El derecho a manifestarse es legítimo sólo si es a favor del gobierno

La injusticia social del derecho a manifestarse

La Carta Magna ampara a aquellos que desean protestar y ejercer su libertad de expresión, tanto escrita como oral, en los artículos 14 y 32, sin embargo, lo que esta no supervisa, ni ninguna ley lo hace, es tanto la eticidad como la legalidad de la respuesta del oficialismo. Como paso previo al desarrollo del artículo, asentamos que discutiremos las movilizaciones sociales similares del 17 y 26 de agosto y finalmente traeremos a colación aquella realizada el 2 de Junio en protesta por el asesinato de George Floyd.

 Se puede iniciar diciendo que toda movilización social es un movimiento para-estatal de gran complejidad. Las demandas que se incluyen en tales movilizaciones van desde los ámbitos sociales hasta los económicos, pero siempre están dirigidos a una situación que involucra al Estado. Estas están envueltas en masivas redes de comunicación informales para convocar a las masas, dependiendo generalmente de cuan allegadas estén al reclamo, sin embargo es de importancia aclarar que estas no siempre son por una única razón, sino que suelen perseguir varios objetivos.

Las mismas pueden ser convocadas por entidades del estado, ya sean el mismo gobierno para protestar contra un actuar de la oposición o viceversa. Son, además, marchas que se reúnen no para repudiar acciones políticas, sino para llamar y resaltar la necesidad de solidaridad ante un suceso local o internacional, siendo este el caso de la marcha por Floyd.

Si apuntamos a la generalización de las manifestaciones estas son pacíficas y no buscan iniciar batallas campales contra las fuerzas de seguridad, sin embargo, sabemos que no siempre terminan así, especialmente en nuestro país.

En resumen, las manifestaciones sociales son movilización de las masas, generalmente pacíficas, de todo el espectro político que utiliza redes informales de comunicación y se congregan en pro de hacer escuchar su opinión, repudio o solidaridad ante un evento para-estatal.

 Ahora bien, por una esquina, las dos primeras movilizaciones, las del 17 y 26 de agosto, fueron marchas que apuntaban a mostrar su rechazo por la cuarentena impuesta por el presidente Fernández, la reforma judicial que el oficialismo busca apurar en medio de la crisis sanitaria, la cual se dice que busca diluir la justicia para obtener la impunidad en los casos de corrupción, y la mala gestión económica[1].

Según la mirada oficialista, fueron pequeños grupos que se movilizaron en contra de la salud pública, el esfuerzo de todos y que solo buscan la destrucción del país, un poco fatalista a mi creer. Lo que si podemos decir es que fue una manifestación de los opositores a las medidas del gobierno con el apoyo de los legisladores y dirigentes políticos más críticos de los detentores del ejecutivo.

En conclusión, estas marchas fueron el intento de la oposición de hacerse escuchar por un gobierno inflexible al cual la rigidez en su perspectiva le previene atender miradas diferentes y le impidió hacer caso al pueblo que salió a la calle a pedir por sus libertades y se les calificó de alteradores del orden y ‘anti-cuarentena’. Se agrega que esta inclemencia en el alto mandatario se traduce a violencia y calumnia de sus discípulos, exigiendo estos el encarcelamiento y la multa de sus opositores.

Luego, por la otra esquina, la manifestación en búsqueda de la solidaridad del gobierno con el racismo inherente en las instituciones políticas estadounidenses y el asesinato de George Floyd[2].

Esta tragedia que sumió a Estados Unidos en el caos y las manifestaciones violentas, tocó fuertemente en los corazones de los argentinos. Es, ante esta situación, que los partidos de izquierda de nuestra política, siempre tan solidarios, llamaron a una movilización en contra del gobierno de Donald Trump y a favor de las reclamaciones de los manifestantes.

La izquierda y otras agrupaciones pidieron justicia por la muerte de George Floyd, saliendo a las calles el 2 de junio, sobrepasando las restricciones de seguridad y la cuarentena. Lo que queda por exponer es que esta movilización, claramente más allegada al gobierno viola todas los protocolos de salud para protestar por justicia en otro país, mientras que en el nuestro esto sucede a diario y estando en cuarentena obligatoria desde hace varios meses. Es difícil definir si fue un éxito o un fracaso, ya que no buscaba beneficios en el plano local, tal vez alguna migaja de influencia política como defensores de la justicia.

Luego de haber explayado las movilizaciones, se podrá preguntar ¿es legal y ético manifestar cuando se está a favor del oficialismo y no se acusa una injusticia en nuestro país? ¿Por qué repudiar y atacar a unos pero felicitar a otros? ¿No es eso una forma de desigualdad?

Puede parecer que en Argentina es justicia social solo cuando se representa a una parte del pueblo, el más allegado al oficialismo, pero cuando se protesta en contra del mismo, se es un alterador del orden. El claro orden político que rige nuestra sociedad denota la garantía de libertades a la masa inerte que festeja la vuelta de la injusticia, enmascarada en la justicia social que predica igualdad mientras comete desigualdades y perjuicios al derecho de igualdad ante la ley. En la Argentina la justicia reconoce que todos son iguales, pero algunos más iguales que otros.


Referencias

[1] Véase:  https://www.infobae.com/politica/2020/08/17/protesta-contra-el-gobierno-nacional-en-distintas-ciudades-del-pais/ y https://www.lanacion.com.ar/politica/26a-cuales-son-todos-puntos-encuentro-banderazo-nid2431135

[2]  Véase en: https://www.lanacion.com.ar/politica/muerte-george-floyd-izquierda-marcha-camara-comercio-nid2372659

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