27/01/2026

Davos 2026 | Trump y la custodia del alma de Occidente

Lejos de la gestión técnica y la autodegradación moral, el presidente estadounidense defendió en Davos una idea clásica: sin soberanía y fuerza que los respalden, la libertad, la propiedad y la civilización occidental no sobreviven. Un mensaje incómodo para el progresismo, pero elemental para la historia.

Por Diego Hormanzábal. El discurso de Donald Trump en Davos 2026 no fue filosófico ni pretendió serlo. Fue político en el sentido más antiguo del término. Trump no habló para fundar una verdad, sino para custodiarla con poder. Allí se entiende su rol histórico: no el del profeta que nombra el alma de Occidente, sino el del emperador que la protege cuando el mundo vuelve a ser hostil.

Durante años, Occidente separó poder y sentido. Gobernó con culpa, ejerció autoridad pidiendo disculpas y confundió liderazgo con gestión técnica. Trump rompe con esa lógica. No porque desprecie los valores, sino porque parte de una intuición elemental: sin poder que los defienda, los valores no sobreviven.

Trump habló de soberanía, fuerza económica e interés nacional sin complejos. Para la sensibilidad progresista eso resulta incómodo; para la historia, es clásico. El imperio no se justifica a sí mismo: garantiza condiciones. Occidente no está en crisis por exceso de autoridad, sino por su renuncia a ejercerla. Trump no se pregunta si Estados Unidos debe ser fuerte; lo da por sentado. Y hoy, ese presupuesto es contracultural.

En este marco se entiende la idea de América como faro. No por superioridad moral, sino por responsabilidad histórica. El faro no ilumina porque sea puro, sino porque permanece encendido en la tormenta. Sin una potencia dispuesta a sostener el orden occidental, toda defensa de valores se vuelve retórica. Milei dice qué hay que defender; Trump se ocupa de que eso no sea arrasado por la inercia del mundo.

U.S. President Donald Trump speaks during a reception with business leaders, at the 56th annual World Economic Forum (WEF), in Davos, Switzerland, January 21, 2026. REUTERS/Jonathan Ernst

Trump no teoriza la justicia, pero la presupone en un punto clave: un orden que no funciona no es justo, porque expone a los individuos al caos. La eficiencia, en su lógica, no es cinismo, sino condición de posibilidad del bien. Allí converge con Milei: lo justo y lo eficiente no se oponen. Uno lo demuestra en el plano antropológico; el otro lo ejecuta en el plano geopolítico.

Milei cumple la función profética: recuerda a Occidente quién es y por qué la vida, la libertad y la propiedad no son negociables. Trump cumple la función imperial: proteger ese fundamento en el terreno del poder. Sin palabra, el poder se vacía; sin poder, la palabra queda indefensa.

Davos 2026 mostró algo inusual: alineación entre verdad y fuerza. El profeta nombra el alma. El emperador la custodia. Y cuando ambas funciones vuelven a encontrarse, Occidente deja de justificarse y vuelve, simplemente, a afirmarse.

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