Tras la victoria en las elecciones intermedias, el presidente argentino disfruta de un nuevo impulso político y económico. Los ajustes cambiarios y las reformas en el Congreso marcan un giro pragmático, pero la persistente inflación y el desempleo pondrán a prueba su capacidad para consolidar un círculo virtuoso antes de que se agote el crédito de los votantes y los mercados.

El próximo trimestre definirá el resto de la administración de Javier Milei. El presidente disfruta de una segunda luna de miel política tras su inesperada y contundente victoria en las elecciones intermedias de octubre, y tanto los argentinos como los inversores le están dando un nuevo impulso, que ahora debe convertir en un programa político y económico más sólido. Y necesita puntuar.
Esta semana, el equipo económico de Milei dio un paso importante en esa dirección. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, anunció ajustes al régimen cambiario. La esencia del cambio, que requerirá medidas de seguimiento, es menos importante que el reconocimiento de que el esquema necesitaba cambios. Es una buena señal.
Como cualquier entrenador, Milei no quiere alterar una fórmula ganadora. Ganó las elecciones intermedias gracias a la baja de la inflación, incluso si los precios al consumidor llevan seis meses consecutivos en aumento. Los argentinos ven un salto del 1,5 % en mayo al 2,5 % en noviembre como estabilidad, cuando se viene de tasas mensuales de dos dígitos, como se vio durante la transición entre el gobierno del expresidente Alberto Fernández y la llegada de Milei a finales de 2023. El presidente no lo dice, pero sabe que la fortaleza del peso ha sido un factor clave para la estabilidad general de precios.
[¿Argentina está preparada para el debate sobre la flotación del dólar?]
— Visión Liberal (@vision_liberal) December 19, 2025
En respuesta a las declaraciones de Luis Caputo, un análisis que aclara los conceptos de régimen cambiario, explica por qué ningún banco central responsable permite una depreciación ilimitada de su moneda y… pic.twitter.com/ccdc3jIIaX
La decisión de acelerar la devaluación de la moneda argentina dentro de las bandas de flotación abre la puerta a un peso más débil que, a su vez, debería permitir al Banco Central comenzar a acumular reservas internacionales. La disyuntiva para Milei era clara: lograr una inflación cercana a cero a corto plazo para los argentinos o complacer al FMI y a los inversores extranjeros, quienes creen que la economía necesita más dólares en el Banco Central para ser sostenible a mediano y largo plazo. Parece estar optando por esta última opción.
Milei está acostumbrado a salirse con la suya nadando contra la corriente de economistas que, de izquierda a derecha, han criticado ciertos aspectos de su programa. Es un lobo solitario que cree poder desafiar la gravedad de la economía argentina tal como la conocemos hasta ahora; su misión, en su opinión, es revolucionarla. Pero no está loco: ante el precipicio en vísperas de las elecciones intermedias, Milei buscó un salvavidas del Tesoro estadounidense de Donald Trump. Pero todos saben que ese apoyo no será infinito.
Libertario, pero no un libertario, como le gusta decir, Milei parece haber optado por la seguridad en lugar del riesgo para la nueva etapa de su administración. Es una buena decisión.

Lo mismo aplica a la política. Según la mayoría, el partido gobernante está en la posición perfecta para llevar a cabo en el Congreso muchas de las cosas que Milei no pudo hacer en sus primeros dos años de mandato. Es decir, aprobar leyes. Corre el riesgo de dejarse llevar por este buen momento: el proyecto de ley de Presupuesto que el Congreso comenzó a debatir esta semana es tan falso como la falta de presupuesto, como le ocurrió a Milei en sus primeros dos años de mandato. Anticipa que la inflación anual se reducirá drásticamente a menos de un tercio de lo actual (al 10 %) y que la economía crecerá otro cinco por ciento en 2026. También proclama que el tipo de cambio será de 1423 pesos por dólar estadounidense, más bajo que el actual.
El tema más delicado es el proyecto de ley de reforma laboral de Milei, que ataca al núcleo del movimiento sindical organizado argentino, históricamente peronista. Es una maniobra clásica en la política nacional: debatir reformas laborales cuando la actividad económica está en declive. No es una decisión inteligente. La cámara de empresas manufactureras UIA, por ejemplo, informó esta semana que solo en los primeros nueve meses de 2025, el sector perdió 21.190 empleos. Cabe destacar que incluso sectores estrella como la energía y la minería reportaron pérdidas de alrededor de 7.000 empleos durante el último año. Los sindicatos lucharán, pero su capacidad de acción es limitada. Algunas reformas podrían aprobarse, pero la situación del empleo no cambiará si la economía no se recupera.
La mayoría de las decisiones son buenas, pero la inflación persistente y el bajo empleo conforman una combinación compleja para los próximos meses. Milei necesita reforzar el círculo virtuoso que inauguró tras las elecciones intermedias. Aprobar leyes es crucial, pero no se trata solo de aprobación; impulsar cambios con mayorías amplias y convincentes también es un factor relevante.
El campo está abierto para Milei, sobre todo mientras la oposición peronista sigue rascándose la cabeza y pierde el tiempo intentando extraer significado de las publicaciones en redes sociales de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, recordando la grandeza de sus gobiernos. Al parecer, terminaron hace más de una década, porque el periodo 2019-2023 no parece contar.



