Cinco conclusiones sobre el impacto que generó el “efecto Milei” en Latinoamérica

Efecto Milei: ¿Qué debemos aprender de él en Latinoamérica?

El fenómeno Milei, propio de lo disruptivo de las redes sociales, es algo que ha sabido trascender fronteras, edades, clases sociales, sexos, y demás diferencias secundarias que a la izquierda siempre le gusta resaltar para segregar a sus votantes. Se trata del gran logro de devolver su relevancia histórica al liberalismo. De sacarlo de esferas minúsculas y elitistas para regresarlo a la gente consumida por el hartazgo de la política. Devolviendo un debate político de altura a la sociedad al ubicar otra vez en discusión temas antes invisibilizados.
Hemos presenciado como en los últimos años han existido fugaces, intermitentes e inestables ilusiones de que el liberalismo despegue como alternativa al destructivo populismo de izquierda en nuestra región. Estos intentos fallidos se han visto truncados al momento en que la realidad electoral demuestra cómo los candidatos, entre más se alejen de sus ideales, más se acomoden a la izquierda mainstream, a la larga, más aprobación poseerán.
Lo cual se traduce en votos y posteriormente en alcanzar el muy aclamado poder. Mismo que difícilmente cuente con gobernabilidad, al existir camisas de fuerza autoimpuestas, debido a la decisión de acoger agendas opuestas a las ideas de libertad que se dicen pregonar. Inclusive desde la misma campaña o construcción de slogans que han llevado a estos candidatos a coronar victorias electorales.

Milei ha sabido hacer lo que muchos políticos no han logrado. Fomentar el cambio de abajo hacia arriba. Ha logrado colar a la ventana de Overton, al estigmatizado y desacreditado liberalismo, tanto a nivel local, como internacional.

Cambiando el eje de un debate que parecía perdido hace años. Culturizando a los más jóvenes y a los varios adultos dispuestos a escuchar una posición clara basada en datos, sentido común y realidad empírica

Hay cinco puntos por analizar y aprender de este importante logro en la “batalla cultural”:
1) Tener convicción, confianza y certeza en tus ideas. Si las ideas son buenas la gente las abrazará, si crees que no están llegando, a lo mejor solo estás comunicándote
mal. Cambia de estrategia. No abandones tus principios. Difunde con verdad, sin falsear hechos o datos. Exprésate con valentía, sin hacer uso de falacias; y rompe todo prejuicio, estigma, y/o molde establecido. Las ideas de la libertad son aptas para todos.
2) No esperes que alguien más defienda tus propias ideas. Lee. Ve vídeos. Escucha podcasts. No pongas excusas. Instrúyete y sal a dar la batalla de ideas, sea el que sea el lugar donde te encuentres. Hazlo acorde a lo que vaya con tu personalidad. El adoctrinamiento y la nefasta propaganda socialista sigue penetrando aún con total impunidad porque no existe una oposición frontal en contra de su imposición
autoritaria.
3) El cambio es de abajo, hacia arriba. Políticos que se acomodan a la corrección política, al izquierdismo caviar o a los clásicos discursos socialistas; pero luego sin consenso alguno, desean imponer una agenda liberal, no podrán tener éxito. Por ende, la batalla es cultural, orgánica y civil. Luego claramente pasará a ser política.
4) Tarde o temprano la cancha de juego está dentro de la política electoral. Así que no te portes como un purista si un liberal que no abandona sus principios toma este importante paso, intenta apoyarlo de forma objetiva, ya que de eso depende también si llegará a concretar algo. Las críticas deben ir enfocadas a construir, no a destruir.
5) Cada realidad y contexto local es distinto. Tema relevante por considerar. Aunque algo tenemos en común en Latinoamérica y esto es: la crisis constante causada por nuestra casta política. La misma clase política que se rota el poder para vivir como capitalistas a costa de dineros públicos; que, si no está gobernando, se encuentra en campaña permanente para regresar a robar, negando responsabilidad de algún tipo. La despolitización de la población ha sido el terreno idóneo para que ideologías nocivas que siempre han fallado a lo largo de la historia, como es el caso puntual del socialismo, lleguen a captar las esferas políticas, académicas y culturales. Reinventándose tras cada nuevo fracaso, y lavando el cerebro de las nuevas generaciones sin ningún tipo de remordimiento.

Elevemos nosotros también el nivel de debate en nuestras localidades. No contribuyamos a que siga dándose el adoctrinamiento de cierto sector despolitizado de nuestra sociedad. No huyamos ante la responsabilidad individual de instruirse, pensar y forjar un criterio formado. Critiquemos el populismo y despertemos a nuestro entorno. Que la sociedad informada decida, si desea seguir tropezando con la misma piedra, o acoger las ideas del progreso.

El liberalismo es para aquellas ovejas negras que generan cambios, avances y revoluciones.

Ya es hora de ofrecer una oferta diferencial. Una que sí ha funcionado y que además defiende nuestras libertades fundamentales. Algo inherente a nosotros los humanos, derechos que recién hemos vuelto a valorar tras un encierro forzado sin precedente en este siglo. Vida. Libertad y propiedad. Es simple. Tampoco se necesita dificultar más. Derechos
innegociables y que jamás debemos dar por sentados. Ya que luego será demasiado tarde.

Tomando las palabras de Milei, diciendo: “Soy solo un divulgador”. Dentro de este sentido, necesitamos más divulgadores. Que cuenten con su propia historia, estilo y originalidad. Creyentes de la inviolabilidad de la vida, las libertades fundamentales, el individualismo, la igualdad ante la ley, el libre mercado y la necesidad de un gobierno austero y limitado.
Enfocados en la factibilidad de la aplicación de las ideas, sin caer en fanatismos ni en meras batallas discursivas. Individuos dispuestos a ceder para devolver el poder a los ciudadanos.

“Un gobierno suficientemente grande para darte todo lo que quieres, es también
suficientemente fuerte como para quitarte todo lo que tienes” . Thomas Jefferson

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