El mundo “postguerra” y cómo combatir al verdadero enemigo

Luis Pazos es una de las voces liberales más respetadas y escuchadas de México. Como abogado, periodista y escritor y también como director del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa asume el liberalismo como una forma de vida. Alberto Benegas Lynch (h) es referente indiscutido en la Argentina. Sus clases, libros, columnas y debates son un faro en el a veces demasiado convulsionado mar de ideas. Ambos se encontraron en el cierre del Séptimo Congreso de Economía Regional que organiza anualmente la Fundación Club de la Libertad.

En un año particularmente difícil, la charla se centró en dos temáticas puntuales: el mundo postpandemia y la batalla cultural

Luis Pazos: “El mundo postpandemia es como un mundo postguerra. La destrucción no la causó el enemigo sino que fue infligida por los propios gobiernos” (Luis Pazos)

Para Luis Pazos, habría que recordar cómo se levantaron los países europeos después de la guerra: “Pues con políticas lógicas y de sentido común: eliminación del déficit fiscal, apertura económica, seguridad jurídica, respeto del derecho de propiedad, libre empresa. Tal la receta”

Al respecto, apuntó por su parte Benegas Lynch (h) que tal como expuso en su último libro, “Maldita coyuntura”, es imperativo para los liberales imitar el idealismo de la izquierda revolucionaria del Mayo francés de 1968 cuando en su graffiti consignó “Seamos realistas. Pidamos lo imposible”. Y con ello logró correr el eje del debate y marcar agenda.

Abordó seguidamente el tema de la necesidad de eliminar la deuda pública (método de financiación gubernamental que Jefferson hubiera deseado prohibir mediante una enmienda constitucional) instrumento esencialmente inmoral al comprometer en una obligación a generaciones futuras que ni siquiera han tenido oportunidad de votar a quienes la contraen.

Un segundo tema, igualmente crítico, es el de la educación, o el problema “de las cejas para arriba”, como él suele decir, y la necesidad de formar a los ciudadanos en el valor del respeto recíproco al proyecto de vida de cada uno en la medida en que no lesione derechos. El expositor expresó indignación una vez más al referirse a la educación estatal, porque lo de pública o privada son sólo eufemismos en la medida en que las estructuras curriculares vienen determinadas burocráticamente.

Luis Pazos, por su parte, aportó su llamada “Teoría de la carreta”, como representación metafórica de una sociedad donde cada vez son más los que van arriba de la carreta y cada vez son menos los que la empujan. “Las democracias prostituidas invitan a sus electores a subirse a la carreta a cambio del voto mientras que la presión impositiva sobre quienes la empujan se torna insostenible”.

Los números de esa presión, según estadísticas del Banco Mundial, para Argentina, son escalofriantes. Mientras Singapur tiene una presión impositiva del 17%, en México asciende al 55%. En Argentina es del 106%. Lo cual indica que, si alguien efectivamente cumpliera con la totalidad de sus cargas impositivas nacionales, provinciales y municipales, no sólo debería entregar al Estado la totalidad de sus ganancias, sino un 6% adicional. Si Argentina continúa funcionando lo es solamente en la medida de su evasión fiscal.

Benegas Lynch (h) insistió en el efecto devastador de la politización de la educación y propuso una vez más el sistema de vouchers a modo de solución práctica.

Concordando con lo expuesto por Pazos sobre las dificultades argentinas, se subraya que atribuirlas a la pandemia es una mera excusa porque su origen se encuentra en las medidas gubernamentales. Y, como también suele decir Benegas Lynch (h), el problema es el tamaño del Leviatán, A modo de ejemplo subraya el caso de Trump en los Estados Unidos, en que las reducciones impositivas se parecen a los espejitos de colores dados por los conquistadores a los indios a cambio de mitas y yanaconazgos mientras que por otro lado el gasto público aumenta, y con él el déficit y la deuda.  Y volviendo a Argentina, existen dobles y hasta triples imposiciones en un sistema de 170 tributos que incluyen hoy desatinos tales como el “impuesto al viento” de reciente invención     

Otro tema que Benegas propone abordar es el de la prensa. Por un lado, comenta, las discusiones sobre “la distribución de la pauta publicitaria” están intrínsecamente descaminadas, ya que de lo que se trata es de eliminar a TELAM. El problema no es de ejecución. El problema no es “hacer mejor” sino “dejar de hacer”, es eliminar.

El segmento siguiente giró alrededor de los “Ministerios de la Verdad” instaurados a fin de “controlar el discurso”. Y ello así porque ya no existen dictaduras descaradas. No. Las dictaduras de hoy se disfrazan de democracias. El estatismo se instaura en forma progresiva, el Estado se va apoderando de los medios de producción en rol de “empresario”, y los que todavía lo son se avergüenzan de su riqueza.  Particularmente graves son en este caso las confusiones de la oposición que se enredan en estas arenas conceptuales a punto que por ejemplo en Venezuela, los disidentes, en última instancia,  son también socialistas.

Un segmento significativo de la charla subrayó el rol de la libertad de prensa, el cuarto poder, el contrapoder por excelencia, donde, comentó también Benegas Lynch (h), cabe señalar a algunos periodistas con orígenes en la izquierda que han experimentado evoluciones interesantes y despliegan hoy acciones valientes.

Si no queremos, enfatiza el erudito argentino, que el mundo se convierta en un gigantesco Gulag, si ansiamos desterrar las cleptocracias o gobiernos de ladrones, si nuestro objetivo es desarticular la fantasía matemática que hace que 50 más 1 sea 100 y 50 menos 1 sea cero, si aspiramos a impedir que las mayorías atropellen a las minorías, se impone ser creativos. Si para nosotros no caben las dictaduras de un Hitler, un Allende o un Maduro hay que pensar mecanismos que limiten el poder. Hayek ya presentó ideas para limitar al Legislativo, Leoni al Judicial, Montesquieu incluso al Ejecutivo. La invitación es a poner las neuronas en acción y generar ideas“.

Un último tema crucial propuesto por Benegas Lynch para la agenda liberal es la abolición del Banco Central. Ya sea que cualquiera sea el sentido de su intervención (aumentar, contraer o mantener sin cambios) ella altera los precios relativos, únicas señales genuinas para operar en el mercado. Recuerda aquí particularmente la obra de Hayek “La privatización del dinero” y deplora la asociación del concepto de “soberanía” atado a billetes que no son más que un montón de papeles infames. 

Para concluir, y a la luz de la filosofía popperiana con su énfasis en la crítica como base del progreso, el autor argentino convoca a los liberales a pulir el mensaje para mejorar la llegada a las audiencias susceptibles de operar como factores de multiplicación. Y con una emotiva apelación a la individualidad, cierra el congreso con una despedida “borgiana”, donde saluda “a cada uno”, porque “cada uno” es una realidad. El “todos” no es más que una abstracción.

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