Historia de la serpiente que respeta y libera el sagrado valor de la propiedad privada

En el último lustro en la Argentina, como también en otras partes del mundo, notamos que, en muchas manifestaciones donde el lema fundamental fuese la lucha por la libertad, la vida o los derechos de propiedad, producto de que algún tipo de política vaya contra estos ideales, encontramos a modo de defensa, banderas con una serpiente con el lema “no me pises” o como lo expresa su sigla en inglés “Don´t tread on me”.

El símbolo puede ser claro para muchos que conocemos el significado. Pero para otros, puede no comprenderse su esencia. “Son un partido político”, dicen.

Un poco de historia

La bandera fue creada por Christopher Gadsden en el año 1775 para la marina independentista durante la guerra de la independencia de los Estados Unidos de Norte América.

Pero la serpiente en sí, fue una idea de Benjamin Franklin, quién en 1751 en un periódico de Pensilvania, publicó un artículo burlándose de la deplorable costumbre británica de deportar a sus convictos a tierras americanas. Sugiriendo que en justa correspondencia ellos deberían enviarles a cambio algunas de las abundantes serpientes de cascabel que habitaban en sus bosques.

En 1754 vuelve Franklin a publicar la serpiente de cascabel cortada en ocho pedacitos, queriendo llamar la atención de las ocho colonias americanas, para lograr la unión.

En 1775 sugiere en un artículo que, sería un buen símbolo para representar el espíritu de los colonos americanos. Su ojo no tiene párpados, por lo tanto, sería un emblema de vigilancia permanente.

En el siglo XXI, ¿qué simboliza? ¿Y por qué es tan notorio?

Las políticas llevadas adelante en gran parte del siglo XX e inicios del XXI en América Latina y en Argentina en particular, como fueron los largos gobiernos dictatoriales, quitaron libertades políticas y de expresión (cómo mínimo).  Luego, en el período democrático hemos asistido a una continuación del deterioro del bienestar, pérdida de poder adquisitivo, corrupción política, diseños económicos populistas, aumento de la presión impositiva y regulatorio, altos niveles inflacionarios de manera continua, déficits fiscales crónicos; por nombrar algunos padecimientos.

Esta situación ha sido el caldo de cultivo de una muy pequeña minoría que empezó a cobrar “vida” en el escenario político.  Al principio compuesta predominantemente  por jóvenes,  pero cada vez se extiende mas a través de edades y condiciones sociales.

En parte, el pequeño “Nudge” (empujoncito) lo llevó adelante el último gobierno argentino que, en teoría venía a ser de un supuesto corte liberal en el discurso, pero que nunca se plasmó en la práctica.  Eso potenció aún mas a esta nueva “minoría”, que ya cuenta con cierto grado de representación mediática.

La primera premisa para ellos fue librar la batalla cultural, educativa y de las ideas en los medios de comunicación, en las asociaciones, en las redes sociales, por nombrar algunas vías; para que luego se plasme en el campo político y legislativo en principio.

John Stuart Mill: Toda buena idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción” el asunto es no tener miedo a lo “políticamente incorrecto” y actuar conforme a la honestidad intelectual.

¿Y por qué todo este desafío?

Los medios de comunicación locales insisten en que el libertarismo es “la anti-política. No pueden comprender a estas ideas por “disruptivas”.  Y es que cuando el diseño político de larga data es tan erróneo, es lógico que ni ellos logren darse cuenta. Creen que con hacer un poco de gestión, es suficiente para cambiar la realidad.

Si antes los revolucionarios eran de izquierda, con banderas del Che Guevara, hoy es todo lo contrario. El Che para los jóvenes libertarios, representa a un asesino devenido personaje hollywoodiense.

Pero, atención, la revolución no proviene de tomar el Estado por el solo motivo de ocuparlo y con ello socavar las conciencias de los ciudadanos, sino de la libertad de hacer empresa, de crear, de innovar, del esfuerzo, de que “no te metas con mis ahorros” creándome inflación, no me inventes un impuesto nuevo, y vos, político, no te aferres constantemente en un cargo y alguna vez, aunque sea una vez, andá a laburar al sector privado.

En efecto, no es la ocupación del Estado en sí mismo, ni la ausencia de este, es en cambio trabajar en libertad y cooperar entre ciudadanos y con el mundo, como motor principal de desarrollo.

“El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte”. 

Alberto Benegas Lynch (h)

Por eso, en cada manifestación, si hay peligro de expropiación va a estar la bandera de Gadsden. Si prometen algo a los jubilados que sabemos no se va a cumplir, va a estar la bandera de Gadsden. Si alguien quiere quitar alguna libertad de manera arbitraria, también va a estar allí dicho estandarte. ¿Por qué? Porque es el símbolo de defensa de los derechos de esos ciudadanos que fueron coartados de su libertad.

En esta cuarta revolución industrial, sabemos que si no innovamos, si no comerciamos con el mundo, si no cooperamos, y si no vienen inversiones tanto de los propios argentinos como del mundo, como producto de la falta de garantías y de un marco de respeto por los derechos de propiedad; nos vamos a empobrecer cada vez más.   Bien, aquí también flameará la bandera para denunciar tal situación.

Cada vez para mas jóvenes, la bandera de Gadsden, es sinónimo de soñar un futuro mejor. De libertad económica y social, de un mañana para sus hijos. Para que los emprendedores, que son motor del orden espontáneo ofreciendo al prójimo un bien o servicio de mejor calidad, estudiando, innovando, cooperando, investigando y descubriendo nuevas necesidades, puedan prosperar dentro de un marco institucional donde se respeten los derechos de propiedad.

De ahora en más, cuando estas premisas sean obstaculizadas, frenadas o cercenadas; se activará “la vigilancia permanente” como decía Franklin, y la bandera de la revolución libertaria flameará, para denunciar ese deterioro existencial.

La bandera de Gadsden simboliza la vigilancia permanente a la vida, a la libertad y al respeto de derechos de propiedad.

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