En la naturaleza y en la sociedad, la libertad siempre encuentra el camino

La fuerza más imparable que conoce el hombre, es la naturaleza.

Desde la potencia de las estrellas, hasta las plantas que son capaces de destruir las construcciones del hombre con sus raíces, simplemente creciendo. La naturaleza es capaz de destruirnos en segundos, pero no proponiéndoselo, no ejerciendo su voluntad, simplemente dejando que sus componentes se desarrollen.

En dicho desarrollo siempre hay una constante en la naturaleza: la libertad. Una libertad salvaje y sin límites, donde cualquier ser vivo hace uso de sus facultades para alimentarse de su entorno. Por esto último, es innegable que la libertad es el camino predilecto de la vida: ¿acaso es posible imaginar un mundo sin libertad? ¡Y eso que
todavía no se abordó a la humanidad con toda su complejidad!.

Pero, ¿cómo podría desarrollarse la vida en un mundo sin libertad? La única respuesta que se me ocurre, es remontándome a la época donde nuestro planeta se estaba formando, con una naturaleza violenta y voraz, que no daba lugar a ningún tipo de vida, hasta que un día el conflicto cesó, y el planeta se enfrió.

Poco a poco pequeños organismos se fueron formando, juntando y creando nuevos actores en este escenario que era el planeta Tierra. Y así fueron miles de millones de años, creando y destruyendo vida. Debido a este análisis, yo veo a la naturaleza, no como un ente, sino como una mecánica, donde su motor primero, es la libertad.
Es decir, lo que nosotros conocemos como naturaleza, es sólo la mecánica de la realidad. Cuando un animal se come a otro, (y este último) previamente se había comido una planta para seguir viviendo, decimos “Eso es natural”.

Por otro lado, viendo y pensando a la naturaleza como un ente colectivo. Un ente que tiene algún tipo de voluntad. Me parece algo muy distante de la realidad, ya que la naturaleza, en síntesis, es el resultado de una cadena de acciones y reacciones, causas y efectos, sin fin. Podríamos decir que es el mercado fuera del hombre, donde los único valores que ponderan, son la vida y la muerte.

Por suerte la humanidad logró trascender la mecánica de sobrevivir en la naturaleza y logramos construir civilizaciones, sociedades, ciudades y tecnología, como para empezar a vivir.

Esto a su vez, para la vida cotidiana de la Tierra, fue sólo otra reacción, ya que las primeras grandes civilizaciones, habitaban en lugares bastante inhóspitos, y tuvieron que recurrir a su ingenio y a la organización para sobrevivir.

Luego las distintas sociedades también chocaron entre ellas. Podemos ver claramente que el motor de la historia es la competencia: primero de la vida contra la muerte, de la vida contra el ambiente, y ya en la era del hombre, competían las sociedades entre sí.

Volviendo a las primeras sociedades, hay historiadores que hablan del socialismo teocrático en esas civilizaciones. Una organización que solo sirvió apenas para sobrevivir, y que luego derivó en las monarquías; una manera de organización que sigue vigente hasta el día de hoy, de una manera disfrazada. Pero bueno, eso es tema para otra
reflexión.

Quisiera volver un momento a la palabra -monarquía-, por un término que me es interesante, “el derecho natural”. Uno de los puntos clave para justificar la superioridad de algunas personas por encima de otras, completamente alejadas del mérito o la capacidad.

El derecho es (de una manera muy sintética), un aval de ejercer tu voluntad acorde a algún contrato social. Por lo tanto, es una libertad condicional, pero no al proyecto de vida del prójimo necesariamente, como es la base del liberalismo.

El único derecho genuinamente natural que tenemos es el de la libertad, porque es el camino por el cual todo el verde, toda la vida que hoy existe en el planeta se desarrolló. Ya son suficientes las limitantes que encontramos en la realidad como para querer aumentarlas, cerrando más caminos al desarrollo.

La libertad siempre encuentra el camino, desde una planta que quiere echar raíces, hasta una persona que quiere ejercer su voluntad.

Uno puede prohibir lo que desee desde una jerarquía de poder, pero eso no va a parar a quien verdaderamente desee hacer el bien, …o el mal. Por eso la mejor herramienta que existe, y ya fue probada por millones de años en la naturaleza, es empoderar al individuo, para que pueda afrontar su realidad, teniendo una base importante de conocimiento, de la que pueda enriquecerse, para distinguir lo bueno, bello y verdadero. Y así, convivir en paz, con la naturaleza, con otros individuos, y lo más importante, consigo mismo. Por eso, creo yo, que el liberalismo es únicamente una expresión política de la lógica natural en la realidad. Es la naturaleza hecha un ideal abstracto aplicado al hombre.

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