El video que te muestra por qué quedaron verdes de envidia

(Por Iván Orellana) El video animado que nos propone Libertad y Progreso bajo el título “La envidia” nos genera un doble conjunto de reflexiones. Por un lado constituye un auténtico desafío a la autoexploración de nuestras propias actitudes frente al mundo que nos rodea. Por otro nos plantea una interesante mirada sobre los fundamentos psicológicos últimos en que se basan las grandes diferencias ideológicas que distinguen a los liberales de otros grupos, sean ellos socialistas o conservadores.

La propuesta, elaborada en conjunto con “The Atlas Society” concatena así ideas que van de la envidia a la victimización y, pasando por la gran falacia de la justicia social nos conduce a personajes como Karl Marx o Ayn Rand. Por supuesto, gran parte del problema pasa por que para la población en general sigue siendo más conocido el primero que la segunda. Todavía.

En cuanto hace al primer aspecto, el de la indagación personal, resulta aquí relevante analizar cuál es nuestra propia postura ante las cartas que nos ha dado la vida. En términos metafóricos, si vamos a decidirnos a jugarlas o nos vamos a quedar en la queja por lo que nos ha tocado en suerte. Tal como plantea el relato, la victimización es atractiva, pero nos quita poder personal. Toda vez que caemos en ella, nos estancamos y paralizamos.

De hecho, la historia recuerda un meme de cierta circulación en redes sociales, en que bajo la imagen de un pequeño Buda se consigna la leyenda: “hombre que sonríe es aquel que ha encontrado a quién echarle la culpa”. En efecto, si encontramos a quién echarle la culpa, parecería que hemos encontrado una magnífica alternativa que nos libera de responsabilidad. Somos víctimas, somos inocentes. Nuestros problemas se deben a los errores de nuestros padres, maestros, amigos, socios, jefes, parejas, vecinos, o bien la raíz de nuestras crisis se encuentra en la orientación política o económica del país, las tendencias de los mercados internacionales, las guerras del Medio Oriente o los tránsitos de Saturno. ¿Qué podríamos nosotros pobres mortales hacer al respecto? ¡Sólo somos víctimas inocentes! Pero, ¿cuál es el precio de esta visión?  

Pues el precio que pagamos por nuestra inocencia es nada menos que la impotencia. Porque desde la postura de víctimas nada podemos hacer. No podemos cambiar nuestra infancia, ni nuestra historia, ni tenemos el poder de alterar el valor del dólar, ni mucho menos la velocidad de traslación de Saturno. Y entonces sólo nos quedan el resentimiento o la resignación, y mientras razones e historias nos sirven de principio explicativo, nos quedamos en una postura que nos hace “resultado de lo que sucede.” Tengo mil excusas, pero en la vida, o tenemos excusas, o tenemos resultados. ¡Lo que no podremos tener nunca son esas dos cosas a la vez!

En cambio, desde la actitud protagonista, nos hacemos cargo de nuestra posibilidad de acción. Aceptamos la facticidad y nos enfocamos en la posibilidad, generamos, inventamos, probamos, “nos hacemos cargo”. Igual que los protagonistas de esas maravillosas novelas de Ayn Rand a que alude el video, que son La rebelión de Atlas y El manantial.  

“Asumir la responsabilidad”, es “dar respuesta” a lo que nos pasa, desechando la inmovilidad de la queja o la protesta  y preguntándonos ¿qué voy a elegir? Porque no somos “lo que nos sucede”, somos lo que elegimos en cada momento.  Y si no podemos elegir “qué cartas nos tocan”, lo que sí podemos hacer es elegir cómo jugarlas para ser líderes de nuestra propia existencia. 

Y ya entrando el plano de las interacciones sociales no podemos sino recordar el escrito de Alberto Benegas Lynch titulado justamente “Los peligros de la envidia” donde subraya especialmente como es la envidia el sentimiento que se esconde tras la “manía igualitarista”. Hay una célebre carta del ministro de la Corte Suprema de los Estados Unidos Oliver Wendell Holmes, Jr. dirigida al economista de la London School of Economics Harold Laski fechada el 12 de mayo de 1927 en la que se consigna que “No tengo respeto alguno por la pasión del igualitarismo, la que me parece simplemente envidia idealizada”.

Cita el autor en apoyo de su postura a enormes figuras del liberalismo: Friedrich Hayek, quien ha consignado que “La igualdad de normas del derecho es la única igualdad que conduce a la libertad y la única que debe asegurarse sin destruir la libertad”, Ludwig von Mises, apuntando que “La desigualdad de los individuos respecto a la riqueza y los ingresos es una característica esencial de la economía de mercado” o Robert Nozick, que se ha detenido a señalar las incoherencias de la guadaña estatal tendiente a reducir las diferencias de ingresos y patrimonios. O Mencken, explicando que para el envidioso el problema no es la injusticia porque “es la justicia lo que duele”.

Tal vez las tres obras que tratan con mayor rigor y solvencia el peligro de la envidia sean la de Helmut Schoeck (La envidia. Una teoría de la sociedad), la de Robert Sheaffer (Resentment Against Achivement) y la editada por Peter Salovey (The Psychology of Jealousy & Envy, London, The Guilford Press). Definitivamente, después del video, dan ganas de leerlas. 

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