I ❤ capitalismo: una historia de amor con final feliz

Javier Milei, probablemente uno de los pensadores liberales con mayor presencia en los medios en los últimos tiempos, ha realizado invaluables aportes a la difusión de las ideas de la libertad.  Dentro de los múltiples videos del economista que circulan en las redes hay uno que nos interesa hoy comentar.

Se trata de una charla TED x San Nicolás en la que en apenas 17 minutos Milei nos cuenta “su historia de amor” con el capitalismo y las ideas de la libertad.   

Su relato se estructura en 3 capítulos, titulados “prosperidad”, “justicia” y “belleza”

Cómo no “enamorarse” del capitalismo habida cuenta del enorme bienestar que ha traído a la humanidad. El capitalismo es una auténtica “máquina para la prosperidad”. Durante casi toda la historia de la humanidad la condición “natural” del hombre en general fue la pobreza: Hasta hace apenas poco más de 200 años, el 95% de la población mundial vivía por debajo de la línea de lo que hoy se consideraría “pobreza extrema”. Hasta que apareció el capitalismo de la mano de la revolución industrial permitiendo un aumento fenomenal de la productividad.

Para hacernos una idea de lo que implicó este incremento de la productividad, entre el año 0 y el 2000, el PBI per capita a nivel mundial se multiplicó aproximadamente por 12,9 en total. Pero ese incremento no fue uniforme ni mucho menos. De hecho, entre el año 0 y el 1800 solamente subió un 40%, la mayor parte luego del descubrimiento de América. Pero desde el 1800 en adelante, se advierte una aceleración en el crecimiento. En números: si desde el año 0 hasta el 1800 crecíamos en promedio al 0,2% anual, en el siglo XIX la tasa se triplicó y pasamos a hacerlo al 0,65%. A partir de los primeros 50 años del siglo XX la cifra se elevó al 1%, y en los últimos 50 años del siglo XX, de nuevo se duplicó, ahora al 2,1%, A estas horas el PBI per capita promedio mundial crece al 3%. ¿Qué sostiene esta magia? Para Milei la respuesta es LA LIBERTAD.

En efecto, ese promedio resulta del hecho de que los países más libres presentan un PBI per capita 8 veces superior al de los más reprimidos, a quienes además duplican en crecimiento anualizado. En consecuencia, el ingreso de los ciudadanos más pobres que tienen la fortuna de residir en países libres duplica al de los ciudadanos “de clase media” que tienen la desgracia de habitar en países reprimidos. “Ser cola de león resulta mejor que ser cabeza de ratón”,  recuerda el orador. .

¿Cómo se produce esa magia que nos enamora? Pues bien, el capitalismo cuenta con 5 instituciones centrales, que lo convierten además en el único sistema JUSTO. Esos cinco pilares son la propiedad privada, los mercados libres, la competencia, la división del trabajo y la cooperación social. El núcleo idea central es que con derechos de propiedad y mercados libres, uno puede comerciar libremente, pero sobre todo, bajo un sistema auténticamente capitalista solamente se puede triunfar ofreciendo productos de calidad a un mejor precio.

Afortunadamente, señala el expositor, todos somos diferentes, todos somos desiguales, y ello nos conduce a especializarnos en aquellas actividades en las que somos relativamente mejores, lo que a su vez genera una espontánea cooperación social. Como decía Bastiat “donde entra el comercio, no entran las balas”. La única igualdad en que el capitalismo insiste es la igualdad ante la ley.  Degradada y bastardeada por populismos y socialismos, la idea de la igualdad ante la ley implica que en esencia, ningún derecho puede constituirse en una obligación positiva para los demás.  Sabemos que, a la luz de los principios liberales, los únicos derechos genuinos –a la vida, la libertad y la propiedad- solo exigen de los demás abstenerse de vulnerarlos. Cualquier otro que pretenda añadirse por más que pretenda llamarse derecho no es sino un pseudoderecho. Sostener que hay derecho al trabajo implica en todo caso que no se me impida trabajar, no obligar a alguien a contratarme o a no poder despedirme. Lo mismo con el derecho a la vivienda. Implica que tengo derecho a adquirirla y habitarla o alquilarla, pero no a que alguien me la provea en forma coactiva, individualmente o por medio de tributos.  

En esto debemos acordarnos de Milton Friedman cuando decía “Una sociedad que priorice la igualdad por encima de la libertad no va a conseguir ninguna de ambas, por el contrario, las que prioricen la libertad por sobre la igualdad van a conseguir las dos cosas”

Para cerrar su exposición, Milei enfatiza que al final del día nos encontramos ante una discusión de valores: por un lado está el socialismo, basado en la envidia, el odio, el resentimiento y la desigualdad ante la ley, y por otro está  el liberalismo, basado en el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, la cooperación social, la propiedad privada, y un Estado reducido a sus funciones básicas.

A modo de posdata, si para alguien quedan todavía dudas acerca de la superioridad del capitalismo, solo hace falta mirar alrededor y comparar, poniendo foto junto a foto, los edificios soviéticos y el Empire State, un Lada y un Masserati, una imagen de Nueva York y una de la Cuba urbana.  

La superioridad del capitalismo es imbatible.  Solo hace falta que un poco más de gente caiga en la cuenta.

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