El poder, la rebelión y la protesta en el Estado que pensó John Locke

John Locke, por Martín Krause

En tiempos de cuarentena, nada mejor que aprovechar el tiempo y continuar aprendiendo y creciendo intelectualmente. A tal fin, el ciclo de “Obras del pensamiento liberal” que lleva a cabo la Fundación Libertad y Progreso constituye un gran aporte para estos días de encierro.

El primer webinario, a cargo del destacado economista Martín Krause, realiza un excelente análisis sobre el pensamiento de John Locke, figura fundamental en la historia del liberalismo, y, especialmente, de su “Segundo tratado sobre el gobierno civil”.

Para comenzar, enfatiza su participación como uno de los principales artífices ideológicos de la Revolución Gloriosa de Inglaterra en 1688 -junto con Lord Ashley, Conde de Shaftesbury, dirigente del movimiento whig, que lleva a Inglaterra a la adopción de un sistema gubernamental de monarquía parlamentaria.

Lógicamente, Locke no estaba pensando en el sufragio universal en su época, pero sí promovía la creación de un gobierno representativo que protegiera los derechos naturales: vida, libertad y propiedad. Esta idea permeará luego la Declaración de la Independencia de Estados Unidos incluyendo el concepto de “pursuit of happiness” (búsqueda de la felicidad), eventualmente comparable según el expositor a la del Preámbulo de la Constitución Nacional Argentina en “promover el bienestar general”, esta última, de polémica interpretación.

Unos años antes, en 1680, Robert Filmer había publicado “Patriarca” donde afirmaba que el origen de la autoridad del rey provenía del poder que Dios le había otorgado a Adán. Desde ya, que ni a Locke ni a Krause, ni a nadie en la actualidad aceptaría este argumento.

Pues ¿cómo saber quién es el “descendiente de Adán” correcto al que le corresponde el trono? En definitiva, según los parámetros judeocristianos, todos los seres humanos somos descendientes de Adán y Eva. Y Locke, adelantándose a ciertas tendencias feministas, cuestionaba también al respecto el lugar que esta tesis asignaba a la figura de Eva. Tal vez muchas feministas de hoy simpatizarían con el filósofo inglés, bromea entonces Krause.


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Volviendo a Filmer y su panfleto pro-monárquico, Locke lo refuta en su “Primer Tratado sobre el Gobierno Civil”. Definitivamente, discutir sobre ideas políticas en siglos pasados requería escribir algo más que unos cuantos tweets o posts de Facebook.

A continuación, la exposición aborda la visión de John Locke sobre el “estado de naturaleza” del ser humano, tema que volcará en su “Segundo Tratado sobre el gobierno civil”, caracterizándolo como un estado de libertad, igualdad y cooperación bajo un estado que funciona solamente como agente protector.

Más allá de la comparación con la visión pesimista de Hobbes, lo que el profesor señala es que ciertamente, el estado de naturaleza planteado por Locke fue real.

Y lo es también hoy. El sistema internacional, con estados independientes y sin una autoridad supranacional, es el ejemplo que según Krause prueba acabadamente estas afirmaciones de Locke.

En esta obra, también trata los temas de la esclavitud y la rebelión. Lo que más llama la atención es que el autor plantea que ante un abuso de autoridad por parte del poder, el pueblo tiene no sólo el derecho sino el deber de rebelarse. Una idea que, según el expositor, tengámoslo presente, ya había sido planteada por Juan de Mariana con anterioridad.

En cuanto al concepto de “propiedad” Locke elabora una teoría sobre su origen. Obviamente uno es propietario de sí mismo, y por extensión de su producción, para la cual concurren trabajo y otros recursos.  El trabajo sobre un recurso que aún no pertenece a nadie marcaría el momento de apropiación original. Locke no era perfecto y de sus tesis se deriva que la fuente de valor es el trabajo, cuestión que desarrollarán posteriormente Adam Smith, David Ricardo y eventualmente, Karl Marx. Lo que sí queda claro es que la propiedad da origen a la riqueza.

A modo de cierre, y en tren de ampliar o profundizar sobre la época y el pensamiento de John Locke, aparecen varias lecturas posibles: desde “Patriarca” de Robert Filmer, su antagonista, a los Tratados sobre el Gobierno Civil sobre los cuales se explayó el profesor, y finalmente “Anarquía, estado y utopía” de Robert Nozick, obra que Martín Krause define como una “versión más moderna” de John Locke, padre del liberalismo.

Primera entrega de “Obras del pensamiento liberal”, para coleccionar

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