Ayn Rand, el parásito espiritual y el bronce que brilla sobre el barro

Detectando al parásito espiritual: el monumento público de Néstor Kirchner

Sobre la sangre, los huesos y los escombros, aparece el Néstor Kirchner de bronce, el monumento del tirano buscador de prestigio que posa saludando al vacío sin estrellas que se eleva sobre él, indiferente, y a los individuos subyugados que se arrastran en el desolado terreno de iniciativas frustradas, que se presentan frente a él, sufriendo.


Ayn Rand nos advirtió sobre el parásito espiritual como aquél ser con una “falsa ilusión de grandeza”, la cual “deriva del poder de disponer de aquello que no ha ganado y de la mística imagen de sí mismo como la encarnación de la voz del “público“”. (1)

Vale decir, alguien que fraudulentamente se proyecta como impresionante, icónico, heroico, admirable, loable, a través de coaccionar a quienes tiene bajo su mando para que le construyan una imagen ajustada a sus delirios o megalomanía.

Y también podríamos incluir a los discípulos del líder, que toman su imagen para transformarla en símbolo de reverencia, y la utilizan para justificarse como los herederos de su legado y los portadores de la palabra autorizada e interpretación fiel de sus presuntas obras magnánimas.

Pero como explica Ayn Rand, cuando hablamos de grandeza verdadera hablamos de individuos productivos que han sabido pensar y materializar de modo racional, y cuyos resultados privados sirven a sus intereses y al beneficio personal de la gente. No nos referimos a bandoleros, usurpadores y subyugadores que se atribuyen logros del esfuerzo ajeno, y que desembocan en homenajes públicos personalistas, vacíos o inservibles.

En sus palabras:

La grandeza se logra a través del esfuerzo productivo de la mente de un hombre en la prosecución de metas racionales y claramente definidas. Pero una falsa ilusión de grandeza sólo puede ser alimentada por la cambiante e indefinible quimera de un monumento público, que se presenta como un magnífico regalo a las víctimas que tuvieron que pagar por él con su trabajo forzado o con el dinero que se les ha arrebatado por medio de la extorsión, que se dedica al servicio de todos y de nadie, que pertenece a todos y a ninguno, que todos admiran pero nadie disfruta (2)


A la vacuidad en la cabeza del dirigente demandante de adulación -que responde a la ausencia de metas racionales, mérito personal y orgullo productivo- se la intenta llenar con homenajes a lo inmerecido, lo no ganado, incluso lo mentiroso y artificialmente edulcorado.

Y tal celebración bien vale el sacrificio de quienes se han visto forzados a financiarla y trabajar por ella:
Ésta es la única manera que tiene el dirigente de calmar su obsesión: el “prestigio”. Prestigio… ¿a los ojos de quién? De cualquiera. A los ojos de sus víctimas torturadas, de los mendigos que recorren las calles de su país, de su corte de aduladores, de las tribus de extranjeros y de sus dirigentes allende sus fronteras.

Para impresionar a todos esos ojos, los ojos de todos y de nadie, se ha vertido y gastado la sangre de generaciones de hombres sojuzgados (3)

Ayn Rand escribió pensando en los tiranos del pasado y el socialismo de su tiempo. Pero su contenido se sostiene frente al socialismo del siglo XXI y el populismo latinoamericano. Fijémonos en lo sucedido en Argentina, donde podemos detectar el parasitismo espiritual a través de un monumento público.

En el décimo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, se inauguró, en el Centro Cultural Kirchner, el monumento de Néstor Kirchner (el recurso personalista no envejece para los populistas).

Con un discurso apelando a la emocionalidad y lágrimas en los ojos, el presidente Alberto Fernández habló de los sueños de Kirchner, pidió que lo acompañe siempre, y prometió cumplir lo anunciado en campaña que va en consonancia con el legado de su referente.

En concreto, fue una reivindicación de la figura de Kirchner y un compromiso de profundizar su visión para Argentina y Latinoamérica.

Los hechos indican que Néstor Kirchner no es digno de homenajes. Fue un político corrupto, tránsfuga, matón y protector de asesinos. Bajo su gobierno hubo muertes “sospechosas” o directamente atribuibles al poder (desde el periodista con información comprometedora Juan Castro hasta las provocadas por violencia institucional) y desapariciones no esclarecidas.

Su muerte prematura fue una excusa que inescrupulosos y sentimentalistas aprovecharon para lavar su imagen, pero la contundencia de los hechos no se obstaculiza por un falso relato de alabanzas. El derrotero de su monumento evidencia en parte lo que trascendió sobre su legado corrupto. Se exhibía en el edificio de la UNASUR en Quito como donación del gobierno kirchnerista por haber sido el primer secretario general del organismo -donación que se estima le costó al contribuyente argentino 114.000 dólares americanos-. Pero tras casi cinco años de saludar al vacío, y por el estado de público conocimiento que tomó el prontuario del Kirchner original, el presidente de Ecuador Lenín Moreno afirmó que el fallecido dirigente no representaba los valores de los pueblos sudamericanos, la asamblea nacional ecuatoriana aprobó la resolución de removerla, y el Kirchner de bronce se fue a descansar a un depósito.

Valga la aclaración -como si hiciera falta- que más allá de lo apropiado en la medida de remoción de un monumento a una persona despreciable y vil, no hay que entrar en el juego hipócrita de los políticos, muchos de los cuales no condenan realmente la corrupción, sino que intentan separar su imagen personal de ella, y continúan practicando la propia mientras denuncian la ajena.

Sea como sea, la estatua fue retirada. Pero retirada no podía humillar a sus víctimas ni servir como imagen a los herederos. Para ser útil a los relatos fantasiosos y epopeyas truchas, debía lucirse nuevamente en un lugar donde recuperase su simbolismo.
Es por eso que, tras su regreso al poder, el kirchnerismo repatrió el monumento y ahora lo luce en el CCK. Los parásitos espirituales necesitan dosis de grandeza ficticia, recobrar prestigio, trastocar la historia para que los beneficie a expensas de los demás, continuar apuntándose los logros de otros, y hacer pasar los fallos propios como aciertos inigualables. La estatua de Néstor Kirchner les sirve de garantía frente a las mentalidades místicas e irracionales que crían y multiplican.

Concluye Ayn Rand sobre los monumentos del socialismo:

Cuando se considere la devastación mundial provocada por el socialismo, el mar de sangre y los millones de víctimas, recuérdese que no fueron sacrificadas por el “bien de la humanidad”, ni por un “noble ideal”, sino por la enconada vanidad de algún bruto asustado o de algún pretencioso mediocre que buscaba obtener un manto de “grandeza” inmerecida. El monumento al socialismo es una pirámide de fábricas públicas, teatros públicos y parques públicos, erigidos sobre cadáveres humanos y en cuya cima se halla la figura del dictador, que posa golpeándose el pecho y clamando por “prestigio” al
vacío sin estrellas que se eleva sobre él, indiferente. (4)

Concluimos nosotros sobre el monumento de Néstor Kirchner: Cuando se considere la devastación continental provocada por el socialismo del siglo XXI y el populismo, sus crímenes sanguinarios y los millones de víctimas, recuérdese que no fueron sacrificadas por un “noble ideal” de “Latinoamérica unida”. Cuando se considere la destrucción de la Argentina, recuérdese que las personas buenas, honestas y productivas no fueron sacrificadas por un “noble ideal” de “país más inclusivo”.

Todos fueron sacrificados por la enconada vanidad de un bruto asustado o un pretencioso mediocre que deseaba la grandeza inmerecida, como Néstor Kirchner, y como sus seguidores de hoy que continúan mitificando su
imagen. El monumento a Néstor Kirchner es una celebración de familias destruidas, delincuencia bendecida, asesinos premiados, fábricas cerradas, PYMES fundidas, extranjeros discriminados, decencia pulverizada e historia reemplazada por relatos ideológicos partidarios.

Una estatua erigida sobre cadáveres de pobres condenados a la marginalidad, muertos por desnutrición infantil, desaparecidos por motivos políticos y por brutalidades de gobiernos provinciales oficialistas no investigadas, fallecidos por accidentes en trasportes públicos atribuibles a la corrupción y mala administración de gobierno y mercantilistas cómplices, y trabajadores de toda la vida enfermos por la pérdida de su poder adquisitivo y la desintegración de su vida inmersa en una pocilga del tercer mundo.

Sobre la sangre, los huesos y los escombros, aparece el Néstor Kirchner de bronce, el monumento del tirano buscador de prestigio que posa saludando al vacío sin estrellas que se eleva sobre él, indiferente, y a los individuos subyugados que se arrastran en el desolado terreno de iniciativas frustradas, que se presentan frente a él, sufriendo.

Referencias

1 Rand, Ayn; La virtud del egoísmo, Grito Sagrado, Buenos Aires, 2007, p. 127
2 Ibídem, p. 128
3 Ibídem4 Ibídem, p. 131

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