Atención, liberales: la pandemia refleja la diferencia entre Estado limitado y gobierno incompetente

Por Tom G. Palmer *. Los grandes eventos siempre presentan ocasiones para confirmar los sesgos. Esta pandemia no es distinta. El propagandista del Partido Comunista de China, Dong Yuzhen, concluyó que “Las ventajas del sistema chino una vez más han quedado demostradas desde el brote del coronavirus”. La congresista estadounidense Alexandra Ocasio-Cortez concluyó que la pandemia mostraba que “ahora necesitamos tanto una moratoria de la deuda y una renta básica universal”. Entonces, ¿debería yo, como un liberal de mercados libres, concluir que la pandemia demuestra que necesitamos mercados más libres?

Depende de la evidencia. Para todos, esta debería ser una oportunidad para reflexionar acerca de qué papel debería jugar el Estado y cuál no.

Estoy a favor del gobierno limitado.

Entre las funciones de un gobierno limitado se encuentra la protección de la salud pública, esto es, las amenazas a la salud que tienen grandes efectos colaterales. En el caso actual, se trata de una enfermedad peligrosa y contagiosa. Tener un papel legítimo no significa, sin embargo, que debieran suprimirse las respuestas voluntarias de la sociedad civil. En Alemania y Corea del Sur, para tomar como ejemplo dos países con democracias liberales, las pruebas estuvieron disponibles en enero y fueron producidas a nivel masivo por empresas privadas.

La administración Trump en EE.UU. adoptó la estrategia socialista-autoritaria cuando la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA, por sus siglas en inglés) se negó a admitir pruebas extranjeras y otorgó un monopolio a otra agencia estatal, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), que luego procedió a fabricar y distribuir pruebas que estaban contaminadas y, por ende, fueron inútiles. Según la doctora Anne Schuchat de los CDC, no pensaban que “necesitábamos las pruebas de otros”. No fue hasta el 29 de febrero que la FDA finalmente permitió que los laboratorios no estatales empezaran a realizar pruebas. Eso nos costó tiempo y vidas. Vimos en EE.UU. una mezcla de monopolización, supresión deliberada del sector privado, e incompetencia a una escala masiva.

Ahora bien, ¿quién tiene la culpa? ¿Las empresas privadas a las que no se les permitió producir pruebas, o las agencias estatales que las monopolizaron y luego produjeron unas que fueron inútiles? Algunos podrán encontrar que esa es una pregunta difícil de responder.

Lo que se nos ha recordado a liberales como yo –y es un recordatorio importante para quienes trabajan para limitar el poder estatal– es que un Estado limitado necesita ser distinguido de un estado incompetente.

El Estado debería realizar sus funciones legítimas de manera efectiva y eficiente, y no ir más allá. Estar a favor de un Estado limitado no es lo mismo que ser “antiestado”.

También se nos recuerda que, cuando el Estado aumenta la deuda de manera masiva (un billón de dólares aquí, un billón allá, como el senador estadounidense Everett Dirksen dijo años atrás, “y relativamente pronto estás hablando de dinero verdadero”), se dificulta lidiar con las crisis reales. El gobierno holandés pasó años reduciendo el gasto público para disminuir la deuda pública hasta llegar a tener una deuda de cerca del 50 % del PIB. Eso los dejó en una mejor forma para abordar la pandemia que, por ejemplo, la muy endeudada Italia, como el primer ministro Rutte le recordó al pueblo holandés cuando azotó la pandemia.

También hemos visto que los gobiernos en muchos países –como una medida de emergencia para salvar vidas– han eliminado viejas restricciones al comercio. Resulta que eliminarlas de hecho salva vidas.

Nunca fueron necesarias en primer lugar (el Competitive Enterprise Institute basado en EE.UU. ha promovido el hashtag #neverneeded para describir las restricciones sobre la telemedicina, sobre las licencias que prohíben que doctores y enfermeras trabajen en los focos calientes, sobre papeleos sinsentido que detuvieron la producción de mascarillas y respiradores N95, y así sucesivamente).

Ha habido respuestas a la pandemia que dependen de un Estado y empresas privadas eficientes y ha habido respuestas que han suprimido a la empresa privada y dado rienda suelta a estados incompetentes. Como liberal, prefiero lo anterior. No encuentro evidencia alguna de que el socialismo, la abolición de la economía de mercado, los sistemas de salud con monopolios estatales, el proteccionismo, u otros esquemas hubiesen mejorado la situación.

Un tema es de gran importancia en particular: la libertad de comercio y de viajar. Los activistas antiliberales de distintas vertientes, tanto en la izquierda como en la derecha, han argumentado que es hora de librarse del comercio y los viajes a nivel global.

Señalan que los contagios se dan más rápido cuando el comercio y los viajes son más libres. Eso es cierto. Al mismo tiempo, somos mucho, mucho más ricos y mucho, mucho más capaces de responder a este tipo de enfermedades contagiosas debido a que el comercio y los viajes han sido considerablemente liberados alrededor de gran parte del mundo durante las últimas décadas. De hecho, la actual tendencia hacia restringir el comercio y hacia romper las cadenas de suministro, si no se detiene, casi seguramente matará más personas que aquellas que morirían debido al nuevo coronavirus. Como dijo el director del Programa de Alimentos de las Naciones Unidas al Consejo de Seguridad, debido a las crecientes disrupciones y restricciones sobre el comercio “También hay un peligro real de que potencialmente más personas mueran del impacto económico del COVID-19 que del mismo virus”.

La droga de las barreras comerciales ¿mejoraría eso? No, lo que se requiere para evitar la privación y la hambruna es la receta liberal del libre comercio. La pandemia nos recuerda a los liberales la diferencia entre un Estado limitado y un gobierno incompetente, pero debería fortalecer nuestra creencia en la superioridad de la democracia liberal sobre el autoritarismo y de los mercados libres sobre la monopolización estatal.

*Es vicepresidente ejecutivo de programas internacionales en Atlas Network y académico titular del Instituto Cato. Artículo publicado en El Universo

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