El dolor y la alegría según Branden: ¡cuánto trabajo da ser feliz!

El abordaje racional de la felicidad de Nathaniel Branden

Cuenta Nathaniel Branden que, estudiando a las personas felices, se dio cuenta que estas “procesan sus experiencias de modo que, lo más rápido posible, lo positivo se mantenga en el primer plano de la conciencia y lo negativo se relegue a un segundo plano”.


Como le dijo su esposa Devers, a quien utilizó para explicar su abordaje racional de la felicidad: “estoy comprometida a ser feliz”, y para eso “se necesita autodisciplina”.

La felicidad, entonces, no parte de actitudes meramente pasivas, ni de esperar a que pensamientos y sentimientos pasen apurados por la luz de la conciencia como pasan autos por una carretera volviéndose diminutos a medida que se alejan. La felicidad requiere actividad de nuestra parte, decisión y firmeza para abrazar lo bueno, mantenerlo en foco, y no dejar que lo malo se robe el protagonismo y asuma el control de nuestra vida y la dirección del teatro de nuestros actos.

Respecto de la identificación de lo bueno y lo necesario en nuestra vida, a modo de ejercicio práctico, explica Branden: “Puedo resumir aquí la idea clave [de la felicidad] como sigue: Empieza cada día con dos preguntas: “¿Qué hay de bueno en mi vida?” y “¿Qué necesita hacerse?”. La primera pregunta nos mantiene enfocados en lo positivo.

La segunda nos recuerda que nuestra vida y bienestar son nuestra propia responsabilidad”.

Reconocimiento de lo bueno y lo que necesitamos, agradecimiento por aquello con lo que contamos, y conciencia de que dependemos de nosotros mismos, son claves para la felicidad de la persona autónoma.

Este enfoque en lo positivo tiene como contrapartida dejar de estar pendientes todo el tiempo de aquello que no lo es. Para Branden, no tiene sentido que nos quedemos estancados en lo negativo, y no por ello somos negligentes en lo que a salud mental concierne. Su propia experiencia lo atestigua: “De alguna manera, hace mucho tiempo, yo había decidido que, si no pasaba una cantidad significativa de tiempo concentrado en los aspectos negativos de mi vida, las decepciones y los reveses, estaba siendo evasivo, irresponsable con la realidad, no lo suficientemente serio sobre mi vida. Al expresar este pensamiento en palabras por primera vez, vi lo absurdo que era. Sería razonable solo si hubiera acciones correctivas que pudiera tomar y que estuviera evitando hacerlo. Pero si estaba tomando todas las medidas posibles, entonces un mayor enfoque en los aspectos negativos no tenía ningún mérito”.


Por ende, podemos diferenciar dos actitudes que nos dañan: una que tiene que ver con desatender negatividades respecto de las cuales podríamos estar haciendo algo; y otra tiene que ver con que, además de hacer todo lo que está a nuestro alcance, nos quedemos enredados en ello sin mover el foco y valorar lo positivo que está ocurriendo.

Pues como el mismo Branden acota, por más que atravesemos períodos complicados, “no todo el dolor es
necesario”.

¿Y qué sucede si efectivamente se presenta algo malo? Lejos de sumirnos en desesperación y enredarnos en turbulencias autofabricadas, sin por ello dejar de reconocer lo dificultoso que a veces puede resultar, Branden nos plantea una práctica que ayuda a interpretar y sortear la situación: “Si algo anda mal, la pregunta para hacerse es: ¿Hay alguna acción que pueda tomar para mejorar o corregir la situación? Si la hay, la tomo. Si no la hay, hago todo lo posible por no atormentarme por lo que está fuera de mi control. Es cierto que esto último no siempre es fácil.”


Lo primero que debe hacerse es reconocer lo que está pasando, y a partir de ello evaluar si está en nuestras manos la solución, o si es algo que -al menos por el momento- escapa a nuestra posibilidad de acción. En siguiente lugar, actuamos como nos sea requerido de acuerdo a la naturaleza del problema: si es posible hacer algo, lo hacemos. Si no es posible, nos conservamos y protegemos frente a la adversidad para no caer.

El propio autor nos advierte que no es nada sencillo, pero ello no debe quitarnos el aliento para intentarlo. A fin de cuentas, se trata de nuestra felicidad, y lo que hacemos para lograrla o conservarla. Concluyendo esta nota, en aras de nuestra plena felicidad, cabe hacer énfasis en lo requerido para lograrla. Branden nos informa: “Los mejores predictores de la disposición de una persona a ser feliz son (1) la autoestima y (2) la creencia de que nosotros mismos, más que las fuerzas externas, somos los formadores más importantes de nuestro destino”.

Con esto claro, dediquémonos a afianzar nuestra autoestima, nuestro sentido de competencia e idoneidad, y sepamos que estamos al mando de nuestra vida, y somos nosotros, más que cualquier cosa ajena, los que decidimos que hacer con ella.

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