¿Cómo se sale del pozo? ¿Con una escalera o cavando?

¡Las escaleras nunca sirvieron! Del pozo se sale cavando

Si una persona te clava un puñal por la espalda, debes desconfiar de su amistad” decían Les Luthiers en una de sus comedias. Uno se ríe, pero es bastante irónico como el argentino promedio es bravo y retobado con cuestiones triviales, y en las cuestiones de materia política, económica o judicial son mansos y pasivos, sin reponer ni oponerse a las medidas que generaron las condiciones de las que se queja a menudo. Y es que los argentinos somos bastante particulares, y no es para menos. Somos todo un caso de estudio a nivel mundial, pues pasamos de ser uno de los países que supo tener índices de desarrollo que competían cabeza a cabeza con naciones del primer mundo a hoy en día inaugurar canillas. Entonces me pregunto y les pregunto a ustedes:

¿Qué es lo que hace que un grupo de gente que hace décadas desea salir de un pozo, no tenga mejor idea que seguir cavando? 

Creo que tengo una teoría, y díganme ustedes si la comparten o tienen una distinta.

Batalla cultural

Cualquiera pensaría que a esta altura, después de tener una mega crisis cada 10 años deberíamos ser expertos en ellas, y si en caso de no saber cómo salir de ella por lo menos tendríamos una idea sobre cómo evitar que se siga agravando, pero a juzgar por el nivel de debate que se escucha en los medios y las redes sociales, la respuesta sería negativa, dado que las soluciones siguen siendo las mismas que se aplicaron con anterioridad.

La argentina se transformó en un país que flota a la deriva sin instrumentos de navegación, hace décadas que no existen políticas de estados ni planes económicos verdaderos que sean un poco más que un parche para salir de apuros. Toda esta falta de consenso y discusión acerca del rumbo a tomar me hace acordar al chiste sobre una multitud caminando hacia un precipicio y uno de adelante pregunta: “¿hacia dónde vamos? El de al lado le contesta- No sé, los de atrás nos están empujando. Y cuando uno de atrás pregunta, -¿Che, hacia donde estamos yendo? Otro le responde –No sé, estamos siguiendo a los de adelante”.

Pero dejando de lado el chiste, es llamativo cómo las ideas no avanzan, hace décadas tenemos las mismas discusiones sin avance, y es que la realidad se encuentra tan deformada que los hechos y datos concretos dejaron de importar. Y es que no se permiten teorías rivales, está prohibido salir de la tradición de ideas a la que estamos sometidos y son las que nos llevaron a donde estamos hoy en día.

 Y esa deformación de la realidad es producto de una guerra que se libra a nuestro alrededor, no nos damos cuenta porque es una guerra imperceptible, silenciosa, incluso chistosa muchas veces por lo absurda, pero no por eso menos dañina, dado que ataca lo más valioso que tiene una persona, sus ideas. ¿Y qué valor o importancia tiene querer moldear y dirigir las ideas de las personas? Pues el mundo de las ideas es lo que guía el actuar de los individuos, y una multitud de voluntades individuales determinan el destino de sus naciones. 

Falacias y falsa atribución de causa 

En la antigüedad los reyes y monarcas gobernaban por derecho divino, y al ser ungidos por Dios su mandato era incuestionable, pero como hoy en día nuestra sociedad es un poco más secular, en lugar del derecho divino, los que nos gobiernan necesitan una épica nueva con la cual doblegar a las masas, y consiste en evocar a entidades abstractas como “el pueblo” o a ideales morales vagos de libre interpretación como “el bien común”.

Estos discursos con adornos morales usan herramientas muy dañinas para el pensamiento crítico, como apelar a los sentimientos en lugar de la razón y partir de axiomas errados para construir un relato que lo único que hace es atribuir causas erradas a los problemas que se “intentan” solucionar. Los axiomas son supuestos fundamentales universalmente válidos y evidentes sobre los que se construyen las teorías. Pero cuando se parte de un axioma errado, lo que sigue se transforma en relato. 

Un ejemplo de uso de estos falsos axiomas es cuando se repite como un mantra “el estado somos todos”, ergo cualquier persona que se atreva a cuestionar las decisiones del estado, estaría atentando contra sus iguales y contra sí mismo, dado que si se da por sentado que el estado vela por nuestros intereses, es porque no somos capaces de velar por ellos nosotros mismos. La cruda verdad es que el estado está compuesto por un grupo de individuos que como cualquiera de nosotros, vela por sus propios intereses y su preservación, lo cual no tendría nada de malo, si no se tratase de un grupo de gente que tiene a su favor el monopolio de la fuerza, compite por los recursos con el resto de la población y es quien dicta las reglas de juego. No hay mejor prueba de que velan por sus propios intereses que viendo los números, y los números hablan por sí solos, basta con mirar sus intocables salarios con paritarias actualizadas e incluso con ajuste alzado y exentas de ganancias. Para reforzar esta hipótesis de auto preservación del estado basta con mirar ¿cuáles son los delitos que el estado persigue con mayor ahínco y es más eficiente resolviendo, los que se cometen contra los individuos o los que se cometen contra él? Los delitos más graves no son invasiones de personas a propiedades privadas sino por ejemplo los que están dirigidos contra el mismo aparato estatal, como la evasión fiscal u otros crímenes económicos como la falsificación de la moneda.   

Otra falacia recurrente es la de suponer que el estado está para velar por nuestros intereses, ineficaz pero benevolente siempre tiene intenciones nobles, por ello, no se puede juzgar sus resultados, dado que la intención es siempre buena, nos lo demuestran con frases como “estamos para cuidarlos”, “priorizamos la vida”.

Lo cual es peligroso dado que si el estado es el que busca “el bienestar social” cualquiera que lo critique y contradiga se transforma de manera automática en un individuo que está atentando contra el bien común y por ello es una amenaza para la sociedad. Es así que muchos detractores del gobierno son caratulados como golpistas, cipayos, anti-pueblo, gorilas, etc etc. Pero claro que semejantes improperios no son pronunciados por los voceros oficiales pero sí por sus mascotas intelectuales y sus medios afines financiados con el bolsillo de los contribuyentes. Las ideas críticas son ridiculizadas por dichos intelectuales oponiéndolas a lo que piensan las masas para amedrentar al individuo disidente. Postulando al individuo como un muñeco de trapo condenado al determinismo histórico por sobre las voluntades. Esta alianza entre intelectuales y estado no es nueva, siempre los estados necesitaron de moldeadores de opinión así que el estado se beneficia ganando aceptación y popularidad en las masas y por otro lado el intelectual se beneficia logrando un puesto seguro y prestigioso en el estado, dado que sus condiciones de supervivencia en un entorno como el del sector privado serían bastante inciertas. 

Un nivel moderado de estado puede resultar necesario para asegurar educación salud y seguridad, pero si no es capaz de resolver de manera efectiva esas cuestiones básicas, a quién le parece razonable hacer crecer al estado como si se tratase de un tumor cancerígeno lleno de ministerios que supuestamente tendrían como finalidad incentivar el desarrollo de determinados sectores, como si la iniciativa privada y la necesidad del individuo por trabajar no fueran suficientes. Es decir, el mercado no necesita que el estado le dé una mano, sino que le saque las dos de encima! Pareciera que cada vez que el estado intenta resolver algo lo termina rompiendo, y ejemplos tenemos de sobra. 

Cuando una supuesta solución genera resultados inesperados y adversos que empeoran los problemas, en economía se denomina efecto cobra, como por ejemplo la ley de alquileres, que tenía como objetivo mejorar las condiciones de los inquilinos pero terminó con la suba de los alquileres en casi un 30% dado que “para dar estabilidad” a los inquilinos, se aumentaron los plazos de actualización de los contratos, y en un país con alta inflación e incertidumbre económica, mientras mayor son los plazos mayor debe ser la cobertura. En internet el efecto adverso de la ley de alquileres se la terminó llamando efecto Lipovetzky en nombre al iluminado legislador que provocó semejante desbarajuste. 

Quedan muchas otras falacias por nombrar, como la de que “sin estado la sociedad caería en el caos” cuando al estar todas las oficinas estatales cerradas durante la pandemia ni se noto su falta de funcionamiento, o de que al ser elegido un gobierno de forma democrática por la mayoría, cualquier indicio de discrepancia es un acto desestabilizador, o que “es necesario que el estado redistribuya la riqueza”, cuando la existencia misma del estado compite por los recursos del sector privado que tranquilamente generaría las condiciones para que una persona obtenga condiciones de vidas satisfactorias. O de que “es necesaria la intervención del mercado para hacer más justo al mercado” cuando en la realidad se generan nuevos monopolios afines al estado y promueve el negocio de tráfico de favores y coimas. Otro método de doblegar a los sujetos a la voluntad del estado es la culpa, cualquiera mejora del bienestar del privado puede ser atacada como avaricia desmedida, materialismo  o riqueza excesiva. Hace que los ciudadanos estén más dispuestos a desviar fondos del sector privado al público.

Y por último el más escuchado de todos, “el capitalismo es un sistema injusto porque deja a las personas desprotegidas”, pero justamente el capitalismo brinda las condiciones para que los individuos en el libre ejercicio de sus habilidades y talentos mediante el intercambio mejoren entre sí sus condiciones, haciendo que un montón de individuos que pueden no compartir ideologías y creencias se relacionen y vinculen mediante el comercio, sujetos que quieren tener los medios para determinar su propio destino. En cambio la intervención estatal requiere de uniformidad para hacer efectiva la planificación (caminos de servidumbre de Hayek).

Raíces o posibles causas

¿Cuál puede que sea la causa de ese rechazo innato hacia el capitalismo y las ideas de libre mercado? Pues un factor que el historiador Italiano Loris Zanatta expone con claridad  está relacionado a un sistema de valores morales muy arraigados en países católicos, explicado en sus palabras: “se basa en la idea de que el individuo está sometido a la colectividad y comparte con ella una identidad. Se tiene una visión del mundo pobrista, donde la prosperidad no es vista como emancipación, no es oportunidad como liberación de las capacidades del individuo, ni de la capacidad del individuo de generar su propio destino, sino es vista como pecado, como corrupción moral. No sorprende que no solo el gobierno sino incluso los individuos combaten a las ideas del capitalismo como fuente de corrupción moral más que material. Estos mismos problemas se ven en países católicos.” Fíjense cómo el papa se preocupa por los refugiados pero estos mismos terminan buscando refugio en los países que el papa critica, y nunca ataca los motivos que los llevaron a emigrar. Pareciera que esta herencia cultural trae consigo un sesgo que impide relacionar causas con consecuencias

El eterno dilema y esperanza – conclusión

Como individuos es nuestro deber no solo la perpetua observancia de que se cumplan las condiciones que nos hacen libres como individuos y como sociedad, sino también hacernos cargo y entender la relación entre las decisiones que tomamos con sus respectivas consecuencias y exigírselo a los gobernantes, no tenerle miedo a la libertad y no delegar de forma pasiva nuestro porvenir a los gobernantes sino ser participantes activos y comprometidos con nuestras ideas.

Existe una gran esperanza, y son las nuevas generaciones, criadas  en una sociedad más secular y gracias a internet, estando en contacto con ideas más cosmopolitas, con información disponible, viendo cómo viven y son otras sociedades, esta ventaja de acceso a la información e intercambio con otras culturas hace que con el correr del tiempo, la sociedad forme una cosmovisión más amplia, más nutrida y no tan determinista, más difícil de doblegar con ficciones

Fuentes:

The Economist

Hard work and black swans

Economists are turning to culture to explain wealth and poverty – https://www.economist.com/schools-brief/2020/09/03/economists-are-turning-to-culture-to-explain-wealth-and-poverty

El igualitarismo como rebellion contra la naturaleza – Murray Rothbard

Fundacion Libertad y progreso

Loris Zanatta y Alberto Benegas Lynch (h) – La bancarrota del intelecto

Artículo publicado en Club de la libertad

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