Es hora de abandonar la inacción y pasar al debate y el ejercicio de la libertad

La inacción liberal, entre el miedo y el debate

En los últimos años el liberalismo y las “ideas de la libertad” resuenan en Argentina, generando aires de duda, temor y curiosidad, especialmente entre la juventud. Podríamos hablar del “nuevo auge” liberal o de la batalla cultural; de los grandes debates que nuestro país ha abrazado en este último tiempo (y que, como liberales, nos conciernen); podríamos hablar del avance de la juventud, que ha comenzado a defender la libertad individual con “garras y dientes”; podríamos hablar de economía o de las teorías liberales, entre muchos otros temas. Pero de todos modos, aún teniendo tantas temáticas, tenemos un problema.


El liberalismo es una doctrina muy amplia y con una teoría muy enriquecedora, que nos permite plantear y abordar una gran gama de discusiones. Es más, me atrevería a afirmar que existe en el liberal un gran amor al debate. Cualquiera diría que eso nos da una gran ventaja, y hasta cierto punto, lo hace. Sin embargo, la realidad argentina demanda menos habladurías y más acciones.

El pueblo argentino es un pueblo que tiene años de experiencia escuchando discursos agradables al oído; es un pueblo cansado de debatir sobre el mañana, que necesita urgentemente trabajar por el hoy. No me malinterpretes, no creo que debatir estos temas no sea importante, pero sí creo que ya hemos debatido demasiado y no podemos continuar haciéndolo en un país que tiene cada vez más hambre.

La inacción liberal es un problema serio, no solo porque la “oposición” nos va a pasar por encima, sino porque tenemos una Argentina que necesita dejar de soñar con la libertad y comenzar a experimentarla.

No son pocas las personas, que observando la realidad del país, consideran que la única salida es escapar del mismo. Y sí son pocas, por el contrario, aquellas que quieren quedarse y hacer algo.

Pero, ¿qué significa “hacer algo”?. Para todos implica algo diferente, porque nuestras habilidades no son las mismas; pero también hace referencia a lo mismo: hay que involucrarse y formarse.
Podés involucrarte en una agrupación, asociación o partido; podés hacer un voluntariado y ayudar a otras personas; podés asistir a cursos o seminarios, o incluso crearlos vos y capacitar a otros; podés invitar a otras personas a accionar y movilizarse; difundir utilizando los medios de comunicación o sencillamente hablar con la gente de tu barrio; cuestionar a las instituciones en las que estudias o trabajas, e invitar a tus compañeros a hacer lo mismo; entre miles de otras opciones.

Nuestros aportes son válidos y necesarios, pero si no hay nadie que los lleve adelante con firmeza, estas propuestas se van a quedar donde siempre estuvieron: en el “mundo de las ideas”.

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