Corte (y confección): el traje hecho a medida que hace añicos la Justicia y la República

Una Corte a medida

Ninguna buena intención puede reconocerse en las propuestas que CFK impulsa para la Corte Suprema, especialmente en la de aumentar la cantidad de integrantes, pues es la misma persona que años atrás nos abrumaba con argumentos sobre que el número ideal eran cinco, en tanto ahora, sin nuevas circunstancias plausibles que lo justifiquen – salvo que la Corte ha demostrado su independencia – nos dice que es conveniente una cantidad mayor. A todas luces desnuda su verdadera aspiración que incorporar al tribunal suficientes personajes como para recomponer la mayoría adicta que entonces tenía con cinco.

En la nueva embestida contra la Corte Suprema no corresponde analizar las argumentaciones técnicas sino – antes que nada – la forma como se la quiere modificar.

Las instituciones vitales de la República no son inmutables, pero la renovación o aggiornamiento debe hacerse con el mayor de los cuidados, movilizados por un auténtico espíritu republicano, avalados con meses y años de estudios y consultas. Es decir, muy lejos de lo que está sucediendo.

La Corte no se puede renovar como una repartición más del Estado. En la arquitectura constitucional cada uno de los Poderes tiene una estructura que responde a una visión armónica que no se puede desbalancear según la dirección de los vientos. El timming de un proceso de cambio tampoco puede fijarse por las necesidades personales de la multiprocesada Vicepresidenta que prioriza en su gestión de gobierno los avances y retrocesos de sus procesos judiciales.

Finalmente, un proceso de cambio republicano no puede desdeñar ni tirar por la borda los estudios, trabajo, artículos y las personas que han estudiado las instituciones, porque ese es parte del acervo de un país.

El sector K, ha reiniciado sus ataques contra las instituciones de control del país, especialmente al Poder Judicial y, en este caso, a la Corte Suprema, con una amplitud y profundidad que en su momento califiqué como una blietkrieg[2], lo que ahora se confirma como una desembozada respuesta a algunas de sus decisiones – como la del Consejo de la Magistratura – que no fueron del agrado de ‘la Jefa’ (y de alguna forma por la nueva integración del Congreso nacional luego de la catastrófica derrota que el oficialismo sufrió en noviembre 2021).

En este caso ataca con propuestas de reformas profundas en la Corte Suprema, entre las que se destaca la más punzante (pero no la única), referida a la cantidad de integrantes. Sin pudor, aspira a recuperar la mayoría de las voluntades de los ministros, como antes la tenía cuando pugnaba por reducir su cantidad.

Pero la integración de la cabeza de uno de los Poderes del Estado, en cuanto a la cantidad de sus miembros, no puede ser determinada en función de la mayoría que necesita CFK. En 2006 estaba contenta con lo que había logrado, por lo que abundaba en argumentos sobre que ‘cinco era el número ideal’. La argumentación de CFK cuando quería bajar a cinco porque era la integración de entonces ella la podía manejar, no puede ser la misma que cuando se la quiere aumentar. Nada sustancial ha cambiado para que sea así.

Se argumenta – para intentar desvincular el apuro actual con las decisiones desfavorables del Alto Tribunal – que los proyectos datan de años atrás (Rodríguez Saa, 2016). Pero la argumentación también puede darse vuelta porque justamente, luego de tantos años de cajonearlos, se los reactiva recién cuando CFK quiere vengarse de la CSN. En rigor prueba todo lo contrario.

Ningún argumento serio puede erigirse sobre estos fundamentos. Para endulzar la propuesta incorpora en la argumentación perspectiva de género, y más reciente, con la regionalización.

La regionalización

A partir de la comision Beraldi surgió la fantasiosa idea de que en la integración del Alto Tribunal estén representados las distintas regiones del país. La cuestión es particularmente disparatada por su esencia y por el momento. Pero en lo técnico hay que ver que una ley no puede agregar requisitos para la conformación de la cabeza del Poder Judicial fijados por la Constitución.

La voluntad de las provincias en la integración del tercer Poder del Estado está bien asegurada con la aprobación que el Senado debe hacer de los candidatos. Esta es la -forma como la Constitución respeta a las provincias. Esto es así aunque los senadores no lo entendieron ni aùn en las mejores épocas de la República y nunca estuvieron a la altura de lo que la Constitución esperaba de ellos, lo que contrasta con lo que sucede en los EEUU de América, en que el Senado siempre tuvo un rol preponderante e indelegable en la designación del Poder Judicial.

La aspiración es que en la Corte se designe a los mejores los juristas del país: si son realmente buenos tienen que tener una mirada integradora del país en su extensión y en sus peculiaridades. Con el mismo criterio se podría proponer que el PE cambie de provincia en cada elección. Y es particularmente extemporánea en tanto hoy, en la Corte Suprema, tres de los cuatro ministros son oriundos de las provincias.

El género

Por la misma razón se considera que el tema del género no es más que una excusa para justificar la necesidad de aumentar: el gobierno no hizo movimiento alguno para cubrir la vacante libre generada por la renuncia de la Dra. HIGHTON. Es imposible pensar que entre gobierno y oposición – que coinciden en que debía ser otra mujer – no se puedan poner de acuerdo en una jurista habiendo como tan capaces.

Adviértase que la estructura de un Poder del Estado cuya conformación responde a una idea constitucional no se puede supeditar a la paridad de género: llevándola al absurdo podría pretenderse que la Presidencia de la Nación debería desdoblarse en personas de diferente sexo o, quizás, reservar un período para cada uno.

Conclusión

Hay que tener en cuenta que en esta materia, finalmente, como en todas las que tratan temas constitucionales, la Corte tendrá la última palabra. No tiene sentido así desgastarse para contestar propuestas absurdas porque, en cierta forma, les asigna un status de seriedad. Hay hasta propuestas contradictorios (como el que propone revisar la facultad que el art. 280 acuerda a la CSN para desestimar in límine recursos extraordinarias) que choca con las limitaciones que por otro lado se proponen. En este caso en ninguno de los proyectos se advierte la desmesurada cantidad de recursos extraordinarios es una patología derivada de la mala calidad de justicia del país que torna insuficientes dos instancias para satisfacer la necesidad de justicia de la República. La Corte no puede estar para corregir todos los errores que el sistema judicial puede producir: la solución es mejorar la calidad de nuestra Justicia.

Insisto en que, ante este embate, no hay que entrar a analizar las cuestiones técnicas, pues no corresponde pasar a ese estadio sin que antes se verifiquen en el país las condiciones mínimas de paz, serenidad, buen juicio, coincidencias republicanas y buenas intenciones necesarias para comenzar un proceso de reforma.

La incorrecta forma y timming como se presenta esta iniciativa ha llevado a la oposición a negarse a seguirles el juego y negarse a convocar a especialistas acreditados. Pero esto no impide que la/s comisiones del Senado que están trabajando lo puedan hacer por sí mismas. En cambio, han preferido, en actitud antirrepublicana, convocar a exponer a personajes de toda laya, algunos versados y otros no (cuyo único título de su compromiso incondicional a CFK), y con una característica: prácticamente todos fuertemente comprometidos con la ideología que se resume en los intereses personales de ‘la jefa’.

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[1]           El autor acredita décadas de trabajos sobre la Corte Suprema, la mayoría concentrados en sus aspectos funcionales. A su experiencia profesional, desde 1986 sumó trabajos académicos e investigaciones empíricas, estudios y propuestas para mejorar el funcionamiento del Alto Tribunal. En sus trabajos se apartó de la línea académica hasta entonces predominante, optando por analizar la realidad con estudios empíricos sobre la base de las casos reales completos. A partir de una investigación pionera de 1986, por la cantidad de nueva información que generó, continuó profundizando esa línea. Al poco tiempo dirigió una segunda investigación Radiografía de la Corte Suprema, ed. FORES, 1987. En 2003 dirigió un estudio -Reingeniería de la Corte Suprema – que FORES presentó al entonces Presidente Dr. FAYT y que fue el disparador de muchas innovaciones que se introdujeron. Luego dirigió otra investigación, esta vez requerida por el entonces recién incorporado Dr. LORENZETTI – La arbitrariedad en la Corte Suprema, 2005 – que también fundamentó nuevos cambios. Todos sus trabajos contenían propuestas técnicas como Un plazo de gracia para el Recurso Extraordinario, en LA LEY, 2005. En ese año preparó y dirigió un Taller sobre la Corte Suprema al que concurrieron los 50 más destacados especialistas del país, Oper Door, 2005. Su tarea abarcó otros enfoques el impacto institucional de la tarea del Alto Tribunal (como Socialismo bajo una Constitución liberal, serie de tres colaboraciones en LA NACIÓN, septiembre de 1982), como también un Balance de la Corte Suprema, presentado en la FACA, Córdoba, 1997 y otras, como Luces y sombres de la nueva Corte Suprema. 2009.

[2]               Recordando la táctica militar de Alemania en la IIa. Guerra Mundial.

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