Abelardo de la Espriella, un abogado de ultraderecha, se impone con 49,65% frente al 48,71% del candidato de izquierda, en la elección más ajustada de las últimas décadas. Petro pide esperar el escrutinio definitivo y Cepeda impugna miles de mesas en medio de alta polarización.

Artículo publicado por El País España. Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de Colombia, según el preconteo de votos. El abogado de ultraderecha ha logrado la victoria por menos de un punto de diferencia frente al senador de izquierda Iván Cepeda, con el 99,8% de las mesas contadas. De la Espriella ha obtenido 49,65 %, con 12.937.333 de votos, frente al 48,71 % del candidato de la izquierda, con 12.691.709 votos. La diferencia ha sido de menos de 250.000 votos, la más estrecha en la historia reciente del país. El presidente Gustavo Petro ha asegurado en su cuenta de X que se debe esperar a los resultados del escrutinio: “No se puede proclamar ningún presidente, tranquilidad entre la ciudadanía”. Abelardo de la Espriella compartió en sus redes de X un video celebrando su victoria en el preconteo. “Gracias, Colombia”. Cepeda ha reconocido los resultados del preconteo que dan como ganador a su rival, pero asegura que no es vinculante y anuncia que su formación va a impugnar 33.000 mesas en todo el país.
La jornada ha transcurrido en paz, aunque el Ministerio del Interior ha recibido más de 2.600 denuncias y quejas por delitos electorales. Cepeda ha advertido, tras votar en el sur de Bogotá, que aunque reconocerán el resultado, también van a ejercer “una muy clara observación”. También dijo: “Todos tenemos derecho a pensar y actuar en Colombia para construir un destino que queremos nosotros que sea común”, y añadió: “Cuando triunfemos, vamos a gobernar para todo el país, y no para un sector”.

UN PAÍS ACOSTUMBRADO A ELECCIONES REÑIDAS
Las presidenciales de 1970, en las que Misael Pastrana Borrero superó a Gustavo Rojas Pinilla por 1,6% de los votos; las de 1978, en las que Julio César Turbay se impuso a Belisario Betancur por 2,7%; la segunda vuelta de 1994, cuando Ernesto Samper quedó elegido por encima de Andrés Pastrana –hijo de Misael– con una diferencia levemente superior al 2%. Y también las de hace cuatro años, cuando el presidente Gustavo Petro superó por poco más de 3 puntos a Rodolfo Hernández.
Las elecciones del 19 de abril de 1970 han sido las más problemáticas. Los acuerdos del Frente Nacional contemplaban que este sería el último periodo en el que liberales y conservadores se alternarían el poder. Según el informe final de la Registraduría, Misael Pastrana, del Partido Conservador y apoyado por el oficialismo liberal, derrotó por unos 70.000 votos al general retirado Gustavo Rojas Pinilla, con su movimiento Alianza Popular Nacional (Anapo). Rojas Pinilla ya había sido gobernante de facto durante la única y breve dictadura militar que ha tenido Colombia, de 1953 a 1957, con respaldo de sectores de los dos partidos. Esos reñidos comicios quedaron manchados por las sospechas de irregularidades para definir al ganador.
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“El día de las elecciones, los recuentos, que comenzaron por las grandes ciudades, donde el descontento por la inflación era mayor, daban una ventaja notable a Rojas. El Gobierno, inquieto, suspendió la divulgación de resultados y cuando, al día siguiente, se anunció que había ganado Pastrana, la duda fue general: muchos creyeron que durante la noche se había hecho trampa en la cuenta de los votos”, escribe el académico Jorge Orlando Melo en su libro Historia mínima de Colombia. “Las evidencias indican que el recuento fue correcto (aunque sin duda, como en todas las elecciones, hubo fraudes importantes en las zonas rurales) y que las zonas de las que faltaba informar (pero cuyo total de votos ya se conocía) eran en gran parte los sectores rurales donde Pastrana tenía mayoría, como Huila y Nariño”, apunta con la mirada reposada del historiador.
En un inesperado giro del destino, fue a raíz de ese presunto fraude que nació la insurgencia en la que Petro militó en su juventud. “En 1974 apareció una nueva guerrilla, Movimiento 19 de abril, M-19, bolivariana y populista, formada por jóvenes urbanos de clases medias, muchos de ellos antiguos militantes comunistas o del rojismo y con talento para las operaciones teatrales y de medios”, escribe Melo. En 1978, el liberal Julio César Turbay también ganó la Presidencia con una corta diferencia sobre el candidato conservador, Belisario Betancur. Desde entonces, las distancias fueron más holgadas hasta que entró en vigor la Constitución de 1991.
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Con la nueva carta política llegó también la novedad de la segunda vuelta presidencial si ningún candidato supera el 50% de los votos. Se inauguró en las siguientes elecciones, las de 1994. En primera vuelta, el liberal Ernesto Samper obtuvo 45,3% de los votos y el conservador Andrés Pastrana 44,9%. En la instancia definitiva, Samper se quedó con el 50,6% y Pastrana con el 48,4%. “Se ha producido un desempate claro”, señalaba el editorial de la época de EL PAÍS. “Samper resulta elegido presidente con una diferencia, no muy grande, pero indiscutible”. Pastrana reconoció la victoria de su contrincante y llamó a la población a poner por encima de todo los intereses del país. Poco después estalló el escándalo por la entrada de dineros del cártel de Cali a la campaña de Samper. Era, hasta ahora, la definición más estrecha desde que las presidenciales se disputan a dos vueltas.
También está el antecedente de hace cuatro años. En una apretada segunda vuelta, Petro obtuvo poco más de la mitad de los votos, por el 47,3% de Hernández, para una diferencia de menos de 700.000 o poco más de 3 puntos porcentuales. Ganó gracias, en buena medida, a una mayor participación entre las dos vueltas presidenciales. En el caso de Cepeda y De La Espriella, ocurrió algo similar: el senador de izquierdas sumó 3 millones de votos entre las dos vueltas y el ultra casi 2,7 más.
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La polarización extrema ha marcado esta campaña, según coinciden todos los observadores. Con el agravante de que el presidente Petro ha sembrado desconfianza en el sistema electoral, con confusas denuncias de fraude y su negativa a reconocer el conteo preliminar, o preconteo, de la primera vuelta –tampoco reconoció el escrutinio definitivo–. Este domingo ha vuelto a esgrimir que hay que esperar al escrutinio definitivo, que comienza el lunes en las comisiones escrutadoras. “Aun no se puede saber quién es el presidente y hay muchas irregularidades”, ha señalado en X, su canal de comunicación predilecto.
Cepeda, por su parte, reconoció el resultado preliminar, pero también advirtió que no es vinculante y se propone impugnar 33.000 mesas en todo el país. “Una por una deberá ser objeto de escrutinio”, destacó el candidato de la izquierda, que recordó que se trata de “la más estrecha diferencia en votos que registre cualquier eleccion de segunda vuelta en la historia electoral colombiana”.
Un resultado demasiado estrecho en la segunda vuelta puede ser “una pesadilla”, valoraba en una entrevista reciente con este periódico Alejandra Barrios, la directora de la oenegé Misión de Observación Electoral de Colombia (MOE). “No solamente en Colombia, en cualquier país del mundo. Procesos electorales tan polarizados pueden terminar en lo que pasó en Brasil o en Estados Unidos: marchas hacia los centros de poder, de decisión, de ciudadanos genuinamente convencidos de que les han hecho fraude porque no alcanzan a desmontar las narrativas de odio”, advertía entonces. Esa “pesadilla” se materializó este domingo.



