Esa absurda obsesión de protegernos de lo que el mercado logrará de todos modos

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ FUE A LOS FANS HACIA AMAZON

El miércoles 3 de junio, un día después de que HBO MAX removiera Lo que el viento se llevó de su catálogo por considerarla “racista”, la película de Victor Fleming alcanzó el n°1 en ventas en Amazon. Según Variety, el sitio actualmente ofrece también la edición en DVD de dos discos del 70 aniversario de “Gone With the Wind” a partir de $ 29.55, mientras que Amazon Video ofrece la película como un alquiler de HD digital a $ 3.99 y para la compra a $ 9.99.

Mientras tanto, en la lista de películas de iTunes de Apple para los Estados Unidos, “Gone With the Wind” estuvo en el lugar número 5 el mismo dia miércoles 3 de junio. Algunas páginas que comunicaron la noticia, como ESPINOF, evocaron el término efecto Streisand. La expresión tiene su origen en un hecho que involucró el intento de Barbra Streisand de que pictopia.com, retirase una foto de su casa de una publicidad. A pesar de la demanda y la fuerte protesta de Streisand, su intento por sacarla de los medios sólo logró aumentar la cantidad de gente que deseaba verla. 

En tiempos covideanos los gobiernos se obsesionan por las cosas de las cuales el mercado “no puede protegernos”.

Es la dinámica de mercado, la tecnología, y la innovación la que solucionó una decisión basada en el puritanismo bienpensante. Algunas conclusiones: 1) HBO no previó esto en sus reuniones de marketing 2) la gente quería ver la película, fuera racista o no, imantada por el hecho extraordinario de que un canal quite una pieza cinematográfica de su catálogo, ganadora de 8 Oscares, por considerarla “racista”. ¿Acaso la gente operó más como periodista o etnólogo – queriendo ver, ir a ver, pensar aquello de lo cual se habla- y menos como el impecable noviciado anti-privilegios?

Amazon logró que sus clientes eludan la falta de una gran obra. No importó el prurito de personas en proceso de reeducación para comprender sus privilegios blancos. Ahora mismo, mientras escribo estas letras que tal vez no importan a nadie, miles de personas se deleitan visitando la historia de Scarlett O´ Hara, donde sobrevive a la ruina de su país tras la guerra y se vuelve mujer, y donde quiso y fue querida por Mammy, la esclava que al final será casi su madre.

Es imposible hoy sacar de circulación aquello que alguien quiere que circule, y eso es la verdadera “nueva normalidad”.

La corrección política puede morir por causar aburrimiento por sus zonas obvias. Pueden quienes se aburran de ella no querer ver la placa, insertada por editores del presente en la histórica cinta, que explica que es una película de una época más prejuiciosa, que es una película que debido a eso, está llena de prejuicios y estereotipos racistas (discutible), y que eso estuvo mal, y que lo que viven los negros en la película estuvo mal, y que ser racista está mal.

La hipótesis dice que mediante esta revival del recurso didáctico brechtiano del letrero, entenderemos en qué consiste ser buena gente, sensible, progresista. La distribución a la velocidad de la luz que realiza Internet de la información (sí buena, sí mala, sí fake, sí extensa, sí procesada, sí responsable, sí irresponsable, sí seria, sí sensible, sí morbosa, sí falta de ética y elaboración, sí determinante) termina cada día más con la posibilidad de echar sombras sobre un objeto, sujeto, momento, palabra. Hay gente en este mundo que quiere ver Lo que el viento se llevó y Amazon quiere ganar dinero. Para ganarlo nos lleva a la tierra de Tara, donde HBO no quiso llevarnos sin antes vendernos incluido en el paquete una placa de la buena conciencia. Win Win. Hasta que los que se encarguen del catálogo de HBO MAX sean Ministros de Cultura, o algo así, y puedan ejercer con mayor virulencia su complejo de culpa por blancos.

Articulo publicado en el blog del autor

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