Es hora de mirar con otros ojos los “dogmas” sobre PBI y consumo en economía

Con el surgimiento de la política económica keynesiana prevaleciente en este momento, se fue aceptando que la política fiscal por medio de los presupuestos, el gasto estatal y los impuestos, conforman juntamente con el endeudamiento maneras decisivas para afectar la producción, los precios y el empleo. El objetivo: estimular el consumo para así acrecentar el bienestar de la población. La citada secuencia de ideas y medidas se convirtió en algo “sagrado”, un dogma al que no se puede criticar ni tan siquiera tener una mirada diferente.

Así, por ejemplo, la palabra consumo y de su estímulo por parte del Estado es considerado como un objetivo del cual no se puede apartar un gobierno e incluso los sectores empresariales le siguen el juego prestándoles dócilmente su acuerdo.

Es cierto, a productores y comercializadores de bienes y servicios les conviene se incremente el consumo puesto que hace posible nuevas inversiones, cumplir con préstamos, elevar salarios e ingresos empresariales, entre otros. Desde luego, el consumo no es malo. Es el fin de toda producción. El problema, sin embargo, está en que con el pensamiento mainstream (el ortodoxo que ahora se aplica) hacen énfasis en primero gastar para estimular el consumo y luego producir.

Este problema de gastar antes que producir para estimular el consumo tiene como protagonista principal al Estado. El Estado es capaz de gastar sin consideración alguna a que si se han creado o no nuevos bienes y servicios. Y lo hace debido a que tiene el poder de coerción que le permite utilizar los impuestos, la deuda, y los presupuestos, bajo el amparo de la fuerza legal que le permitió conseguir más dinero para que luego sea la población la que se encargue de pagar.

El hecho cierto de gastar sin consideración a la producción es propia de la teoría que deviene del keynesianismo en nuestra época moderna y de este modo logró utilizar una visión errónea del famoso Producto Interno Bruto (PIB) como medida de valor de la producción de bienes y servicios.

Sin embargo, en realidad el PIB no toma en cuenta todo el proceso económico, sino que hace sobresalir el consumo. Es por dicha razón, es decir, que el PIB solo toma una parte del proceso económico (consumo) es que el Bureau of Economic Analysis (BEA) en los Estados Unidos empezó a publicar una nueva estadística, el llamado “Gross Output”, por el cual se analizan todas las etapas del proceso productivo. Las conclusiones al respecto muestran algo que no se ha tomado en cuenta en particular por los gobiernos en países subdesarrollados, como el nuestro. El gasto en consumo, por ejemplo, no llega a la cuarta parte de la economía real. Esto es, muy diferente a lo que usualmente se ha venido considerando y sobre todo por los seguidores de Keynes, quienes dicen que el consumo es de hasta el 70% de la economía. La realidad es bien diferente, es la inversión la que representa un tamaño grande en el valor bruto de la producción y llega hasta a más del 60%.

¿Por qué hago énfasis en esto del consumo? Porque ciertamente es la palabra de moda de técnicos (tecnócratas) políticos y académicos que propalan medidas de intervencionismo estatal mediante el endiosamiento del consumo. Desde luego e insisto en que el consumo no deja de ser importante. Una disminución del mismo afecta a las ventas de las empresas, lo que supone tener que reducir costos y llegar a despidos de trabajadores. Pero lo que está mal es tener que despedir todavía a más gente y dejarlas desempleadas por más tiempo debido a que se aplican ciertas medidas que hunden la economía. Ahora mismo notamos esta situación. Con la desaceleración que terminó en recesión y, por ende, cayeron las ventas, lo primero que se buscó es que el Estado sea el dinamizador de la economía para estimular el consumo, como si fuera el sector público un genuino administrador de capital propio que asume riesgos a su cuenta.

Lo cierto es que solamente en el sector privado se produce en cantidad y calidad suficiente debido al ahorro y la inversión previas. Es tiempo que en Paraguay empecemos a cambiar el eje de las ideas. Elevar la producción, mejorar la productividad, crear más empleos, aumentar salarios e incentivar la innovación se lograrán sacando los lastres que como pesas cuelgan del cuello de cada uno de los paraguayos y extranjeros que vivimos en este país.

Gasto
El gasto en consumo no llega ni a la cuarta parte de la economía real y es muy diferente a lo que usualmente se ha venido considerando al respecto.

Cambiar

Es tiempo que en Paraguay empecemos a cambiar el eje de las ideas. Elevar la producción, mejorar la productividad, crear más empleos, etc.

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