El día que murió Diego y agonizó el país de la libertad

Adiós ídolo, adiós Diego

            Diego Armando Maradona, figura controversial como es, fue un astro deportivo que maravilló al planeta con sus gambetas celestiales, su entendimiento del juego más mundial dejó atónitos a todos, la facilidad y la audacia con la llevaba a la redonda a través de un campo de 110×70 fue la mayor demostración de talento que vio el deporte.

El más grande de la historia, sin duda alguna. En el día de su muerte, hijos consolaban a padres en llanto, abuelos fueron a las canchas a despedir a quien tantas alegrías trajo, el mundo entero entró en duelo, se procuró el cuidado y la presencia de personal policial en las calles por temor a una ola de suicidios ante el desvanecimiento de tal estrella.

Su  paso por el deporte quedará en las mentes de todos los futboleros del mundo, su nombre continuará siendo un sinónimo de talento, de magia y de alegría en el deporte. Diego Armando Maradona, una figura estelar en lo deportivo, pero ¿compensan las gambetas el apoyo de dictadores? ¿compensan las alegrías la violación de derechos y libertades de miles bajo dictaduras feroces y destructivas? ¿compensa la magia la defenestración de lo privado, la calumnia del esfuerzo, el apoyo al robo, la corrupción y la mala política?

El futbolista Maradona será recordado como el más grande de todos los tiempos, traedor alegrías y trajo magia al mundo y la Argentina. La figura pública de Maradona, el que compartió ideologías con dictadores, con violadores sistemáticos de los Derechos Humanos, el que promueve la política sucia, la ‘justicia social’, el personalismo y el apoyo de castas dirigentes ‘del pueblo’ pero que no han hecho más que empobrecerlo y humillarlo, deja mucho que desear.

            La tristeza del pueblo argentino ante la inesperada muerte de uno de sus más grandes ídolos fue politizada y utilizada como moneda política, usurpada por los detentores como una forma más de servir al pueblo y que este a la vez les sirva a ellos.

La llamada a llorar la muerte del astro a la Casa de Rosada, hogar mismo del presidente de la Nación, donde este trabaja para el pueblo argentino día tras día, no ha sido más que una búsqueda de movilizaciones que implícitamente estarían de acuerdo a las políticas de los detentores.

Estos mismos que en el día de la muerte del Diego organizaron un evento tal multitudinario para llorar al que levantó la copa mundial del 86’, son los mismos que encerraron a millones, prohibiendo la circulación libre, derecho constitucional inalienable[1], prohibiendo trabajar, dejando a miles sin ingresos ni forma de sustentarse, a no ser que se dediquen a militar las ideas y vivir del Estado, generaron tal desastre sanitario que, luego de unos ocho meses de cuarentena, la Argentina hoy se encuentra en el top 10 de los países con mayor cantidad de contagiados y muertos por Covid – 19, permitieron el colapso económico, prohibiendo a las empresas operar y obligándolas a cerrar penando gravemente el despido llevándolas a cerrar sus puertas, defenestraron las instituciones políticas y sociales de nuestra nación violando sistemáticamente derechos constitucionales[2], manejando a voluntad la agenda de un congreso que debería velar por los intereses del pueblo, armando y desarmando la justicia que cada vez está más avasallada al poder ejecutivo; prohibieron el regreso a clases y calumniaron a la educación diciendo, a lo largo de todo el año, que era demasiado peligroso, que no había tiempo de armar un protocolo, que los chicos no iban a perder tanto debido a que seguían conectados, permitiendo el deterioro de la sociedad a tal nivel que las generaciones que heredarán el país, posiblemente en ruinas, no tendrán la capacidad, y tal vez la voluntad, de reconstruir sobre tal tierra, dejando una salida, Ezeiza.

Duele llorar la triste realidad de la sociedad Argentina, donde no existe igualdad ante la ley, ni existe igualdad de condiciones, ni existe igualdad política, solo desigualdad; donde reina la injusticia social, política, económica; donde prevalece el colectivo sobre el individuo, se aprueba y fomenta la usurpación del privado, el vivir del otro o del estado, la ley del menor esfuerzo, si es que hay alguno; donde sobrevive y se refuerza la militancia en detrimento de enseñanza, cada vez más decae la educación y se alza la ignorancia; donde se desarrolla la autocracia, el personalismo y el clientelismo y cae, hecha pedazos la república, azotada por la búsqueda de la imposición del absolutismo.

Su pueblo, el que busca ser libre, con pequeños atisbos de iluminación, de valentía, se levanta y protesta, se alza y lucha, batalla en las ideas, a veces en las calles, por la vuelta a esos valores que la mueven, la libertad de prensa, de propiedad, de trabajo, de circulación, el derecho de vivir, de ejercer su plenitud política, de igualdad ante la ley, igualdad jurídica y política, por una clara división de poderes. En suma, una Republica respetable, sin tiranos enmascarados de defensores del pueblo, sin castas privilegiadas, sin payasos dirigentes ni desigualdades políticas, con coherencia y respeto, con promoción del progreso, con promesas de futuro y capacidad de ascenso fuera de los estadios del estado, con empresa privada, con libertad.

Aquellos que pelean por el sostenimiento de la República buscan una razón para quedarse, una razón para sentirse parte, una razón para poder decir con orgullo ‘Soy Argentino’, una razón para ser patriota, una razón para, estando en el exterior no tener miedo a expresar las problemáticas de una nación que lo tiene todo, menos un gobierno.

El defensor de la poca república que queda, festeja al astro deportivo que fue Diego Armando Maradona, festeja las alegrías y la magia que nos dejó este distinto, este único en un millón, este ídolo. Se lo ha de juzgar por lo que causó en todos nosotros, lo que nos generó su talento inigualable, pero también ha de ser juzgado por sus malas compañías, sus errores y sus desaciertos. Se venera la figura deportiva, pero no la pública. Se venera al ídolo, pero no al demagogo. Se venera la república, la coherencia, la sensatez y la libertad, no la autocracia, los discursos de odio, las desigualdades, la injusticia y la esclavitud.

Escribe esto un fanático de Diego Armando Maradona y de la República Argentina.


[1] Artículo 14 de la Constitución Nacional

[2] Véase Nota al pie 1

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