravitación que hoy no tienen».

Los liderazgos eran importantes pero los partidos funcionaban como tal y por lo tanto, había una vía institucional detrás de cada partido político. No era solamente el líder que tenía un montón de seguidores, sino que eran instituciones partidarias que funcionaban. Entonces, me parece que aquella Alianza de Centro de los ´80 era la versión menos personalista y más institucional de todos los partidos políticos, porque le pasaba también al peronismo, o al radicalismo, que funcionaban como partidos y eso hacía que el país fuera más federal que ahora.

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VLBuen punto. Uno de los partner uruguayos de la Fundación Naumann decía que Uruguay le saca ventaja a la Argentina porque los partidos políticos están bien conformados y la gente tiene arraigo en los partidos. ¿Cuánto crees que contribuyó la reforma constitucional del ´94, para que los partidos y alianzas políticas en la Argentina se atomizaran?

MM – Conviven dos fenómenos. Uno, es de orden global, que tiene que ver con la necesidad de que la política busque líderes de mucha popularidad. Que tiene que ver, a mi juicio, con el cambio tecnológico que multiplicó exponencialmente los medios de comunicación y la creación de las redes sociales. Todo ese combo hizo que para un político sea muy difícil llegar a todos los públicos y la única forma de lograrlo sea a través de outsider, influencers, personas que están en todos los medios de comunicación, sean tradicionales o nuevos.

⛳⛳ “La clave del éxito uruguayo es ser confiables y tener partidos políticos fuertes”

Y por otro lado, veo un fenómeno más doméstico, que es el desapego por la vida institucional de los partidos políticos. Tal vez, en el caso de Argentina, le agregaría que acá los partidos políticos se han ganado el desprestigio. No es que la gente se alejó de los partidos porque tenía una idea mejor en la cabeza, sino porque los partidos no han logrado resolver los problemas de la sociedad.

Entonces la gente no siente que sean instituciones que dan respuestas y busca otros caminos, no necesariamente mejores. Abandona lo conocido porque se da cuenta que no funciona. Además, los partidos se han convertido en la Argentina en maquinarias meramente electorales. En los ’80, los partidos políticos tenían vida institucional propia y debate político propio. Recuerdo tener veintipico de años e ir a una reunión de partidos políticos y había debates muy vehementes sobre temas no electorales. Discusiones del momento como el plebiscito sobre el Canal del Beagle, por ejemplo, y la discusión sobre la posición argentina con respecto al conflicto limítrofe. Y ese debate se daba en todos lados. Hoy se daría en redes sociales, o se daría en cualquier ámbito menos en un partido. Y si un partido convocara a una reunión para hacerlo, iría muy poca gente.

«Hay un desapego por la vida institucional de los partidos políticos»

«En Argentina, los partidos se han convertido en maquinarias meramente electorales».

VL – Que la realidad sea esta es un reflejo de una decadencia institucional.

MM – Hay mucha responsabilidad de los líderes, porque el vaciamiento de los partidos políticos tiene que ver con una actitud premeditada. Cuando al que gana una elección le conviene que su partido esté desactivado para no tener cuestiones internas, bueno, es como una profecía autocumplida: el partido no funciona porque el líder de ese partido no quiere que funcione y lo quiere reactivar cuando está en la oposición.

Ahí quiere darle otra vez contenido al partido pero claro, se perdieron en el medio años de falta de militancia, de falta de renovación partidaria, de vida institucional de sus partidos renovando sus cuadros. ¿Y quienes aparecen? los más audaces, los líberos, los jefes territoriales y la política pierde calidad y la gente le da menos credibilidad a la dirigencia política y sabe que no necesariamente dicen lo que piensan sino lo que tienen que decir por conveniencia. Hoy la sociedad está más dispuesta a acompañar causas e ideas y no partidos.

VL – En los últimos quince años hubo movimientos muy fuertes como el feminismo o los a favor o en contra del aborto, por ejemplo.

MM – Es que también hay cuestiones ideológicas que han girado hacia causas, como la del feminismo. Pero también hay mucho debate y discusión con las cuestiones vinculadas a lo ambiental, a los temas de género, de sexualidad, al cuidado de los animales. Hay debates que son “causas”, que son las que generan movilización a la discusión, como el aborto, por ejemplo. Pero sin formato de líderes. Y también hay que decirlo: con bastante pobreza argumental en muchos casos, con cuestiones más de orden emotivo y de sesgo de confirmación, donde la gente sigue lo que seguía antes y no analiza demasiado si hay argumentos a favor o en contra, sino una cuestión más de piel.

VL ¿Cómo es “ser liberal” en Corrientes, una provincia gobernada por el radicalismo, pero que tiene hábitos y conductas bastante populistas?

MM – Corrientes tiene una historia particular. Es difícil mirar la Corrientes de hoy con el prisma de ahora y olvidarse de lo que fue en términos históricos. Corrientes fue una de las provincias fundadoras de esta Nación, de esta Confederación de Provincias que se decidieron unir para conformar un país. Una provincia que ha sufrido muchas batallas, que ha tenido enfrentamientos significativos, nacionales e internacionales dentro de la patria y fuera de la patria.

VL Si Argentina entra en guerra, Corrientes la va a ayudar», decía un viejo axioma

MM – Claro, eso tiene que ver con los orígenes. Es una provincia importante, no es una provincia menor. Hoy la encontramos, en un montón de indicadores, después del número 20, pero en un tiempo fue protagonista de la Argentina. Era exportadora, pujante, histórica por la cantidad de años que tiene la fundación de la capital. Inclusive por su conformación original: acá vinieron los españoles, la corriente fundadora de Asunción, y durante mucho tiempo vivió acá básicamente la primera camada que después se mestizaron con los indígenas locales. No tuvimos las corrientes migratorias que tuvo el resto de la Argentina.

VL Ni españoles ni italianos, ni “turcos” llegaron en masa, como ocurrió hasta Córdoba, Tucumán, Entre Ríos o Misiones.

«Corrientes es más liberal que el resto de las provincias. Se defiende la actividad comercial y el campo no está mal visto»

MM – Exacto. La proporción de inmigrantes de la última camada es mucho más baja que en otras provincias y eso influyó en algún punto en su formación ideológica. La definiría como una provincia conservadora en el sentido de la Generación del ’80 más que en sentido contemporáneo, y por lo tanto tiene una cierta inclinación a defender ideas -inclusive en todos los partidos políticos- más federal, de autonomía, de orgullo correntino. Eso explique probablemente el despliegue político distinto al de Chaco, Formosa, o Misiones. Corrientes, comparándolo con la región, es una provincia un poco más liberal que el resto, en términos de las ideas.

«Ser liberal hoy en Corrientes es pararse en el lugar de la institucionalidad, dar debates incómodos»

Se defiende la actividad comercial, y el “campo” no está tan mal visto como en otros lugares, y eso probablemente explique la configuración política presente. Pero son otras las batallas que hay que dar: el populismo atravesó a toda la Argentina, a toda América Latina, es una nueva forma de hacer política que han encontrado los líderes, más demagógica, mas populistas en el sentido de culto a la personalidad del líder de turno, más concentradora de poder, menos republicana. Entonces la batalla es otra. La batalla es tratar de sostener los pilares institucionales, el balance de poder, evitar la concentración, luchar contra los esquemas hegemónicos en materia de medios de comunicación que siempre tienen un peso específico en las provincias por la pauta oficial e influye mucho más proporcionalmente que en el resto del país.

Ser liberal hoy en Corrientes implica eso, pararse en el lugar de la institucionalidad, dar los debates más incómodos para la provincia, que no suele ser muy flexible en términos de discusión, pero como estamos en Argentina tenemos que mantener la doble batalla, pelear en el ámbito nacional porque sigue siendo un país -sobre todo en lo económico- muy unitario. La macroeconomía depende más de lo que pasa en Buenos Aires que en Corrientes entonces tenemos la inflación que tenemos, las restricciones para el comercio internacional, el condicionamiento político para el acceso a la deuda. Todas esas cuestiones son heredadas de la configuración nacional cualquiera sea el gobierno que esté.

VL – Dijiste que Corrientes era más liberal que tus vecinos, y de hecho tuvieron un Pacto Autonomista Liberal en el gobierno. ¿En la calle, en qué se nota ese espíritu liberal?

MM – Hay varias cosas en las que se nota. Hay dos provincias que se parecen mucho socioeconómica y poblacionalmente: Chaco y Corrientes. Las dos tienen un millón cien mil habitantes, las dos tienen una capital de 400 mil habitantes, las dos tienen estándares de comparación en un montón de indicadores: pobreza, mortalidad infantil, escolaridad. Podes poner una al lado de la otra y los números no son tan distintos. Pero por ejemplo Corrientes tiene 70 mil empleados públicos y Chaco 100 mil. Las empresas proveedoras de servicios al Estado son estatales en Chaco y en Corrientes, hay mixtas. Agua, por ejemplo, en Corrientes es una empresa privada, en Chaco es pública. Los sistemas de cooperativas funcionan mejor en Corrientes que en Chaco. Hay más actividad privada. La informalidad está más protegida que en Chaco, donde está más perseguida; en el sentido que se deja trabajar. En la cuarentena Corrientes no admitió tanta cuarentena como en Chaco y Formosa. No es que el gobernador no haya querido, pero no había plafón social para ese tipo de prácticas. Los gobiernos te encierran hasta donde la gente se deja encerrar y eso se notó muchísimo en la pandemia. Tenemos un sistema de salud privado muy potente y un sistema público también potente que convive. En Chaco está más concentrado. Ahí te das cuenta que hay un sesgo de mayor libertad económica, o menos injerencia del Estado. En la ciudad de Corrientes hay 15 escuelas privadas, en Resistencia hay 3.

VL – ¿Cómo “vendés” el Club de la Libertad?

MM – Está muy bien aplicado el término. El mercado de las ideas es un mercado como cualquier otro. Para nosotros, lo más importante es lo institucional y en eso estamos trabajando ahora, en políticas públicas. En convertir al Club no solamente en ser defensor de una idea, sino también en ser un promotor específico de ideas que se derivan en políticas públicas. Estamos muy metidos ahora estudiando la reforma del sistema electoral correntino que es bastante opinable y cuestionable. Y que queremos evitar que se transforme en un esquema como el que tienen montado Formosa o Misiones: una suerte de Ley de Lemas con todo lo que eso significa. Pero al mismo tiempo Corrientes no tiene primarias como si tiene Chaco, entonces eso evita que haya candidatos internos en los frentes políticos y eso no es bueno para la democracia local.

Estamos muy metidos en temas vinculados a la reforma educativa provincial, hay margen y plafón para proponer reformas que podrían pasar el tamiz de la política.

VL – O sea, ser un verdadero “think tank” que influya en las políticas públicas.

MM – Si hay un pecado que tenemos nosotros hoy, es no haber logrado -en nueve años de existencia- convertir nuestras ideas en una política pública concreta. No es que creamos que vamos a reformar la sociedad ni cambiar la provincia, pero sí aspirar a ser un actor que esté en el medio de la discusión, que sea convocado para discutir ciertos temas y que eventualmente consiga cambios en sentido positivo. Hay un montón de cosas que la provincia hace mal porque está condicionada por la macro nacional, pero hay otras cosas que hace mal por “mérito” propio. Y ahí es donde tenemos que ver cómo aportar para levantar un poco la vara y ayudar a que la discusión esté en otro nivel.

VL – ¿Por ejemplo?

MM – El sistema educativo. El 95% es provincial. Las escuelas, los docentes, la formación docente, todo es provincial no nacional, no es un resorte que dependa de Nación. La verdad es que la calidad educativa depende de la provincia y ahí queremos meter nuestro aporte y ahí es donde podemos ser más útiles.

VL– ¿Cómo vivió Corrientes el atentado contra la vida de Cristina Kirchner?

– Para Corrientes, como para muchas provincias, es un tema lejano. Primero porque en Buenos Aires se vive una suerte de microclima propio de la ciudad y de lo que pasa en el AMBA. Y esto es muy razonable cuando uno vive ahí. Pero cuando estás a mil kilómetros, la realidad tiene otro formato y te impresionan estas cosas como a cualquier ser humano normal que ve una tragedia o una situación extraordinaria.

«Me da mucha tristeza lo que pasó (con Cristina Kirchner) porque siento que vivo en un país que todos los días pierde más lugares»

«Lo que le sucedió a la vicepresidenta es una tragedia. Pero, lamentablemente es objeto de manipulación política de un lado y del otro»

En términos personales me da mucha tristeza lo que pasó porque siento que vivo en un país que todos los días pierde lugares y se empieza a parecer a los peores no a los mejores. Y éste es un síntoma más, con toda la gravedad que puede tener.

Y respecto a las implicancias políticas, sigo pensando que es un tema de microclima, del Círculo Rojo. La gente tiene preocupaciones más terrenales y está bien que así sea, porque nosotros podemos conversar de esto porque estamos tranquilos que vamos a almorzar y cenar y no nos preocupa si la semana que viene vamos a entregar el departamento porque no podemos pagar el alquiler. Pero no es la situación de muchos argentinos que tienen otras batallas todos los días. Es razonable que se metan, vean lo que pasó, fijen una posición y sigan con sus vidas. Creo que en eso los medios de comunicación no ayudan. De un lado y del otro estamos bombardeados por cuestiones “importantes” que no son las más importantes. Entre el atentado a Cristina y la muerte de la Reina Isabel ese bombardeo que tuvimos no ayuda a poner la energía en el lugar correcto. Y repito, lo que le sucedió a Cristina Kirchner es una tragedia. Pero, lamentablemente es objeto de manipulación política de un lado y del otro, cada uno le está intentando sacar provecho como mejor le parece. Ya veremos si se logra esclarecer, y tengo la sensación que se está avanzando para saber más del asunto. Es importante vivir en una sociedad que busca la verdad, independientemente si me gusta o no, es cómoda o incómoda. Eso sí me reconciliaría.

VL – La verdad siempre es incómoda pero no deja de ser redentora.

MM – Por lo menos ayuda a evolucionar, porque si uno se queda con historias falsas y construís desde ahí la realidad, te parás en algo que no se ajusta al mundo real. Una de las cosas que más me han impresionado de este incidente, es que a las 24 horas todo el mundo sabía lo que pasó. Lo cual es muy loco porque nadie sabía lo que pasó. Solo podíamos tener percepciones, prejuicios, «creo que…», «me parece que…» pero el lenguaje fue «pasó tal cosa». Es una falta de apego a la verdad, a mi juicio, que es muy peligroso como sociedad. No importan los hechos sino las interpretaciones de los hechos. Y los hechos pasan a ser cuestiones absolutamente irrelevante. Y que lo diga “doña Rosa” o “don Juan” no pasa nada. Pero que la dirigencia entre en ese juego, que es la que tiene que tomar decisiones más relevantes, es muy preocupante. Significa que hemos caído en manos de gente que no quiere conocer la verdad, sino imponerla. Y eso me asusta un poco.

VLPareciera que los medios y el liderazgo político están en la mira. Y que a medida que pasa el tiempo están cada vez peor.

MM – Están cuestionados por la sociedad, con los riesgos que eso significa. Esto es como la física: dejas de seguir a alguien y pasas a seguir a otra “cosa”. Dejas de mirar un canal de televisión y te informas de otra manera. Y no necesariamente lo que reemplaza es mejor. Hay otros riesgos. Lo que pasa en redes sociales se convierte en verdad. No sé que es peor: si un medio de comunicación malo o una red social mentirosa. 

VL Hoy muchísima gente se “informa” por Instagram, Facebook o Twitter…

MM – Creen lo que pasa ahí y toman eso como verdad. En todo caso, hay una tarea de introspección que tienen que hacer los medios de comunicación porque la gente está más avispada y no se come cualquier verso. En todo caso, lo que hace la gente es consumir los medios que se ajustan a su sesgo ideológico para validar su visión y se retroalimentan de lo que ya piensan. Eso pasó siempre, la diferencia es que no hay un sector de institucionalidad que diga: paremos la moto acá, veamos que es cierto y qué no.

Este sistema binario de razonamiento, esta lógica que es todo blanco y negro no nos deja ver los grises y en general, la verdad suele estar en los grises y no en los colores sólidos. Los seres humanos en general somos una combinación de virtudes y defectos en proporciones diferentes. 

VL Los “males” que repasamos en la charla se replican en casi todas las democracias occidentales. ¿Compartís esa percepción?

MM – Coincido. La diferencia para mi pasa (más en EE.UU. que en Europa) por los mecanismos institucionales de Estados Unidos, que minimizan el impacto de los desmadres y dislates. No porque no los tengan: la política norteamericana está pasando por momentos muy complicados, pero al final del día ni siquiera la presencia de un desequilibrado en el poder o de un dirigente político senil alcanza para destruir al sistema. En todos los casos, hay un montón de resortes que funcionan como sistemas de equilibrio. Un dictadorzuelo en Estados Unidos dura poco, en otros países deja un tendal en el camino. Y la diferencia es por el sistema institucional. El sistema institucional norteamericano es más sólido, más robusto y más difícil de dañar.

VL – La última, ¿cómo ves al liberalismo criollo en términos políticos y obviamente en términos electorales?

MM – En términos políticos hay un regreso a las ideas de la libertad, en términos electorales vamos a ver, es una circunstancia eso. No hay que tomarse muy en serio estas cuestiones porque tiene que ver con el contexto local, con lo que pasa en los otros sectores ideológicos. Al final del día hay que mirar con mesura y prudencia los resultados porque puede ser circunstancial. Sí creo que hay un debate más cercano al liberalismo y eso sí tiene que ver con la coyuntura argentina, por eso evoluciona a esa discusión porque nos habíamos ido del mapa del debate racional y creo que el liberalismo aportó una cuota de sentido común a la discusión, sobre todo económica.

VL – ¿Qué en la última crisis de la economía el gobierno haya apelado a la figura de Sergio Massa es de sentido común?

MM – Creo que en la Argentina tenemos torcida esa discusión. En realidad, no está más cerca del liberalismo que del peronismo. Está más cerca del sentido común que hay en cualquier país normal. Vos tenés que administrar los recursos que existen. No podés gastar más de lo que tenés. Eso no es un tema liberal, pasa que en la Argentina los únicos que plantean ese discurso son los liberales. Si te vas a Chile y escuchas a Boric, él no dice que hay que aumentar déficit, o emitir moneda total no importa. Nadie dice eso, ni la izquierda aliada con el Partido Comunista. En Argentina tenemos medio torcida esa cuestión, pero ni en Uruguay, ni en Paraguay ni en Bolivia nadie te va a decir este tipo de discurso. ¿Qué hace Massa? se corre al centro, que es la racionalidad. No lo dice, pero lo hace. Estamos en un ajuste silencioso, que corta presupuesto en los ministerios y nadie dice nada, o lo dicen por lo bajo. El salario real del sector estatal perdió como en la guerra en estos últimos 2 años y eso es una licuación. Claramente lo que hizo el estado fue licuar gastos, metido dentro de una inflación alta. Si hay una inflación del 80% anual y hubo un aumento nominal del 50%, lo que hiciste fue perder el 30%. En una economía estable hubiera sido bajar el 30% del sueldo.

La trampa es que te aumentan, pero menos que la inflación. Y el gobierno recauda con inflación su ingreso, pero cuando tienen que pagar, pagan menos. Un ajuste clásico con las cuestiones pintorescas del peronismo. Eso, para mí, acerca más a nuestras ideas, pero no porque eso sea liberal. Tampoco recuerdo que el peronismo haya sido, como cultura política, deficitario, inflacionista, eso es un fenómeno político relativamente contemporáneo. No recuerdo haber visto un video de Perón diciendo que el despilfarro es bueno. Hay una deformación de este tiempo, de creer que gastar mucho es peronista y gastar poco no lo es. Podemos discutir el peronismo del ´40, del ´50, que hizo con los recursos que tenía, pero no era una cultura inflacionaria como la de ahora. Esto tiene que ver más con el despilfarro que con el peronismo. Y con una forma de hacer política. Los liberales estamos más ajustado a nuestro libreto porque siempre dijimos lo mismo: estado austero, estado mínimo, con poca intervención. Un dirigente nuestro dice lo mismo hace 50 años. Por eso digo que este modelo de gestión Massa se acerca más a la racionalidad: voy, converso con organismos internacionales, me pongo de acuerdo, refinancio, consigo que me tiren una cuerda, acomodo la ecuación local. Tiene que ver con la racionalidad, no es que se alejó del peronismo: los valores del peronismo tienen que ver con valores de orden social y eso es lo paradójico: empobrecer a la sociedad no es peronista. Podemos discutir si el peronismo sabe sacar gente de la pobreza o no, será otra discusión. pero lo cierto es que no son valores ideológicos, yo no lo percibo así.

VL – José Luis Manzano, cuando dejó de ser político para ser empresario, siempre dijo que la Argentina tenía un problema enorme: gastaba unos diez mil millones de dólares por año más de lo que tenía que gastar. Hoy eso debe ser 20 mil millones más.

– Si, y además, tiene que ver con una cultura de manejo irresponsable de la plata ajena. Fuimos tan lejos que ahora retroceder tiene costo político. Y en la propia tropa, ni siquiera en la gente. Lo que no se animan los políticos, en general, es a sacar ingresos a su propia gente. Ni siquiera es un problema de votos sino de mantener la tropa propia con favores, capacidad de distribución y no un tema de la gente necesariamente. Si mañana el Estado se empieza a achicar el primer damnificado no será el ciudadano de a pie. El primer damnificado es el que se queda sin caja para repartir y no sabe hacer política de otra manera ni manejar gente, ni conseguir votos ni llevar gente si no tiene caja. Son todos seductores con billetera ajena y ese es el negocio que nadie quiere interrumpir. Y digo nadie porque les pasa a los “otros” también. Hay una industria que excede la política, que puede ser más burda en una etapa que en la otra, pero con formatos parecidos. Esa es la parte que Argentina no sabe cómo salir sin pagar muchos costos internos. La gente sí sabe. Y ahí ganamos nosotros (los liberales) una batalla importante. La gente común, sobre todo los más jóvenes, ya no tolera el despilfarro institucional. Se dan cuenta que en las oficinas públicas hay tres empleados sentados y sólo uno laburando. En el ripiado de una calle hay ocho personas, pero sólo tres trabajan. Antes hacían la vista gorda pero las generaciones nuevas no, lo marcan

VL – ¿Entonces sos un liberal optimista?

– Si con respecto a esto. Después veremos cómo termina el ejercicio electoral. Pero si creo que un pedazo de la batalla cultural se ganó desde el liberalismo. Hay gente que se dio cuenta que la plata que gasta el estado es de ellos, no del dueño del gobierno. Y le empieza a exigir al dueño del gobierno austeridad. Esa es una victoria en términos ideológicos. El chofer está mal visto, el peluquero en comitivas internacionales está mal visto, no importa de qué partido sea.

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